Pensamientos sorpresivos de sexo duro

Santiago Alonso 


Una joven de veintipocos años, visiblemente atribulada y que carga una pesada mochila, espera el autobús en una desapacible área de servicio escocesa. De fondo musical a esta huida, que pronto se va a revelar tan geográfica como existencial, suena I’m Not Like Everybody Else de los Kinks (la versión de 1966 cantada por Dave Davies, no la de los noventa con la voz principal de Ray y popularizada por Los Soprano), mientras el discurso en off de la protagonista expone sin preámbulos el conflicto de Pure. No, Marnie no es como los demás. Arrastra un problema desde hace tiempo. En ocasiones ve gente desnuda, familiares y amigos que practican sexo de manera desaforada y grotesca. Son destellos visuales que merman seriamente la estabilidad psíquica de la chica, pues suponen un desafío a su identidad. Durante el prólogo también hay una buena ración de esas imágenes mentales, cuyo feísmo sirve para fijar muy bien el tratamiento general de la narración y despejar las dudas. La premisa no va a derivar en chistes facilones sobre tetas y mamadas.

Basadas en una novela autobiográfica de Rose Cartwright, las desventuras del personaje en Londres sirven para explicarle al espectador qué son los pensamientos intrusivos negativos, aquellas imágenes o ideas desagradables que llegan espontáneamente a la mente, cuando se enmarcan en un cuadro clínico de trastorno obsesivo compulsivo (TOC). Pese a publicitarse como una comedia dramática y a que su fluidez narrativa la aleje de los tonos graves, la serie, que consta de seis episodios con una duración aproximada de media hora cada uno, deja muy poco margen a los momentos distendidos: en el retrato de Marnie priman el dolor y la angustia. Parece que Pure trata el tema con rigor —algo nada habitual cuando las ficciones se ocupan de ciertos trastornos mentales y analizan cómo lidian con ellos quienes los padecen—, deteniéndose en la herida íntima o describiendo distintas fases experimentadas por los afectados: la confusión, el descubrimiento y la asunción de saber qué pasa o los intentos por convivir con el desorden en cuestión.

Pure comparte un poco, eso sí, el mismo problema que padece mucha producción serial planetaria, no otro que el de amoldarse demasiado a una esquema férreo de división en capítulos y orquestar el fin de la temporada sin saber muy bien si continuará el programa o lo cancelarán. Quitando los momentos musicales y varias secuencias, el material podría reducirse a una estupenda cinta de dos horas. En cualquier caso, la inteligencia de quienes la han hecho brilla durante varios momentos. Aun mostrando su chispa y su desenfado, no se fuerza que la protagonista, a quien interpreta Charlie Clive —una actriz que, tal y como ha hecho Cartwright, también ha acercado cuestiones personales peliagudas a su trabajo, al llevar a las tablas hace años una pieza sobre el tumor cerebral del que fue operada— caiga particularmente bien al público. Y resulta muy acertado ese aire un pelín cercano al Mike Leigh menos tremendista, donde los secundarios reunidos alrededor de Marnie, sin tener TOC, deben asimismo solucionar serias cuestiones concernientes a su identidad.


Puedes ver la serie PURE en Filmin



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