Irene Bullock


Una sala de cine en los estudios de Cinecittá. En la pantalla se está proyectando una película en blanco y negro de los tiempos gloriosos del actor Jack Andrus (Kirk Douglas) y del director Maurice Kruger (Edward G. Robinson). Los espectadores son varios miembros del equipo de filmación de la nueva película de Kruger, incluido el productor italiano (Mino Doro), y los actores principales de dicha película: una diva italiana (Rosanna Schiaffino) y un joven actor (George Hamilton), rebelde sin causa, en caída libre. Esta secuencia es clave para entender la esencia de Dos semanas en otra ciudad (Two weeks in another town, Estados Unidos, 1962) de Vincente Minnelli.

Tanto Andrus como Kruger no están en su momento más álgido. El glorioso actor se ha convertido en un apestado de Hollywood con problemas psiquiátricos y de alcoholismo. Y el director pasea su decadencia por los estudios italianos intentando continuar su carrera para mantener  el tren de vida al que está acostumbrado mientras lidia con el productor italiano. Curiosamente las secuencias de la película en blanco y negro que están viendo  pertenecen a una película del propio Vincente Minnelli, que rodó diez años antes, Cautivos del mal, y que también trataba sobre el cine dentro del cine. Así que ese momento en la sala de proyecciones es mágico, como una especie de bucle infinito sobre el mismo tema. Ambas películas de Minnelli no eluden las sombras más oscuras de Hollywood, pero también exponen cómo la creatividad en el séptimo arte se convierte en una pasión imposible de extirpar, a pesar de los caminos tortuosos que se recorren.

Y es que Dos semanas en otra ciudad refleja un momento crucial de la historia de Hollywood. El cambio que estaba experimentando la meca del cine durante los sesenta —con la caída del sistema de estudios, la presencia  cada vez más agresiva de la televisión, la inminente   desaparición de la censura en 1967 y la explosión creativa de las nuevas generaciones de cineastas y actores dispuestos a dar otro aire a la meca del cine— hizo que muchas viejas glorias trataran de continuar sus carreras fuera de Los Ángeles; además, los estudios, con su futuro incierto, deseaban abaratar costes y tanto los platós como los profesionales técnicos europeos eran más baratos   y daban nuevas posibilidades de producción.

Es interesante saber que el argumento parte de una novela homónima de Irvin Shaw.  Este autor no ignoraba el mundo de Hollywood, pues él y su hermano David fueron guionistas de varias películas, y conocía a personas en las que inspirarse y los entresijos de la industria del cine. Algo a lo que tampoco Minnelli era ajeno; además este también estaba al tanto de los cambios de Hollywood  y se sentía atraído por la fuerza de las nuevas olas del cine europeo y, en concreto, por la evolución del cine italiano desde el neorrealismo. Dos años antes de la realización de la película de Minnelli, había sido un impacto mundial la Roma en blanco y negro de La Dolce Vita de Fellini, y los ecos de este film se sienten en la paleta de colores que el director estadounidense emplea para Dos semanas en otra ciudad.

 

Histrionismo en vena

A lo largo de su carrera, Minnelli abordó sobre todo  tres géneros: el musical, la comedia y el melodrama. A este último género pertenece Dos semanas en otra ciudad, pero en su vertiente más histriónica, donde todos sus personajes principales están fuera de sus casillas y dos de ellos protagonizan uno de los momentos catárticos más delirantes del melodrama  estadounidense. De hecho, el histrionismo extremo y la circunstancia de que la película, a última hora, no contara con el montaje que hubiese querido su director hacen que esta obra cinematográfica de Minnelli no sea digerible para muchos espectadores y les desconcierte. Sin embargo, el delirio irracional que envuelve toda la historia encierra cierto encanto: es como ver a un director en acción sin freno, que se desmelena sin importarle las consecuencias o que su guion deje o no de tener sentido. No obstante, Minnelli lamentó la mutilación, pues hacía incomprensible el comportamiento de muchos personajes, sobre todo el de Carlotta (Cyd Charisse), la exesposa de Andrus. La forma de actuar de este personaje es totalmente errática e irracional, no se entiende ni su evolución ni ninguna de sus acciones, pero también es cierto que en la vida real hay personas con comportamientos que nunca llegan a entenderse. 

Dos semanas en otra ciudad cuenta cómo Jack Andrus intenta reconstruir su identidad dentro del mundo del cine, un mundo que conoce y ama, aunque también le ha llevado a la destrucción. Y esas dos semanas en Roma le permiten encontrarse con los fantasmas del pasado, es decir, con las dos relaciones tóxicas que le rompieron definitivamente:con su director, también mentor y amigo; y con Carlotta, a quien le gusta andar por la cuerda floja y arrastrar a Andrus siempre hacia el precipicio. Al mismo tiempo, mientras explora un nuevo camino laboral (descubre que tiene cualidades para convertirse en un buen director),se da cuenta del poder curativo de las relaciones «antídoto» junto con  su joven amante italiana y de cómo sus experiencias más oscuras le pueden servir para ayudar a que otros no caigan en ellas (por ejemplo, el joven actor que va camino de convertirse en un nuevo Jack Andrus).

Son tantas las cosas que le ocurren en Roma y tan vertiginoso el camino, que necesita una catarsis brutal para asentarse, recolocar su cabeza y encontrar el ansiado sosiego. Y esa catarsis histérica se produce cuando revive el clímax de su caída en Los Ángeles (un brutal accidente automovilístico) en una orgía en la noche romana… y termina en un coche, alcoholizado perdido, a velocidad máxima y queriendo empotrarse contra un muro. Pero esta vez con Carlotta a su lado…

 

Entre divas, ídolos caídos y orgías 

Y es que Dos semanas en otra ciudad es a la vez todo un tratado sobre las relaciones dañinas, pero también sobre otras más constructivas que permiten el trabajo en equipo y el milagro de la realización de una película. Minnelli refleja las relaciones íntimas de sus personajes y los entresijos del rodaje de la película de Kruger, que está atado por pies y manos con un productor italiano con el que no se entiende.

Por una parte, la película construye una tela de araña donde se enredan sus criaturas con sus emociones exaltadas: como ese matrimonio, formado por  Maurice y Clara Kruger (Claire Trevor), que se ama y se odia con la misma intensidad, y que arrastra una interdependencia enfermiza; o la tóxica amistad entre Kruger y Andrus, donde ambos se humillan continuamente, pero a la vez no pueden dejar de acudir el uno al otro, como si tuvieran la sensación de que en el fondo están solos y además, verdaderamente, se admirasen en lo profesional; o la relación de Andrus con Carlotta, y cómo esta disfruta haciéndole caer una y otra vez en el abismo  y cómo él  no puede dejar que ella forme parte de su pasado; o el odio exacerbado de Clara hacia Andrus, como si compitiera por el amor de Maurice…

Y, por otro lado,  Minnelli exterioriza su amor por los rodajes y por el proceso de creación de una película. Así está presente continuamente en la historia el  rodaje que parece que nunca acabará Kruger, y menos aún cuando sufre un ataque al corazón. Andrus  terminará tomando las riendas convirtiéndose en un director competente que busca soluciones ante todos los obstáculos, que confía en sus técnicos y que lleva de la mano a sus actores, tanto a la diva italiana como al joven actor rebelde e inseguro. Y entre medias se cruza en su camino la joven Veronica (Daliah Lavi) que le hará ver a Andrus que hay otro tipo de relaciones íntimas y amorosas, placenteras, que no atan de por vida y que se pueden dejar sin hacer daño.

Entre la sala de proyecciones, el rodaje en exteriores o en decorados,la sala de doblaje… y, sobre todo, una Roma a lo dolce vita, siempre de fiesta y con orgía incluida, el actor Jack Andrus, tras la catarsis demoledora, recuperará las riendas de su vida. 

Dos semanas en otra ciudad es un canto histriónico y distorsionado de la cara más oscura de Hollywood, pero también una inusitada oda de amor al oficio y arte de hacer películas.



Diario cinéfilo de una dama

Me llamo Irene Bullock y junto con Godfrey, mi hombre olvidado favorito, dirijo un restaurante de éxito, The Dump, pero ahora tengo un nuevo hobby: teclear y teclear una y otra vez. Mi mente es un poco desordenada, algo alocada, ando siempre algo descentrada, y necesito un descanso… mental. Mi gran amiga Hildy Johnson decidió un día regalarme una máquina de escribir, y me dijo: «La escritura hará que te concentres un poco, querida Irene, escribe sobre lo que más te plazca». Y yo descubrí que era feliz viendo películas, pero que adoraba también los entresijos del cine… ¿Cómo unir esas dos pasiones? ¡Escribiendo sobre películas que su tema principal fuese el cine dentro del cine! Además me di cuenta de que mientras tecleo en mi máquina, ese es el único momento del día  donde mi cabeza encuentra un poco de paz , pero sigo siendo creativa. Este es mi diario… de todas las películas en las que voy buceando y que me permiten además contaros la historia del cine. Ahhhh, mi vida sigue siendo una fiesta continua, así logro enfrentarme a todo… y de esta forma conozco cada uno de los mecanismos de los fotogramas donde habito.

 

 

 

2 Comentarios »

  1. ¡Ay, me río de mi propia torpeza porque estaba pensando qué buena sesión doble haría esta película con The Bad and The Beautiful (dos pelis que no he visto aún, por cierto) y vengo a descubrir que es la misma Cautivos del Mal que mencionás en tu texto, Irene!
    Debería ponerme en campaña para ver ambas películas antes de que llegues a Cautivos del Mal, como sospecho que harás. Como siempre, encuentro en tus palabras un incentivo para seguir adentrándome en este Universo delicioso del cine dentro del cine.-
    Un beso grande, Bet.-

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  2. Mi buena amiga Bet, es que no se parece nada el título en castellano al original, ¿verdad? Pues es una sesión doble muy interesante: sentarse una tarde y ver tanto Cautivos del mal como Dos semanas en otra ciudad, son dos películas que dialogan bastante entre sí. Yo estoy disfrutando a lo grande con este universo de cine dentro del cine plagado de buenas sorpresas y con muchas ganas de compartirlas.

    Gracias mil y un brindis
    Irene Bullock

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