Raíces muy poco profundas

Santiago Alonso 


Una novela como Intemperie, que se caracteriza por una marcada ausencia de coordenadas espacio-temporales, más allá de dejar claro que la historia transcurre en una España rural y desdichada, abre un campo de acción bastante libre a quien quiera adaptarla, ofreciendo las posibilidades de desarrollar cualquier aire o modalidad narrativa que pueda intuirse entre sus páginas. La versión en tebeo del libro de Jesús Carrasco, que publicó Javi Rey en 2017, estrechaba lazos con una visión trágica similar a la de Las ratas de Miguel Delibes u otros títulos por el estilo. Y, explorando conscientemente otra opción, el director Benito Zambrano, junto con sus guionistas, los hermanos Pablo y Daniel Remón, se ha decantado por darle a la versión cinematográfica una forma muy cercana al wéstern.

Esta primera decisión permite, aparte de dar rienda suelta a toda una iconografía de gente a caballo y otros códigos muy reconocibles de dicho género, llevar con fuerza a la pantalla la sensación de sequedad y hostilidad, de tierra quemada por el sol, que presentaba una obra literaria que hace del paisaje un protagonista más, al lado del niño que huye y el taciturno cabrero que lo protege de sus perseguidores. El tratamiento del áspero espacio y sus dimensiones panorámicas, con una fotografía que plasma una dolorosa luz del día en escenarios semidesérticos, es sin duda lo mejor del largometraje. Después, y tirando hacia tierras sureñas, los adaptadores han decidido situar los hechos en la inmediata posguerra española, algo no precisado en el libro. Es esta, sin embargo, una idea que no termina de aportar nada significativo al conjunto y que se desperdicia porque, desde un punto de vista dramático, el resultado se presenta sorprendentemente plano, casi sin entidad.

La película adolece de un esquematismo más que evidente cuando se trata de pintar a los personajes. Son monolíticos; llegan al desenlace tal cual los conocimos al inicio —habiéndose reiterado sin interés ni gracia la maldad de quien es malo y la bondad de quien es bueno—, por mucho que el cabrero (Luis Tosar) pretenda que su pequeño compañero (Jaime López, el chaval de la excelente Techo y comida) comprenda eso de «tienes toda una vida por delante, no la malgastes odiando», un mensaje cuya elaboración durante el relato resulta más que endeble. Solo con la escena del tullido, un momento híbrido entre el cine del Oeste crepuscular y el de terror campestre, parece que Intemperie cobra algo de vida propia y nos muestra unos comportamientos humanos que no parecen de cartón piedra. La sensación apenas dura: pronto llega la parte final y se intensifica, por contraste, todo lo que ha sido previamente la película. Y de manera menos convincente aún, sobre todo en el intento de emular duelos que han supuesto el clímax de míticas películas de antaño.



 

INTEMPERIE

Dirección: Benito Zambrano.

Intérpretes: Luis Tosar, Jaime López, Luis Callejo, Vicente Romero, Elisa López Pinilla.

Género: drama. España, 2019.

Duración: 103 minutos.

 


 

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