Algún milagro de la primavera

Jesús Cuéllar


En El Peral salvaje, al igual que en Noche de invierno, la anterior película del turco Nuri Bilge Ceylan, late un pulso netamente literario, de honda influencia europea, que convive con un fuerte apego a la tierra turca, a sus ciclos naturales y a la forma de vida sencilla de sus zonas rurales, sacudida por los inevitables cambios históricos. Es un equilibrio difícil, que se plasma en un profundo análisis de los personajes y de sus sentimientos, a través de conversaciones que exigen al espectador un esfuerzo inhabitual de concentración. Ceylan filma a sus personajes manteniendo diálogos largos, profusos, densos, que se erigen en uno de los pilares de la narración, y que muestran relaciones familiares y emocionales complejas, en las que acaba primando en cierto modo el cariño, pero a menudo después de haber tenido que superar todo tipo de rencores y reproches.

En esta nueva obra de Ceylan, Sinan, un joven de la región de Mármara, regresa a su ciudad natal desde Estambul, al acabar de estudiar magisterio y con la intención de publicar su novela autobiográfica (la película se basa en los textos, también autobiográficos, del escritor Akin Aksu). Allí se encuentra con una difícil situación familiar: su padre, un fracasado maestro ludópata, ha arruinado prácticamente a una familia que su madre a duras penas puede mantener. Mientras va de un lado a otro en busca de financiación para publicar su obra, Sinan se va topando con el pasado y el presente de una ciudad que fue suya y que ahora siente ajena: tendrá un desconcertante encuentro con un antiguo amor, conversará tanto con los dos imanes que evidencian formas muy dispares de entender la religión como con un veterano escritor de la zona, y se presentará también a los exámenes de maestro para intentar solucionar su futuro, aunque sea a costa de tener que trasladarse al poco apetecible este del país.

Sinan es arrogante, como pide o excusa la juventud. En su estirpe, representada por ese peral salvaje que da título a la película, parece estar el germen del inconformismo, el de quienes no acaban de encajar en ningún sitio. Y Sinan se muestra intransigente con su padre, con el escritor al que aborda en una librería, con su propia madre, con su hermana y con un mundo que no reacciona a sus necesidades como él quisiera.

Para mostrar este regreso a los orígenes y al fondo de uno mismo, Ceylan ha recurrido, aparte de a los escritos de Aksu, y a citas de Nietzsche, Dostoievski, Ibn Arabi o del místico turco Yunus Erre, a la propia relación con su padre, todo ello plasmado en un guion concienzudamente escrito junto a su esposa Ebru Ceylan. Sin embargo, a pesar de la raigambre literaria del conjunto y del peso del diálogo en la narración cinematográfica, Ceylan consigue otorgar dinamismo a una trama de acontecimientos más íntimos que mundanos. Las conversaciones se inician en cafés o librerías y se desplazan, gracias a una diestra utilización de los planos secuencia, por puentes, desmontes y callejuelas. Además, Ceylan altera en ocasiones nuestra percepción del relato, confundiendo la realidad con el sueño, lo imaginado o temido por los personajes con lo que en verdad ocurre, como durante el tenso enfrentamiento entre el escritor novel y el paciente hombre de letras veterano, o durante la definitiva conversación entre Sinan y su padre Idris, magistralmente interpretado por Murat Cemcir.

Ceylan presenta una Turquía no del todo impregnada por el integrismo gubernamental, más culta y tolerante. Aunque no haya aquí una trama estrictamente política, la conversación con dos imanes sobre el papel de la religión en la vida, la extrañeza de Sinan al ver a su antiguo amor con velo o las alusiones al territorio del Este (el Kurdistán turco) como territorio problemático, al que nadie quiere ir, y que en su día sufrió el terrorismo, hablan de un director pendiente del contexto político-social de sus personajes, tanto como de su evolución interior. Sinan, a quien la vida acabará llevando por derroteros muy distintos a los que se imaginaba, encarna esas contradicciones humanas e históricas, pero también la ardua pero posible reconciliación con uno mismo y con las propias raíces geográficas y familiares. A través de Sinan y de su padre Idris, esos dos perales salvajes, Bilge, como Antonio Machado en su poema «A un olmo seco», parece confiar en «otro milagro de la primavera» que reverdezca árboles recorridos por un «ejército de hormigas en hilera», unos insectos que, desempeñan un interesante papel simbólico en esta notable cinta.


Puedes ver EL PERAL SALVAJE en Filmin



 

EL PERAL SALVAJE

Dirección: Nuri Bilge Ceylan.

Intérpretes: Dogu Demirkol, Murat Cemcir, Hazar Ergüçlü, Bennu Yildirimlar.

Género: drama. Turquía, Macedonia del Norte, Francia, Alemania, Bosnia y Herzegovina, Suecia, Bulgaria, 2018.

Duración: 188 minutos.

 


 

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