¿Listos para la reconversión?

Santiago Alonso


Viendo la dificultad que desde hace décadas tiene una parte del cine español para hablar de España a pesar de y (lo peor de todo) a causa del régimen democrático que se inauguró tras la dictadura, cabe considerar el estreno de El año del descubrimiento una noticia formidable. Porque estamos ante un largometraje tan conscientemente político como ambicioso en sus propósitos, pero sobre todo útil. Nos reconcilia un poco con el cine hecho aquí, aunque no tanto con la idea que tenemos de nosotros mismos como país, ya que si hay una verdad incómoda que evidencian sus 200 minutos es la incapacidad para la memoria que define nuestra historia.

Últimamente han surgido algunos cineastas muy distintos entre sí (Alberto Rodríguez, Pilar Palomero o María Cañas) que se han fijado, desde una perspectiva muy crítica, en la modernidad no tan civilizada (ni alejada de las sombras del pasado) que se respiraba durante los fastos del año 1992, cuando nos colaron la engañosa promesa de reconvertirnos en potencia. Y eso mismo plantea ahora Luis López Carrasco llevándonos a Cartagena, un escenario en principio sorprendente, si bien queda absolutamente justificada la pertinencia de su elección. Según ha declarado el director en varias entrevistas, la cinta empezó a fraguarse cuando constató que había desaparecido del relato oficial un hecho tan impactante como la quema en el ínclito 1992 del Parlamento Autonómico de Murcia por parte de los huelguistas. ¿Alguien dijo huelguistas? Aquí va otro «descubrimiento» para olvidadizos y gente que era muy joven por entonces o no había nacido todavía: como en otros muchos sitios del territorio español, en esa zona se desmanteló el tejido industrial, concretamente los sectores naval, minero y químico. Fueron tres meses de tensión en las fábricas, los hogares y las calles. El objetivo del documental consiste, entonces, en sacar a la luz esos sucesos intencionadamente velados y señalar el contraste entre la lucha obrera y la alegría que abría los telediarios desde la Expo de Sevilla y los Juegos Olímpicos de Barcelona.

El año del descubrimiento podría pasar por un episodio alargadísimo del programa televisivo Salvados, pero va mucho más allá de dicho formato y sus cualidades lo emparentan con los Informes generales de Pere Portabella, por lo que tienen de documento, e incluso superándolos como planteamiento cinematográfico. Es pasmosa la capacidad que tiene el autor de la cinta para abrirse paso a través de las brumas del pasado y restablecer una línea de continuidad temporal que no solo crea memoria histórica, sino reflexión en el presente, mediante recursos aparentemente muy sencillos pero que esconden una primorosa labor de montaje. Con una pantalla casi siempre dividida en dos, captando el mismo momento desde distintas posiciones —cuando solo hay una toma, uno de los lados se oscurece—, se desgranan los planos de gente que charla o tiene la mirada perdida, las grabaciones en vídeo doméstico de los enfrentamientos callejeros de aquel conflictivo 1992 y algún que otro ingenuo anuncio emitido por entonces.

El rodaje tiene lugar en un bar «de los de toda la vida» entre cafés y cigarrillos, donde se llegan a reunir en varias momentos tres o cuatro decenas de habitantes de Cartagena y La Unión. La cámara va pasando de un grupo a otro, de manera nada invasiva, precisamente porque el efecto conseguido es que la mirada parezca la de cualquier espectador, en lugar de la de López Carrasco. Cuando empiezan las primeras secuencias (el conjunto está grabado en vieja cinta magnética) surge la duda de si se estarán mezclando conversaciones recogidas hace treinta años con otras actuales. Los detalles (euros, la crisis de la última década…) lo aclaran y eso revela finalmente la alquimia fílmica: las imágenes del bar se han obtenido ahora, pero nos abren los ojos al pasado, incluso retrotrayéndonos en un momento concreto a la Guerra Civil. La gente habla de lo que fue una zona republicana castigada por el régimen; de una población obrera que luchó muy duro para salir adelante y que después se sintió estafada y degradada; de una lucha sindical digna de elogio y de una realidad sindical actual puesta en entredicho; de derrotas y frentes muy altas; de jóvenes con un futuro negro, algunos con percepción de clase y otros sin ella…

A partir de la minuciosa y sentida radiografía de aquella revuelta proletaria que devuelve a los espectadores a la realidad de entonces y a la de hoy,  El año del descubrimiento articula dos objetivos: rendir homenaje a quienes la llevaron a cabo y preguntar a los espectadores, sea cual sea su ocupación en la vida, si creen que pertenecen a una sociedad despierta y consecuente o si simplemente asumen lo que cantaba Rosendo en Listos para la reconversión: «Apaga y vámonos / Antes de ayer / Ya nos la clavaron otra vez»; así como lo de: «Ya me dirás cómo te sientes».



 

EL AÑO DEL DESCUBRIMIENTO

Dirección: Luis López Carrasco.

Género: documental. España, Suiza, 2020.

Duración: 200 minutos.

 


 

 

 

 

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