La casquería del demonio

Daniel Pérez Pamies


La fijación de los blockbusters por la apropiación del mito del Rey Arturo parece haberse convertido en un filón para la ficción contemporánea. Desde el último episodio de Transformers de Michael Bay hasta Aquaman de James Wan, pasando por la peculiar adaptación medieval de Guy Ritchie, si de algo ha servido la leyenda artúrica ha sido para insuflar una dimensión épica a los despropósitos más monumentales. Excalibur ha pasado como un testigo en una carrera de relevos, de catástrofe cinematográfica en catástrofe cinematográfica, y ha llegado ahora al Hellboy carajillero de Neil Marshall, que acepta el envite de sus predecesores.

Con las salas de exhibición a rebosar de superhéroes, el demonio rojo creado por Mike Mignola vuelve a las pantallas buscando abrirse un hueco entre el público adulto y los aficionados del gore más popular, como el protagonizado por Milla Jovovich —aquí villana de manual— en la saga zombie Resident Evil. Alejado del tono fantástico de Guillermo del Toro (responsable de las dos entregas anteriores), este Hellboy es mucho más prosaico, más cínico y más sangriento. La de Marshall es una superproducción con espíritu de serie B digna de las posesiones infernales de Sam Raimi, que encuentra su razón de ser en una representación grotesca y deseosa de abrir la tierra para desatar un infierno digno de las pinturas de El Bosco.

Las amputaciones, las ejecuciones, las perforaciones, las profanaciones y los desmembramientos no son sólo una cuestión estética, sino también estructural de Hellboy, un demonio emparentado incluso con el linaje del rey Arturo. El collage narrativo de Marshall está compuesto a base de suturas, parches y remiendos de infinidad de tramas, situaciones y personajes que avanzan por acumulación. Un refrito frenético lleno de cortes y canciones de éxito, donde la estelar aparición de Bogavante Johnson, el asesino de nazis,  se convierte en el único ejercicio de estilo capaz de eclipsar toda la función en apenas cinco minutos de intervención. El gran problema al que se enfrenta la película de Marshall no es la falta de ingredientes (demonios, brujas, gigantes, magos medievales…), sino su posición en tierra de nadie: demasiado encarnizada para el cine familiar, pero demasiado pudorosa para los asiduos del cine más desenfrenado. No es que Hellboy merezca uno de los círculos de Dante, es que ha conseguido crear el suyo propio: un espacio reservado para los coleccionistas de monumentos en llamas.



 

HELLBOY

Dirección: Neil Marshall.

Intérpretes: David Harbour, Ian MacShane, Milla Jovovich, Brian Gleeson.

Género: terror. EE UU, 2019.

Duración: 120 minutos.

 


 

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