Los países no tan idílicos

Santiago Alonso 


En El idealista (2015), un interesante docudrama danés que reconstruye la investigación periodística sobre el accidente nuclear de 1968 en la base estadounidense de Thule (Groenlandia) y la fatal exposición radiactiva a la que se vieron sometidos los trabajadores del lugar, la novia española del reportero protagonista compara los hechos con los sucesos de Palomares. Él considera que son casos distintos, porque en aquella época estaba Franco y las dictaduras ocultan las verdades, algo que no puede concebirse en una democracia como Dinamarca. Y ella responde que tanto él como sus compatriotas son algo ingenuos, ya que han nacido en una sociedad que no cree en el mal, un pequeño rincón idílico donde sus ciudadanos creen estar protegidos. Cinco años después, en su siguiente largometraje, la directora Christina Rosendahl vuelve a insistir más o menos en el mismo tema, la cara y la cruz de su país natal, haciendo un salto atrás, hasta los años de la Segunda Guerra Mundial y la ocupación alemana, al tiempo que explica, precisamente, por qué la primera potencia de Occidente tiene puestos militares en el territorio helado dependiente del Reino de Dinamarca.

The Good Traitor, título inequívoco donde los haya, es de esa clase de relatos biográficos, que ahora tanto se estilan, en los que se intenta hacer justicia, o poner de relieve con propiedad, ciertas figuras del pasado. En este caso, se trata de Henrik Kauffmann, el embajador de su país en Estados Unidos durante el conflicto, quien, desde la distancia y «traicionando» los interesantes daneses, se unió a la causa aliada contra el nazismo y en defensa de la democracia. Es decir, su actitud general —una extralimitación en sus funciones que le llevó, por ejemplo, a ofrecer el territorio de Groenlandia a Roosevelt— se contrapuso a la del gobierno colaboracionista. La propuesta no especialmente original de Rosendahl es conjuntar la trama política con los problemas de Kauffman en su matrimonio, y el resultado apenas consigue salir de lo rutinario. La directora parece encontrarse tan a gusto en lo fácil y menos problemático que descuida del todo una explicación consistente de las posibles dudas en torno a la muerte del diplomático dos décadas después, que es como empieza el filme, y la extraña intervención de su mujer en ella. Eso en cuanto al relato conyugal, porque en lo referente al apartado crítico, el señalamiento de que una vez acabada la contienda mundial, al igual que sucedió en otras naciones europeas, la depuración de responsabilidades fue insuficiente o un simple paripé, cuando no algo inexistente, se queda en casi nada. Y ese poco arrojo a la hora de profundizar de veras en la herida es algo que igualmente contribuye a sostener la falsa idea de pequeños rincones idílicos.



 

THE GOOD TRAITOR

Dirección: Christina Rosendahl.

Intérpretes: Ulrich Thomsen, Denise Gough, Zoë Tapper, Burn Gorman.

Género: drama, biografía. Dinamarca, 2020.

Duración: 115 minutos.

 


 

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