Ilusión y esperanza


Silencio. La primera imagen de La espera es la del silencio, ese que acompaña a la contemplación de iconografías religiosas por parte del que tiene fe, o del que ha perdido la palabra fruto de un impacto emocional donde los ojos tan solo buscan la afonía que precede al llanto. De la oscuridad emergen los pies de un Cristo, y unos devotos labios parecen acercarse a venerarlos mientras de fondo el rostro sufriente de una mujer, Anna (Juliette Binoche), se convierte en la “piedad” encarnada que soporta el dolor de la reciente pérdida.

Piero Messina debuta con este largometraje en el que disecciona el duelo de una madre pausando el tiempo que discurre entre cada una de las distintas etapas que lo componen. Desde el interior de una iglesia comienza el calvario por el que toda persona debe pasar para superar una muerte: negación, enfado, negociación, dolor emocional y aceptación. Messina coloca su cámara en el momento en que el dolor emocional hace su aparición, al igual que esa estela negra que cubre a la procesión de dolientes que, lentamente, se dirigen hacia el altar. Con la llegada de Jeanne (Lou de Laâge) las fases del duelo se interrumpen para volver a la negación previa al dolor, y con ello se altera el proceso natural que sigue a la pérdida. Ambas mujeres comparten la soledad del que espera, una dilatación del tiempo que se traduce en largos silencios compartidos pero de distinto significado. Mensajes que se lanzan a la nada de un teléfono inservible son las tentativas reiteradas por romper un mutismo que se ha instalado en esta enorme villa. La espera es esperanza pero a la vez negación, contradicción que se traduce en una suerte de sinsentido que, inevitablemente, termina por apoderarse del relato y dificulta la posibilidad de adoptar uno de los dos puntos de vista sobre los que versa el film. El resultado termina siendo un duelo bloqueado de quien no consigue adaptarse emocionalmente a la pérdida. Los esfuerzos por esconder la realidad se traducen en un bloqueo emocional que se trasforma en imágenes que recogen las percepciones ilusorias de una realidad inexistente que acaba desconcertando al espectador.

Las constantes religiosas con las que se inicia la cinta volverán a estar presentes en su tramo final. Penitentes y nazarenos caminan de noche en procesión. Las calles se colman de luces mientras todo sigue envuelto por ese gélido silencio que parece detener los tiempos. La espera abre una ventana al momento exacto en que se ahoga el llanto y se escarcha el resto del mundo. Al igual que le sucede al que espera sin certezas ni convicciones (como el que tiene fe), la realidad que plasma Messina termina abrumando, contaminando de tedio cada relación, momento o situación, limitando la capacidad de disfrute porque, en definitiva, el proceso de esperar se convierte en la mayor de las satisfacciones, sin dejar espacio para la sorpresa, la resolución o la complacencia del alma.


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LA ESPERA

Dirección: Piero Messina.

Intérpretes: Juliette Binoche, Lou de Laâge, Giorgio Colangeli, Domenico Diele.

Género: drama. Italia, 2015

Duración: 100 minutos.

 


 

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