La sombra de Deadpool

Yago Paris


Aunque Michael Bay sea conocido por sus excesos visuales, por sus colosales set pieces de acción y, en lo que ya se ha convertido en un lugar común cuñado, por sus explosiones, lo cierto es que un elemento fundamental de su obra que no se menciona lo suficiente es la comedia. Las interminables discusiones de los protagonistas del tándem Dos policías rebeldes, el ridículo nerdy de Shia Labeouf en la saga Transformers, o la joya de la corona en lo que a humor se refiere, Dolor y dinero, demuestran que la presencia de la comedia en la filmografía de Bay es constante y notoria. Por tanto no debería sorprender que su último filme, 6 en la sombra, se catalogue como una mezcla entre el thriller de espías y la comedia. Sin embargo, la novedad en su último trabajo no es la cantidad de gags, sino su enfoque.

Uno de los mayores valores del cine de Michael Bay reside en su falta de complejos, lo que le permite hacer un tipo de cine que, siendo ultracomercial, responde a los intereses del director, y no a la satisfacción reverencial del público. Sus mensajes ideológicos, siempre radicales y explícitos, se vuelven cada vez más perturbadores a medida que nos adentramos en una era donde la corrección política se malinterpreta desde el mainstream como una suerte de medias tintas donde en el fondo nadie se atreve a decir nada concreto. El cine de Bay es profundamente ofensivo, no solo por el tratamiento de la mujer y el retrato de la masculinidad, sino por su abierta postura belicista y su ataque inmisericorde al concepto de institución democrática. Todas estas ideas aparecen desde sus inicios, a mitad de los años noventa, y lo hacen, en buena medida, como chistes que ridiculizan abiertamente lo que a día de hoy es la escala de valores de nuestra sociedad.

Aunque a primera vista puede que no lo parezca, 6 en la sombra se aleja de dicho modelo de comedia. La cinta basa sus gags en una violencia de desorbitada explicitud. Esto ya se podía localizar en Dolor y dinero, donde no había problemas en mostrar a los protagonistas pasando un cadáver por una picadora. El problema no son, por tanto, los litros de sangre, sino qué se hace con ellos. Mientras en la citada obra el director elaboraba una inusitada (auto)crítica, que reventaba cualquier defensa de lo neoliberal y mostraba a sus habituales héroes como auténticos monstruos del sistema, en su nuevo trabajo todo se queda en el regodeo autoconsciente. Una decisión que puede haber estado condicionada por la presencia principal en el reparto de Ryan Reynolds, el protagonista de Deadpool. El modelo de comedia recuerda sospechosamente a esa película, que alardeaba de una supuesta transgresión por incluir gags relacionados con explosiones de violencia y citas metarreferenciales. Michael Bay ha cambiado un discurso incómodo por otro que juega a serlo pero que jamás le plantea el menor reto al espectador.

A pesar de todo, la propuesta podría seguir siendo una soberbia cinta de acción si el cineasta hubiera mantenido su excelencia en lo referente al plano visual. Absoluto dominador de los ritmos de la narración de flujo cocainómano y maestro de la imagen como caramelo infinito, Michael Bay acostumbra a elaborar un discurso de limitadísimos recursos pero ejecución impecable y atronadora personalidad —bastan 5 segundos de metraje para reconocer su autoría. Sin embargo, en sus dos últimas películas ha optado por la experimentación con otros aspectos de la narración, que han debilitado considerablemente el resultado final. Si en Transformers: el último caballero, su insistencia en usar cámaras IMAX desarticulaba su refulgente narrativa, bautizada por Lisa Purse como «estética rotacional», en 6 en la sombra el peso del dispositivo formal pasa del encuadre y el movimiento de cámara a lo que sucede dentro del fotograma. Una variación que debilita el poder de sus imágenes tanto como lo hace el cambio de modelo de humor con respecto a su capacidad para la provocación ideológica. Y a pesar de todo, todavía se encuentran perlas que merecen ser mencionadas, como cuando decide rodar la captura de un dictador por parte del pueblo enfervorecido con la estética de una cámara de smartphone —al estilo del vídeo real de Gadafi, cuyas imágenes utilizó en el inicio de 13 horas: los soldados secretos de Bengasi—, convirtiendo realidades terribles en frívolo espectáculo. Estén más o menos acertados, mientras existan directores como Michael Bay el blockbuster del siglo XXI podrá brindarnos imágenes que nos hagan pensar.


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6 EN LA SOMBRA

Dirección: Michael Bay.

Reparto: Ryan Reynolds, Mélanie Laurent, Dave Franco, Adria Arjona, Ben Hardy, Manuel García-Rulfo, Corey Hawkins, Lior Raz, Peyman Moaadi.

Género: thriller de espías, comedia. Estados Unidos, 2019.

Duración: 124 minutos.

 


 

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