Contra el machismo macedonio

Santiago Alonso 


Qué cúmulo de sensaciones contrapuestas suscita Dios es mujer y se llama Petrunya. La mitad son buenas; la otra mitad, malas. Empezando por lo positivo, primero debe alabarse el manifiesto intento crítico de señalar la brecha de género en la vetusta sociedad de Macedonia. Y segundo, es obligatorio resaltar la capacidad de Teona Strugar Mitevska, hasta ahora una realizadora desconocida por estos lares, pese a que con este ya ha dirigido cinco largometrajes, para narrar con la cámara. Una muestra de la fuerza visual de su trabajo la encontramos en la secuencia del gran taller textil. La protagonista —a quien encarna la debutante Zorica Nusheva, cuya interpretación premió el último Festival de Sevilla— ha acudido a regañadientes a una entrevista para el puesto de secretaria. Es historiadora, apenas ha trabajado antes y sabe de entrada que su físico no se amolda a unos absurdos parámetros que la abocan a ser discriminada. El diálogo con el jefe, donde él se burla y termina sobándole la pierna a Petrunya, transcurre en una gran urna de cristal con funciones de despacho y a la que rodean decenas de mesas de costura, dándole pie a Strugar Mitevska a presentar un montaje de miradas y gestos, tanto de los que están dentro como de las trabajadoras de fuera, sumamente enérgico y que revela lo que parece una visión sagaz de un aspecto de la construcción social.

Los problemas de la cinta comienzan más adelante, cuando se desarrolla la narración y vemos que Petrunya se niega a devolver una cruz de la buena suerte que ha cogido durante una fiesta local de índole religiosa y solo abierta a la participación masculina. Algo le empieza a fallar a esta radiografía del patriarcado de la república balcánica, debido a la parsimonia y a una apresurada voluntad de estilo que, minuto a minuto, terminan por neutralizar el propósito de que funcione el drama, la comedia o, sobre todo, la sátira. En cuanto la acción se traslada a la comisaría, Dios es mujer y se llama Petrunya desata su derrumbe. Se acumulan los personajes cuyas reacciones resultan contradictorias e incomprensibles (el cura), el desenfoque generalizado del mensaje al que se quiere llegar, las escenas de teatrillo televisivo sin ningún gancho… Mientras veía el filme, el que teclea estas líneas se preguntaba si igual se estaba perdiendo las claves por desconocimiento de la realidad cultural macedonia.  Y habría deseado tener cerca a una espectadora del país para saber si a ella le llegaba o no lo que la directora estaba contando y denunciando.



 

DIOS ES MUJER Y SE LLAMA PETRUNYA

Directora: Teona Strugar Mitevska.

Intérpretes: Zorica Nusheva, Lavina Mitevska, Suad Begovski, Stefan Vijisic.

Género: drama. Macedonia, Bélgica, Francia, Croacia, Eslovenia, 2019

Duración: 100 minutos.

 


 

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