Santiago Alonso 


«Ah, ¿a ti te gustan las películas de miedo?». Es muy probable que los aficionados a ese género estemos familiarizados con la pregunta por haberla escuchado más de una, más de dos y más de tres veces en nuestra vida. Antes de responder al interlocutor que no nos conoce lo suficiente todavía, casi siempre sabemos ya, por la entonación o un leve gesto, si hay un deje de sorpresa positiva y, que comparte gustos, o si por el contrario le ha asaltado un sentimiento de extrañeza, cuando no de incomprensión. El peculiar señalamiento tiene mucho que ver seguramente con las características de la recepción del cine de terror, que lo diferencian de otros géneros. La primera, que viene asociado con una suerte de ritualidad, ya sea individual o colectiva, que a menudo procede de un momento primigenio devenido con el tiempo en pasión, mientras que para otros se ha convertido en distanciamiento consciente o simple indiferencia.

No sucede lo mismo con una de vaqueros o una comedia, ni siquiera con un dramón. A diferencia de estas modalidades de ficción, fuente asimismo de deleites e impactos profundos, ver una de miedo por primera vez —lo mismo vale, ampliando el concepto, para una fantasía inquietante o una historia que provoque una desagradable turbación— constituye con frecuencia un rito de paso para muchos niños. Lo pueden atestiguar quienes se hayan criado en cines de barrio y vieron esa película que les asustó tanto y todavía recuerdan; quienes hayan vivido la edad de oro del vídeo doméstico y una tarde bajaron la persiana del salón, cuando los mayores habían salido de casa, y pusieron, pongamos por caso, El exorcista o La profecía; y también quienes rememoren el canguelo que les daba una película que todavía no habían visto pero les contó durante el recreo el privilegiado que sí lo había hecho.

Este cúmulo de circunstancias da pie a la segunda característica que explica la recepción de este género: si a la gente en general le motiva mucho hablar de películas, a los aficionados a las de terror parece que les motiva muchísimo hablar con, digamos, «los suyos»; así como a la tercera característica: entonces, dichos aficionados suelen buscar los ámbitos comunes que se les han reservado, casi siempre en los márgenes, o se han creado ellos mismos. A propósito de esto último, echar un vistazo a ciertas cuestiones de la historia cultural del cine de terror y alrededores resulta sumamente sugerente.

(Antes de continuar, un pequeño inciso: conviene recalcar los conceptos de inquietante y turbio, junto con los contenidos escabrosos y a veces estridentes, así como un poco la idea de lo prohibido, para delimitar el asunto con propiedad, porque la definición de género de terror se queda corta. Dejamos para otro momento una fijación terminológica cuyos límites, en realidad, son muy poco estimulantes. Mayor complicación entrañan sus relaciones con la literatura de terror, un cotejo teórico que desborda el propósito de estas líneas)

Un resumen (demasiado) sucinto del culto

Parece que es durante los años cincuenta cuando por varias cuestiones y casualidades la afición empieza a conformarse en modo particular. No era raro hasta entonces que en Estados Unidos las películas de género filmadas con dos duros se estrenaran en sesiones de medianoche, una asociación que, amén de su componente comercial, reforzaba sin duda un hecho sociológico respecto a las costumbres de los espectadores. Noche igual a miedo, una alianza atemporal. Pero en 1953, debido a un acuerdo clave que pelea el sindicato Screen Actors Guild, sucede algo con una repercusión feliz e insospechada: se favorece la programación de la serie B en los canales de televisión locales. Estos aprovechan para inundar de películas de bajo presupuesto sus parrillas nocturnas. Y de ahí a presentar los títulos antes de la emisión, con la finalidad de atraer a los televidentes, y crear afición hay solo un paso. Inicia el formato el canal KBAC de Los Ángeles con The Vampira Show, presentado por la finlandesa Maila Nurmi surgiendo de las tinieblas con una presencia muy sexi y muy siniestra a la vez (¡y una criminal cintura de avispa!). El modelo se imita rápidamente con mayor o menor parafernalia: primero en el país y después en todo el mundo, hasta bien entrados los años noventa (¿recuerda el lector los programas españoles Noche de lobos y Alucine?). Además, no conviene olvidar que en los cincuenta surge el fenómeno de las revistas especializadas, con la pionera Famous Monster of Filmland del editor y escritor Forrest J Ackerman, que inspiró cabeceras fundamentales posteriores como Cinefantastique, Fangoria o Video Watchdog.

Hay que tener en cuenta que estas manifestaciones se multiplican porque surgen a la par de un imparable renacimiento del género durante aquella década y las dos sucesivas, vivido no solo en Estados Unidos sino en Europa: Reino Unido, Italia y España sobre todo. Es decisivo, además, el hecho de que se abran al mercado internacional los productos rodados en el Viejo Continente, tanto entre países vecinos como dando el salto al otro lado del charco. Mismamente, las salas estadounidenses dedicadas a exhibir el llamado cine de explotación, las llamadas grindhouses, para programar sus características sesiones dobles y triples, o las panzadas que permiten los billetes all night, tienen que nutrirse, aparte de la producción americana, de títulos europeos, a menudo deliciosas baraturas que regalan electrizantes sensaciones a los espectadores.

Entre los años sesenta y setenta nace en Nueva York otro fenómeno clave, esta vez con el componente rebelde tan en boga por aquella época: el cine de culto asociado a las proyecciones nocturnas de películas que surgen fuera de la corriente comercial habitual, pero que el boca a boca y cierta atención por parte de agentes contraculturales convierten en taquillazos alternativos. No es raro que muchos espectadores vuelvan a sacar entrada más de una y dos veces, como si de una liturgia compartida se tratase, para repetir el visionado de títulos tan heterogéneos como El Topo, Invocation of My Demon Brother, El héroe anda suelto, La noche de los muertos vivientes, Viva la muerte, Equinox, Pink Flamingos… Y, rematando el asunto, libros como Midnight Movies (1983) de J. Hoberman y Jonathan Rosenbaum certifican asimismo la atención que la crítica cinematográfica comienza a prestar a estas manifestaciones fílmicas y otras colindantes.

En la década de los ochenta y noventa los videoclubes nutren de pesadillas a las nuevas generaciones de jóvenes —con la ayuda inestimable de alguna corriente censora, como la promovida en Reino Unido, que no sirve sino para alentar el deseo de acercarse al cine prohibido—, al mismo tiempo que se asientan los festivales especializados en cine fantástico (Sitges, Bruselas, Oporto…), consolidando así hasta el día de hoy su primordial función de señalar los derroteros globales que toma el género y promover la apertura a otras sensibilidades fílmicas, verbigracia, las orientales. Y la llegada del nuevo milenio viene marcada por internet, un lugar virtual donde surgieron blogs, portales y foros en torno a los cuales se reunen los apasionados.

Por último, convendría señalar que la percepción del género también ha variado sensiblemente en el ámbito de la crítica del siglo XXI, o al menos una parte de la misma, que se muestra más receptiva a los estrenos y, algo fundamental, a un replanteamiento histórico del cine de terror que vuelve la vista atrás para valorar cintas y autores que en su día no tuvieron reconocimiento.

El pódcast del horror, de lo macabro y de todas esas cosas que se hablan en voz baja

En la actualidad, a muchos hijos de la medianoche cinematográfica les gusta acudir aún a la llamada en las pocas ocasiones que llega una de miedo a las salas. Después, cuentan con los festivales, las plataformas de vídeo bajo demanda, el intercambio cibernético y las primorosas ediciones en deuvedé o Blu-ray, con copias restauradas y jugosos extras, tanto de clásicos como de oscuras gemas. Y, aparte de leer y escribir sobre sus intereses, ¿cómo alimentan la llama del debate y sacian la sed de conocimiento? Por sus características, un medio que cuenta con especial aceptación es el pódcast, pues da alas a los participantes para explayarse a gusto y permite a los oyentes conjugar las dinámicas de la radio con la idea de una biblioteca sonora a la que recurrir con un solo clic cuando quieran adentrarse en cualquier película, filmografía o temática concreta.

Para entender a fondo la idiosincrasia de este formato comunicativo y su vinculación específica con el gusto por el cine fantástico e inquietante —recordemos que el pódcast ha llegado a un sinfín de ámbitos periodísticos y culturales—, nada mejor que acercarnos a uno de los ejemplos señeros en la podcastfera española, el programa Aguas Turbias, especializado en «el horror, lo macabro y todas esas cosas que se hablan en voz baja», tal y como reza su presentación. Capitaneado por Snuff, Salariasa y David, lleva funcionando a toda máquina desde 2014, y este verano de 2020, cuando el sin igual trío calavera remate su sexta temporada, este espacio habrá sobrepasado la cifra de 250 grabaciones alojadas en su espacio del servidor Ivoox.

La columna vertebral de la iniciativa la componen los extensísimos programas bisemanales donde normalmente se suelen tratar dos películas reunidas por un nexo argumental común o estar dirigidas por el mismo director. Desde sangrientas cintas ochenteras para adolescentes hasta imprescindibles del cine nipón fuertecillo; desde interminables y conocidas sagas hasta obras singulares para muy cafeteros; desde lo más selecto del cinema bis italiano y español hasta grandes nombres perteneciente a la historia general del cine (Lynch, Pasolini…). Y así, un nutrido etcétera. A los programas regulares hay que añadir el magacín Aguas Estancadas, donde se repasan noticias y estrenos, las versión veraniega Aguas Turbias Shorts y el valiosísimo espacio El Gabinete del Reverendo Wilson, donde se profundiza en el rescate de rarezas y que presenta el susodicho «religioso», tras el cual se esconde Daniel Rodríguez Sánchez, otro comunicador imprescindible en España para los asuntos de este particular culto.

«Nuestro punto fuerte es que analizamos de manera seria todas esas películas en las que nadie se había parado a pensar», apunta Salariasa reconociendo que también puede considerarse como su punto débil: «Al analizar en profundidad cine, en muchas ocasiones poco conocido en España para el público general, necesitamos más tiempo que un pódcast convencional, lo que puede ser un inconveniente para muchos oyentes que no disponen de tanto tiempo». Dos, tres, cuatro, cinco horas es lo que emplean los tres presentadores para hablar sobre las películas elegidas. Lo hacen con pasión, intensidad, muchísimos datos, risas y algunas cervezas de por medio (o un whisky JB cuando analizan thrillers ultraviolentos italianos). Posiblemente no se lo pongan fácil al principio a quienes estén acostumbrados a escuchar la radio convencional u otros programas de internet; lo mismo podrá decir el crítico y el cinéfilo adusto cuando descubre la extrañísima mezcla entre seriedad y cachondeo destilada por Aguas Turbias, a veces junto con invitados que contribuyen a animar el debate, como los misteriosos Il Dottore o Duvid. He aquí precisamente el gran valor que depara la gran experiencia de aproximarse a estos trabajos radiofónicos con frecuencia jaraneros, pero con repentinos arrebatos de sobriedad: al calor de la conversación, los chicos empiezan a avivar el fuego del entusiasmo y a menudo extraen ideas muy jugosas, como si tiraran del rabo de una cereza (color rojo oscuro, certamente) y se quedaran con esplendidos racimos enteros en la mano.

Snuff, Salariasa y David al habla

Pero para obtener una visión lo suficientemente amplia del fenómeno, como continuación de una manifestación apasionada que viene de largo, como es el gusto por los filmes que nos hicieron temblar y generan una peculiar búsqueda del susto, y de Aguas Turbias en particular, lo juicioso es pasar la palabra a los responsables del programa. Que entren Snuff —tras el seudónimo se esconde un treintañero que no revela su nombre real, aunque a algún invitado despistado se le haya escapado estando en el aire, y que ahora prepara la publicación de su segunda novela—, Salariasa —el enigmático nombre que emplea el cortometrajista y mil cosas más Salvador Arias Sevilla— y David —nombre real de un tipo bastante impudoroso que lo único que no revela es su apellido: ¿a qué se deberá? No se les ha visto todavía disfrazados de Vampira ni les han llamado para presentar un nuevo Noche de lobos, pero, sin duda, nadie hay como ellos para presentar como se debe las fragancias más penetrantes del horror.

 

¿Recordáis vuestra primera experiencia con el cine de terror? ¿Y con qué película os disteis cuenta de que habíais visto algo inquietante que no se identificaba con la normalidad cinematográfica?

SNUFF: La primera película de terror que me obsesionó fue Lecturas diabólicas y ya tuve mi catarsis personal trayéndola al programa. Era muy pequeño, no sé si tendría más de seis años, y el caso es que aquella serie B —que a día de hoy puede ser vista como cutre sin muchos reparos, depende de tu nivel de Compromiso con el Género™—  me aterrorizó, así que reconstruía en mi cabeza una y otra vez las escenas que recordaba, modificándolas y mitificándolas. La escalofriante portada del VHS de Ringu que alquilé me dio la sensación de estar accediendo a algo prohibidísimo. Además no era algo que tuviera «aroma a hermano mayor» como Holocausto Caníbal u otras cintas de esa época, era algo de lo que yo no había oído hablar antes, era algo que yo recogía en primicia.

SALARIASA: No recuerdo especialmente cuál fue mi primera experiencia con el cine de terror porque creo que es la habitual, algún clásico visto a escondidas por la tele seguramente. La que hizo que viera el cine desde un punto de vista no convencional fue Posesión Infernal. Me horrorizó. Formalmente era una mala película de terror. Estaba mal hecha, no daba miedo y había envejecido muy mal frente al cine de terror que yo consumía en aquella época. Pero con el paso de los días el recuerdo de ciertas secuencias y situaciones seguían en mi mente hasta el punto de volver a alquilarla y verla varias veces. Fue la primera vez que estudié un film saliendo de las viejas convenciones de entretenido/aburrido, calidad de las actuaciones, efectos especiales o baremos más convencionales a la hora de juzgar un producto audiovisual.

DAVID: Mis padres en contadas ocasiones censuraban lo que veía en la televisión cuando era pequeño, así que con seis o siete años pude ver dos de las escenas más impactantes del cine de terror. El momento en el que el alien atraviesa el pecho de John Hurt mientras toda la nave disfruta de una comida y el tertuliano al que le revienta la cabeza en Scanners. ¡Vaya dos malas noche pasé! Esas dos escenas me mantuvieron alejado del cine de terror prácticamente hasta mi adolescencia.

¿Cómo empieza a formarse en cada uno la cinefilia en general? ¿Y la cinefilia basada en el culto? Es un término que utilizáis a menudo.

SNUFF: Bastante tarde, como a los veinte años, empiezo a construirme una cultura cinematográfica de una forma más ordenada, en lugar de buscar aquella película con la que obsesionarme y ver decenas de veces. Veo los clásicos y todo lo que se supone que hay que ver. Pero llega un momento en que me canso y me vuelvo a obsesionar, esta vez con películas como Gummo, En el globo plateado, Begotten, Inland Empire… Creo que no tienen mucho que ver entre sí, salvo que sería raro que emitieran cualquiera de ellas un domingo por la tarde. Me topé con la etiqueta de «cine de culto» y pensé que todo el mundo lo estaba haciendo mal, porque ponían la filmografía de Tarantino como cine de culto y eso no podía ser porque sus películas tenían el reconocimiento del público, el de la crítica y el de la cultura pop.

SALARIASA: La cinefilia comienza con las típicas tardes de alquiler en los videoclubs con mis amigos o primos. Esa fue nuestra primera escuela, donde más aprendimos. Allí conoces las típicas películas que la mayoría de los fans del cine de terror consume, muchas de ellas de culto. También coincidió la explosión de foros y de intercambio de películas. Páginas como Abandomoviez, Klowasesinos, Aullidos y demás eran lugares idóneos para descubrir todas aquellas películas que estaban fuera del radar de las salas de cine y de los videoclubs. Así empecé a explorar aquellos filmes que, años más tarde, analizaríamos en el pódcast. Después, cuando vine a Madrid y comencé la carrera de Comunicación Audiovisual, empecé también a conocer obras mucho más artísticas o fuera del entorno hollywoodiense  que se suele consumir. Descubrí que muchas de esas películas, consideradas más arte que industria, tenían bastante relación con aquellas cintas cutres que nos pasábamos por el emule.

DAVID: Creciendo pasé mucho tiempo delante de la televisión, y habiendo nacido en los ochenta, tuve la oportunidad de ver muchas películas. No pretendo ser nostálgico, pero soy de la opinión de que por aquel entonces la mayoría de blockbusters conservaban todavía ciertas señas de autoría. Películas como Robocop, Gremlins o Terminator hicieron que empezara a sentir fascinación por el cine. Pero no fue hasta la adolescencia cuando descubrí Terroríficamente Muertos, y su mezcla de sangre y comedia hicieron que me enamorara del género. Recuerdo intentar replicar la experiencia, tanto esa primera de trauma infantil como la de la película de Sam Raimi con su terror de comedia slapstick, y gracias a eso descubrir películas como La Mosca y Golpe en la Pequeña China.  

Entonces, ¿qué significa para vosotros el concepto de «película de culto»?

SNUFF: Pues retomando la pregunta anterior, creo que la película de culto es aquella que es reivindicada con firmeza por una parte minoritaria del público, o hasta de la crítica, y que, por norma general, no ha supuesto un éxito comercial. Además, creo que puede perder este estatus si la reivindicación minoritaria se convierte en total y hay una especie de redención. Blade Runner para mí sería el ejemplo de esto último.

SALARIASA: Para mí, sería toda aquella obra audiovisual, más allá de su éxito de cara al mercado, que por diversos motivos merece interés o estudio. Puede ser por saltarse las reglas de lo convencional, por transgredir las normas, los estereotipos o, muchas veces, por combinar una serie de elementos que la hace única y especial. En el programa, la constante para referirnos a «culto» es que la película nos apasione y revuelva algo en nuestro interior.

DAVID: Se ha popularizado el calificar de cine de culto a obras por las que un sector del público profesa una devoción prácticamente religiosa.  Me he hartado de escuchar que La Guerra de las Galaxias es una película de culto. Creo que el cine de culto debe poseer una condición de obra marginal. Y desde luego cierto valor subversivo, ya sea en la forma o en su contenido. Voluntaria o involuntariamente. Pero también creo que se define más por su afición que por la obra en sí mismo. El cine de culto son cuatro putos locos con escasas habilidades sociales que encumbran y celebran una película desconocida por el espectador medio, a la que este tacharía de basura infecta si tuviera la oportunidad de verla. El cine de culto es un estado de la mente.

Os planteo una cuestión tal vez polémica para vosotros. ¿Consideráis que la idea «de culto» puede llegar a resultar una etiqueta restrictiva para disfrutar del cine? ¿Pensáis que hay aficionados que se encierran demasiado en su pasión y no saben mirar más allá?

SNUFF: Las etiquetas son útiles para ordenar nuestro conocimiento, para pensar sobre el cine mismo o hasta para divertirnos. Para mí ya es asunto de risa discutir si «Suspiria é un giallo» o no (no, no lo es). Para mí, qué topicazo, lo mejor es ver de todo, sin tener reparo en décadas, géneros o nacionalidades. Tu criterio en cuanto al cine de terror no se va a contaminar porque te veas, yo qué sé, una película de Barbie o la última tontería de la MarvelIgual hasta aprendes algo.

SALARIASA: Es algo que me cuestiono todos los días, y me preocupa de verdad. Muchas veces se utiliza la etiqueta «de culto» para echarse el rollo e ir de cultureta, cuando nosotros defendemos un cine sin prejuicios, donde puede tener cabida el último estreno de la Blumhouse o de A24. Respecto a tu segunda pregunta, sin duda, es un mal muy habitual. A veces nos encerramos en nuestros gustos y no nos permitimos ver más allá ni ver cosas diferentes. Así podemos perdernos películas muy interesantes.

DAVID: Desde luego, creo que es algo habitual en los aficionados a un género en cualquier disciplina. Es frecuente pasar más tiempo discutiendo si tal o cual película pertenecen a tal género o si sus creadores son verdaderos conocedores o amantes de ese género en concreto en vez de estar hablando de la propia película. Y los aficionados al cine de terror suelen ser extremadamente apasionados. Pero también es cierto que parte de este fandom también suele ser el más dispuesto a disfrutar del cine sin prejuicios. Y eso es algo que valoro cada vez más.

¿Cómo le presentaríais vuestro programa al despistado que no os conozca pero sí sea asiduo de la podcastfera?

SNUFF: «Ya te has escuchado unos cuantos pódcast de Regreso al futuro, Star Wars, Tiburón, Los Goonies… ¿no? ¿Te has preguntado alguna vez de qué está hablando toda esta gente?».

SALARIASA: Aguas Turbias no se parece a nada de lo que haya podido escuchar en la podcastfera hasta ahora. Es un programa sobre un cine muy poco convencional, pero no nos pasamos de sesudos. Intentamos que sea divertido tanto para nosotros como para el oyente. Lo mejor de todo es que no nos tomamos en serio nuestros personajes, lo que lo convierte en un programa que mezcla el humor con el culto.

DAVID: No me atrevería a intentar venderle nuestro pódcast a nadie, quiero que seamos un programa de culto.

Y ahora, ¿cómo presentarías Aguas Turbias a un cinéfilo que no se haya interesado hasta ahora por el mundo del pódcast?         

SNUFF: Pues creo que el cinéfilo inquieto encontrará muy poco que le complazca en la televisión, la prensa o las revistas. En internet se encuentra más fácilmente información un poco, un mucho o un muchísimo más especializada. Y los pódcast se abren paso como medio porque son cómodos de escuchar en el transporte público, limpiando, caminando, haciendo deporte o paseando al perro, al contrario que los blogs.

SALARIASA: De la misma manera, pero añadiría que, además, a un cinéfilo le aportamos esos extras de conocimiento, análisis y profundidad a la hora de abordar las obras. Seguro que esa persona acabaría un episodio llevándose algo nuevo, algún dato que desconocía o descubriendo una nueva película o un nuevo autor.

¿Consideráis que a vuestra manera hacéis crítica cinematográfica o solo lanzáis al ciberespacio expresiones gozosas de una cinefilia desaforada? En otras palabras, ¿os consideráis críticos?

SNUFF: Desde siempre hemos querido ser charla de colegas, un poco elevada del suelo a base de preparar los dosieres, y ese espíritu permanece. Creo que la gente no nos escucha buscando críticas, sino más bien compartir la pasión por este otro tipo de cine, pasar un buen rato y, de paso, aprender alguna cosa. Ocasionalmente, podemos tener nuestra parte de crítica cuando hacemos alguna reflexión interesante, pero aunque creo que habrá al menos una por programa, no es el grueso del contenido. La crítica es otra cosa.

SALARIASA: No somos los típicos críticos de cine de toda la vida, como Boyero y compañía, pero sí que tenemos ese punto de escepticismo con todo lo que vemos. No todo vale. Intentamos abordar las películas de esa manera, aunque a veces las pasiones nos jueguen una mala pasada. En definitiva, hacemos una crítica cinematográfica que se cimienta en el análisis de todos los aspectos que componen una obra, pero sin intentar sentar cátedra.

DAVID: No puedo hablar por mis compañeros, pero desde luego yo no me considero un crítico de cine. Soy un tío que disfruta del cine de terror y tiene la suerte de poder compartirlo con otras personas. Y por cierto, tampoco considero a mis compañeros críticos de cine.

En cualquier caso, ¿qué lugar creéis que ocupa ahora este instrumento comunicativo del pódcast? ¿Qué valor propio o diferencia posee frente a las manifestaciones escritas y las audiovisuales?

SNUFF: Nuestro programa en vídeo sería infumable, no somos youtubers, no te pedimos toda tu atención. El pódcast ha heredado aquello de hacer compañía que tenía la radio. Otra ventaja es que puedes echar horas, que el oyente ya se ocupa de repartirse la escucha. No es muy habitual que alguien deje un artículo de un blog a medias y vuelva a él al día siguiente. 

SALARIASA: El concepto de pódcast es complicado por definición: la mayoría de la producción es amateur y suele tratarse de amigos que comparten un buen rato. Sin embargo, cada vez hay más cabida para productos especializados y de calidad. Ofrece mucha más accesibilidad que los medios escritos y audiovisuales. Se puede decir que el pódcast democratiza la radio, aunque tiene la contrapartida de que hay mucha producción y la mayoría no es buena.

DAVID: Si no te importa, me voy a permitir el lujo de comparar primero el podcasting con su enemigo natural: la radio. Y es que a diferencia de un programa de radio, para hacer un pódcast no solo no necesitas prácticamente medios o formación, sino que además te puedes permitir el lujo de no preocuparte de las audiencias. Hablar es algo que pueda hacer la mayoría de la gente, es mucho más fácil que escribir o hacerte youtuber.

¿Cuál es el punto débil del formato?

SNUFF: Hacerlo es muy fácil, lo que hace que haya muchos y haya temas o formatos que ya están copados de oferta. Creo que a estas alturas ya hay que aportar algo o bien muy especializado, o bien con un enfoque distinto, o bien con gente que sea la hostia en lo suyo. O, a ser posible, las tres cosas.

DAVID: El mismo que el punto fuerte. Como cualquiera puede hacerlo, el mercado está inundado de programas que hablan de lo mismo, el estereotipo de «tu programa de cine y series». Hace diez años, cuando el podcasting empezaba a despegar en España, ese tipo de programa podía ser atractivo. A día de hoy, yo personalmente no tengo ganas de escuchar a alguien por enésima vez explicando lo que le ha parecido la última de Star Wars. Pero supongo que no deja de ser un reflejo del panorama del cine actual. La mal llamada cultura friki se ha convertido en una plaga que asola especialmente no solo las redes sociales sino también la podcastfera.

¿Tuvisteis alguna referencia, pódcast o no, a la hora de crear Aguas Turbias? ¿Algún medio o autor que os guste y que sigáis?

SALARIASA: Cuando creamos lo creamos, hace seis años, yo escuchaba muchos, entre ellos estaban Luces en el horizonte, Carne de videoclub, Fase Bonus en el cual di mis primeros pasos en la podcastfera— y muchos más. Sigo de cerca el trabajo de El libro de Tobías, Tiempo de Culto o Campamento Krypton.

DAVID: Uno de mis pódcast preferidos de cine de terror es sin duda Shock Waves, antes Killer POV, de la gente de Blumhouse/Fangoria. En Estados Unidos se lo toman bastante en serio, y en el pódcast este o en el Post Mortem de Mick Garris, el Visitations y el Uncut de Shudder tienes la oportunidad de escuchar a un montón de profesionales del mundillo.

El festival de Sitges es una cita fundamental cada año para vuestro programa, ¿verdad?

SNUFF: Sitges es nuestra meca, porque aparte de poder ver muchas pelis de las que se hablará en nuestro círculo ese año, es un punto de encuentro para nosotros, una oportunidad para «desvirtualizar» o poder reencontrarse con la gente que hemos conocido gracias al programa, sean oyentes, invitados o personas de otros medios. Es la excusa perfecta para celebrar todos juntos el mundillo.

¿Por qué le dais tanta importancia a la música?

SNUFF: Como encargado, normalmente, de seleccionar la música que va a sonar de fondo en el pódcast, aunque en ocasiones me puedo limitar a escoger la banda sonora de la película y otras del compositor, por ejemplo, hay veces que quiero captar el tono de las películas, que muchas veces van emparejada por un tema común y no por un director. Suelo tener bastante claro cuando una película es metal o es rock, o cuando tiene que tener una voz femenina, al margen de lo que suene en su banda sonora original. Me parece divertido que en esta charla de colegas subyazca, de fondo, ese mood que hemos pensado para el programa en cuestión.

Siempre me ha llamado la atención el hecho de que no deis mayor cabida a la ciencia ficción, un género que, si no me equivoco, solo ha aparecido de manera tangencial. Ni tampoco a ciertos títulos clásicos u otros experimentales.

SNUFF: De lo poco que se ha pasado por el pódcast, haciendo memoria, tendríamos La humanidad en peligro, Sucesos en la 4ª fase, Terror en el Espacio y Horizonte final. Cuando lo creamos, tuvimos muy claro lo de que nos íbamos a dedicar al cine «turbio». No de terror, turbio. Creo que la ciencia ficción se basa, en parte, en el asombro, que puede ser un asombro ante lo fantástico, lo maravilloso. Lo turbio más bien produce consternación, asombro por lo grotesco, por lo horrible. Aunque en realidad, no veo por qué no íbamos a poder traer películas como Cuando el destino nos alcance o hasta El planeta de los simios o La fuga de Logan.

SALARIASA: En cuanto a la ciencia ficción, nos encontramos con mucha producción de los años cincuenta y sesenta, décadas que no solemos abordar. Es cierto que para un futuro podríamos darle una pensada porque, personalmente, es un género que me encanta.

DAVID: Lo de los títulos experimentales podríamos discutirlo. Hemos hablado de Iván Zulueta y David Lynch entre otros, y también de Shinya Tsukamoto y Shozin Fukui.

Y lo mismo sucede con la comedia. Para bien, hay mucho humor descarado y desacralizador en lo que grabáis. Y destacáis las partes humorísticas, voluntarias o no, que pueden aparecer en las obras que tratáis. Sin embargo, no tocáis películas donde la comedia sea un elemento básico.

SNUFF: Una cosa que creo que nos pasa a los tres es que no llevamos muy bien la autoconsciencia –y mucho humor deriva en eso– salvo que esté muy bien entendida, como en Scream, que no se olvida de entregar un slasher mientras habla de los slasher. Cosas como The Final Girls o La cabaña en el bosque no van con nosotros. De nuevo, también puede ser que sea por filias personales. Salariasa nos trajo Arsénico por compasión, que la podríamos considerar comedia pura con elemento central turbio… Pues descubrimos que él es el único capaz de disfrutarla.

SALARIASA: Es cierto que es algo que no hemos abordado aún, pero siempre ha estado en nuestros planes… y esta temporada lo vamos a cumplir.

DAVID: Creo que la comedia de terror suele ser menos interesante, quizás porque muchas veces suele ser autorreferencial, especialmente en los últimos años. Pero sí que hemos hablado de unas cuantas películas de Sam Raimi, tanto de la trilogía de Posesión infernal como Darkman o Arrástrame al infierno. También hemos traído al programa en varias ocasiones a Eli Roth, en cuyos trabajos creo que hay bastante comedia.

Lleváis ya seis temporadas en la red. ¿Cuál consideráis que ha sido vuestro mayor logro? ¿Y hay algún programa que recordéis como especialmente meritorio, del que guardéis un buen recuerdo o que, por la razón que sea, lo veáis como vuestro preferido?

SNUFF: Creo que hemos creado comunidad y hemos descubierto que hay mucha gente que vive el cine como nosotros. Hay programas que sencillamente estoy muy contento de haber hecho porque sé que han descubierto a nuestros oyentes películas que a mí me parecen maravillosas y que probablemente no haya tratado en tanta profundidad ningún otro pódcast. Se me vienen a la cabeza No nos libres del mal y Veneno para las hadas. Luego hay programas que creo que pueden ser hasta en cierto modo de referencia. El dedicado a Salò sería uno, gracias al Il Dottore, claro. Los volúmenes dedicados al giallo me gustan porque se ha seguido cierto orden y creo que alguien que llegue de nuevas al subgénero, que de primeras puede ser muy hostil, puede encontrar una entrada en ellos. Los tres siempre recordamos el programa dedicado a la saga Piraña como uno en el que nos reímos muchísimo, por ejemplo, y sin hacer unas reflexiones lapidarias o manejar una información especialmente interesante.

SALARIASA: Nuestro logro, sin duda, ha sido mantener la calidad y la constancia del programa semana tras semana, y seguir explorando y encontrando nuevas películas que analizar. Recuerdo con especial cariño el programa sobre Narciso «Chicho» Ibáñez Serrador, siempre lo he admirado como autor y, en la preparación de este especial, pude descubrir muchas cosas de él que desconocía.

DAVID: Creo que nuestro primer gran logro, si es que se puede llamar así, fue conocer al artista Enrique Marty, que nos invitó a dar una charla sobre Suspiria en el Museo Patio Herreriano de Valladolid. De repente, y de un plumazo, vimos legitimado nuestro trabajo. Ya no éramos algo que existía sólo en internet, sino que había alguien que se tomaba en serio lo que hacíamos —seguramente más que nosotros. Además de conocer a Enrique, que es una maravillosa persona surgida de las tinieblas, ese ciclo también propició mi primer encuentro en vivo con Salariasa. Y, por supuesto, están también todas las personas que hemos podido conocer gracias a Aguas Turbias y que se han convertido en habituales del programa, que no son pocas. El Gabinete del Reverendo Wilson, sin ir más lejos, se ha convertido en una pieza fundamental.

¿Y alguno del que no estéis satisfechos o que volveríais a grabar si pudierais?

SNUFF: Pues aunque sea por completismo, me gustaría añadirle un parche al de Ringu, del que han salido un montón de secuelas y productos desde que lo grabamos: Rings, Sadako vs Kayako, Sadako… no sé si me dejo algo.

SALARIASA: Seguramente alguno de las primeras temporadas que, al estar aún muy verdes no nos salió todo lo bien que podría. Por ejemplo, se me ocurre la saga de Posesión Infernal, unas películas que merecían bastante más profundidad de la que le dimos, especialmente en los dosieres.

DAVID: La trilogía de Posesión Infernal precisamente. Éramos jóvenes e inexpertos. También los programas que tenemos sobre Takashi Miike, tengo la sensación de que nunca conseguimos hacerle justicia.

¿Qué ha significado para cada uno la experiencia de estos años o qué ha aprendido de ella?

SNUFF: Descubrir que se puede amar el cine y, más aún, este tipo de cine, sin caer ni en la pedantería ni en la parodia. Pensaba que no encontraríamos el equilibrio. Me explico un poco más. No nos gusta la corriente de reírse de las películas, de a ver quién trae la película más cutre. Puede que nos hayamos reído de muchas, pero no es nuestra primera intención. Vemos un valor auténtico en este tipo de cine, creemos en él. Esto no quita que también tengamos nuestro punto iconoclasta. No hay nada sagrado y absolutamente todo puede ser objeto de chistes. Estamos hablando de películas y estamos en un pódcast, no en la radio, el cine de serie B no es un asunto vital por importante que pueda ser para nosotros. Y precisamente, por ser importante para nosotros, tratamos de afrontarlo con cachondeo… Como decía, un equilibrio difícil entre la reverencia y la irreverencia. Es posible.

SALARIASA: He descubierto un montón de cine que, de otra manera, nunca me hubiese parado a ver.

DAVID: La oportunidad de conocer a un montón de gente con la que me llevo de puta madre y que me ha enseñado un montón. Pero también he aprendido a ver cine desde las entrañas, dejarme apasionar e intentar ver más allá de las limitaciones de una obra o autor. No creo que se deba valorar una película por la calidad de un conjunto de valores técnicos medibles. Hay películas que simplemente conectan con el espectador, independientemente de que los efectos especiales sean una mierda o el director de foto fuera borracho a trabajar.

¿Algún descubrimiento importante?

SNUFF: Así sin mirar citaría dos españolas que me fliparon: La campana del infierno y El monte de las brujas.

SALARIASA: Muchísimos, demasiados para poder nombrar uno en particular. Hacer Aguas Turbias es, al fin y al cabo, descubrir siempre algo nuevo que, en muchas ocasiones, te remueve por dentro y te hace pensar de otra manera. Cada temporada algo me sorprende.

DAVID: Muchísimos. Poder apreciar y admirar el trabajo de los maestros Lucio Fulci o Sergio Martino, volverme a enamorar del cine de Takashi Miike, Thriller de Bo Arne Vibenius, Sucesos en la Cuarta Fase, No nos libres del Mal, Pánico Antes del Amanecer, Baby Blood y tantas otras películas que me volaron la cabeza.

Seguro que hay decenas de experiencias relacionada con los oyentes o con profesionales del cine. Destacad una… que se pueda contar (o que no se pueda contar, también).

SNUFF: Que nos descubriera un artista como Enrique Marty… No sé, de repente te llama un tío del que no sabes nada pero que es una auténtica celebridad en su campo, que quiere que deis una charla… y acabas en Salamanca proyectando Funny Games, con el público casi pidiendo tu cabeza. Otra muy bonita fue cuando decidimos cerrar la temporada con un especial de slasher español y, moviendo unos pocos hilos, acabamos entrevistando a Pedro L. Barbero, director de Tuno Negro… pero claro, también llevábamos Afterparty y XP3D y pensamos que quedaría feo no tener a los realizadores de éstas. En tiempo récord, moviendo otros pocos hilos, logramos traerles y que hablaran de sus películas. También me divierten mucho la de amistades y enemistades que hay en el mundillo del cine de culto, hay una especie de Juego de Tronos que yo, evidentemente, me tomo a risa.

SALARIASA: Fue en un pequeño festival de Madrid. Snuff y yo estábamos hablando y una chica, oyente del pódcast, se acercó porque reconoció nuestra voz. Ahí nos dimos cuenta, hace ya bastantes años, de que había gente que se ponía nuestro pódcast y lo disfrutaba.

DAVID: Tuvimos la oportunidad de hacer de jurado en cierto festival de cortometrajes de Madrid. Días antes, hablando con Duvid, amigo y compañero de pódcast en La Cola de Escorpión, fantaseábamos con llegar allí como si fuéramos estrellas de rock, adoptando esa actitud de que todo nos daba igual y eso era un evento más al que nos veíamos obligado a asistir. Siguiendo con esa ficción hablamos de llegar borrachos y de la posibilidad de que nos pillaran metiéndonos coca en los lavabos del cine. Total, que nosotros llegamos allí e hicimos de jurado, todo muy correcto y sin mayores incidentes. Pero cuando salimos del cine, ya tomando unas cervezas con los asistentes y participantes, se me acerca uno de los organizadores y me dice en voz baja y con bastante delicadeza: «Oye mira, perdona, yo no voy a juzgar los vicios de cada uno, pero es que me ha llamado el propietario del cine para decirme que os avisara de que no podéis consumir drogas en el cine» y me enseña un tuit de Duvid que decía algo así como: «Esto es una vergüenza, acabo de pillar a los integrantes de Aguas Turbias metiéndose unas rallas en los lavabos del cine». Tuve que explicarle al organizador que había sido una broma, aunque me parece que no se lo acabó de creer. Fue muy divertido.

¿Nuevas ideas o cambios para el futuro? ¿Algún miedo cinematográfico o reto que superar?

SNUFF: Hay un montón de subgéneros que no hemos tratado: el poliziesco, el krimi, el kaiju. Los V-films sólo los hemos bordeado anecdóticamente. Latinoamérica apenas la hemos pisado. Hemos bajado de la década de los sesenta nada más que un par de veces… Los retos y los miedos son los tótems del género. Aún no hemos hecho ni Rojo oscuro ni Suspiria, por ejemplo. Estoy bastante seguro de que algún día Salariasa nos sorprenderá con musicales o alguna aberración por el estilo.

SALARIASA: De momento, seguir con el pódcast semana a semana. Eso ya es un reto con los ritmos de vida que tenemos. Desde hace tiempo ya no existe ningún lugar al que no iríamos, cinematográficamente hablando (exceptuando Marvel que, desafortunadamente, me han vetado). Mi intención es que no nos durmamos en los laureles. Tengo un programa sobre Almodóvar pendiente que, lamentablemente, creo que no saldrá esta temporada. Tampoco hemos abordado la Troma ni hemos seguido con muchos volúmenes, como el de antologías o el de casas encantadas. Antes o después caerán.

DAVID: Evidentemente siempre pienso que lo podríamos hacer mejor, pero después de seis años me conformo con poder seguir haciendo el pódcast. A veces no nos aguantamos entre nosotros, así que me siento afortunado de que no nos hayamos mandado a la mierda todavía. En lo referente a lo cinematográfico, Snuff quiere traer la Trilogía del Apartamento [de Polanski] y a mí me da vértigo. Por otro lado Enrique Marty quiere hacer un programa de Alien y La Cosa y nosotros no somos nadie para decirle que no. Por mi parte me gustaría hablar más de Cronenberg, uno de mis autores preferidos.

Y para acabar, dos preguntas pensando en vuestros admiradores, aunque es difícil que descubran algo nuevo después de que hayáis desnudado vuestras turbias almas a lo largo de tantas entregas… Si no existiera Aguas Turbias, ¿qué sería de vosotros?

SNUFF: Muy buena pregunta. Pues seguramente volcaría alguna otra de mis pasiones en otro pódcast, como hago en Normal Podcast for Normal People con los creepypasta. O les daría salida en otro formato, como la novela o el guion.

SALARIASA: El pódcast es solo una de tantas cosas que hacemos. Es verdad que sin él quizá usaríamos ese tiempo para, por ejemplo, hacer más cortometrajes juntos o simplemente disfrutar de nuestras otras aficiones. El cine es solo uno de los muchos intereses que tengo. 

DAVID: Sin duda tocando la batería, ojalá pudiera dedicarle más tiempo. No sé por qué no dejo Aguas Turbias para dedicarme exclusivamente a tocar la batería, que es mi verdadero amor.

¿Qué película que nunca podríais llevar a Aguas Turbias, por no encajar con sus presupuestos, guarda cada uno de vosotros en su corazón?

SNUFF: Hay películas que, aunque me encantan, creo que no tiene sentido seguir tratando. Ya se han escrito todos los libros, ya se han hecho todos los pódcast. Blade Runner es una de ellas. Luego, por temática, aquí donde me ves soy un gran fan de Tarkovsky y no veo que pueda traer Stalker o Solaris. Y mira, hablando de comedia, Hong Sang-Soo también me gusta mucho y no creo que tenga cabida en Aguas Turbias.

SALARIASA: Mary Poppins sale todas las navidades para el especial [que preparamos], pero sé que nunca la llevaremos al programa aunque tiene uno de los finales más turbios del cine: «Mi padre murió de un ataque de risa […]. La verdad es que murió muy divertido y ha dejado una vacante de consejero. ¡Enhorabuena!». ¿En serio? Si eso no es turbio, nada lo es.

DAVID: Creo que Rescate en Nueva York y Rescate en Los Ángeles nunca se podrían pasar por Aguas Turbias. Me encanta la capacidad que tenía John Carpenter para crear mundos, pero ambas películas, aunque turbias, se alejan bastante del cine de terror. Tampoco Robocop. Por cierto, cada vez que tengo un problema pienso qué haría el agente Murphy en mi lugar. Nunca falla.


Puedes escuchar aquí todos los programas del pódcast AGUAS TURBIAS

Puedes escuchar aquí Especial Programa nº 100 de AGUAS TURBIAS: parte 1 y parte 2

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(Izda. Dcha.) Snuff, David y Salariasa

 

El concepto de autoría para «Aguas Turbias»

SNUFF: Solemos abordar las películas centrándonos en la figura del director. La línea entre el artista y el artesano es cierto que puede ser fina. Aunque hemos traído a indiscutibles autores como Lars von Trier, también se han pasado por el pódcast muchos realizadores que no lo tuvieron «tan fácil» y trabajaron de modo mucho menos libre, con limitaciones presupuestarias diversas, etc. En ocasiones, gente muy modesta, como Mario Bava, que seguramente se consideraría a sí mismo artesano, para mí sería autor. Cuando puedes encontrar al director en producciones muy diversas, cuando sientes una especie de espíritu, una personalidad que se hace notar por encima de modos de trabajo que no son los que más fomentan la creatividad, estamos ante un autor. Hablando de italianos, que es con lo que más cómodo estoy, tenemos el evidente caso de Dario Argento: indiscutible autor, siempre reconocible. Podríamos pasar luego a Lucio Fulci: se puede encontrar al autor aunque no tenga unas ínfulas (ni unos medios) tan evidentes como los de Dario y se encuentra, por ejemplo, una gran voluntad de romper las formas de narrar clásicas o una inutilidad absoluta para contar una historia con sentido, depende de a quién preguntes. Seguimos con Sergio Martino, que sería el más artesano de los tres de este ejemplo. Sencillamente hay que estar más atento: sus modos, mucho menos marcados, también son reconocibles. Pero claro, Uwe Boll también es muy reconocible y se puede sentir su imparable voluntad germana debajo de todos sus… productos. ¿Es un autor? No sabría decir por qué no.

SALARIASA: Normalmente cuando se habla de autoría se suele referir a la dirección —aunque legalmente no sea así. Sin embargo, a mí me gusta pensar más en el concepto de artesano. El director es un artesano que da forma, a través de imágenes, a un guion —no siempre escrito por el director, por tanto, aquí tendríamos otro autor— que no podría desarrollarse sin un equipo que, al final, es quien saca adelante la obra. Por eso, en el programa nos gusta hablar de todos los apartados y no solamente centrarnos en la dirección; nos parece que tienen la misma o, incluso, algunas veces, más relevancia, aunque no siempre se le dé.

DAVID: Como dice siempre mi compañero Salariasa: «Un hombre, un sueño». Si detrás de la obra hay una persona con una idea muy clara de lo que quiere llevar a la pantalla, y esa idea está por encima de los intereses comerciales de la película, es bastante probable que estemos hablando de un autor. Lucio Fulci nunca renunció a su forma de hacer a pesar de que sus películas estaban destinadas a hacer dinero. De la misma manera que Eric Red luchó para que su guion de Carretera al Infierno fuera lo más fiel posible a como él lo había concebido cuando Robert Harmon aceptó dirigir la película.



Agradecimientos a AGUAS TURBIAS por la colaboración y el permiso para usar sus materiales gráficos


 

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