Yago Paris


La televisión es uno de los terrenos de la creación audiovisual donde el control sobre la producción es más férreo. Existen innumerables leyes no escritas que se deben seguir al pie de la letra, lo que genera una serie de repeticiones en la narración y/o lugares comunes en el desarrollo de historias que son muy efectivas para el espectador amaestrado, pero una losa para quien considera que lo comercial es miscible con lo creativo. Así podría describirse el principal problema de Invernalia, el primer episodio de la octava y última temporada de Juego de Tronos. Como ha ocurrido en todas las temporadas de esta serie, y también de otras, el capítulo inicial se utiliza como resumen de lo sucedido en la anterior. Una suerte de recordatorio para el alumno despistado, que también puede entenderse como una pérdida de tiempo para quien lleve la lección aprendida de casa —y quien escribe estas líneas asegura que no pertenece al segundo grupo, precisamente. Una primera toma de contacto con el universo de Canción de Hielo y Fuego, tras casi dos años de espera, que, como en cada primer capítulo de temporada, sabe a poco.

En Invernalia se vuelven a colocar todas las fichas sobre el tablero, pero apenas hay movimientos en la partida. Y los que se hacen son del todo cuestionables. Sabiendo que quedan apenas seis episodios para finalizar una extensa historia, cabe esperar que en cada uno la trama dé pasos de gigante, con grandes giros de guion en cada nueva entrega. Esto no ha sido así en el primero, cuyo único desarrollo de trama señalable el correspondiente a los Greyjoy se ha despachado en apenas tres pequeñas escenas, como si fuera un estorbo que hubiera que resolver con el menor esfuerzo posible. O dicho de otra manera, solo se ha avanzado en aquello que da la impresión de que no volverá a aparecer en la serie.

¿Qué ha sucedido, pues, en Invernalia? Más allá de la colocación de las piezas sobre el terreno de juego, lo más destacable del episodio es el amplísimo número de reencuentros que se dan entre diferentes personajes fundamentales de la historia, algunos de los cuales no se veían ni más ni menos que desde la primera temporada. Destacan los vividos por los diferentes integrantes de la familia Stark, donde las emociones exaltadas, el alivio o el sentimiento de unión chocan con la extrañeza ante lo mucho que ha cambiado algunos miembros de la familia a ojos de otros que creían conocerlos. Otros que son más fríos Sansa y Tyrion, y algunos hasta gélidos la escena final, conforman un abanico de interacciones humanas que se suceden una detrás de otra a toda velocidad.

Tampoco parece que haya demasiado interés en detenerse a construir la psicología de los personajes ante semejantes golpes emocionales el mejor ejemplo se observa en el personaje de Sam. El capítulo, por tanto, parece sufrir un trastorno de hiperactividad con déficit de atención: suceden mil cosas, pero cuando el metraje termina, da la impresión de que nada realmente ha sucedido, o, mejor dicho, a tenor de cómo ha sido rodado, nada parece tener especial relevancia, a pesar de que uno de los personajes principales haya recibido la información más importante de todo lo que llevamos de serie. La tendencia habitual de Juego de Tronos de basar todo su potencial en las sorpresas de la trama, muchas veces a costa de un mayor desarrollo de los subtextos, se exagera en este primer episodio, que sitúa la acción a las puertas de la gran batalla final, pero con la mirada puesta todavía en el pasado. 


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5 Comentarios »

  1. No me gustan las novelas por entregas. Ya sé que el Quijote o las novelas de Dickens se escribieron por entregas, pero no me gustan. A “Juego de Tronos”, que es una novela por entregas y una serie por más entregas aún, nunca he sido capaz de verle más interés que el, a mi edad muy relativo, de ver en pelota a una nutrida serie de turgentes muchachas. Fuera de ese obvio reclamo publicitario, no veo por qué hay que perder el tiempo siguiendo ¡durante años! las vicisitudes de una larguísima serie de personajes estereotipados y vagamente inspirados en la antigüedad mezclados con monstruos y quimeras que no le quitarían el sueño a un niño medianamente espabilado. Me sorprende que en esta sesuda sección alguien se ocupe de lo que a mí, con perdón, me parece una castaña. Por entregas, pero castaña.

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  2. 1. Dices que

    a. No me gustan las novelas por entregas.
    b. “El Quijote” y las novelas de Dickens se escribieron por entregas.

    Sin entrar a juzgar las premisas, lo que está claro es cuál debe ser tu conclusión: c. No te gustan ni el Quijote ni las novelas de Dickens.

    2. También que

    d. “Juego de tronos” es una novela por entregas. Por a., se concluye que tampoco te gusta.

    3. Sin embargo, por lo que dices a continuación, no te gusta no por su formato (que sea por entregas) sino por otras razones ajenas al mismo (personajes estereotipados, etc.).

    4. Conviertes un simple gusto (o un gusto simple) en un categórico juicio estético (muy pobre, por otra parte) sobre la calidad de la serie, y te sorprende que otras personas tengan un gusto y un criterio distintos al tuyo.

    ¡País!

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  3. Verás, cariño: si digo que no me gustan las novelas por entregas aunque las de Dickens y El Quijote lo fueran, las personas con una inteligencia normal sobreentienden que considero que las de Dickens y El Quijote son excepciones. Digo además, y lo mantengo, que los personajes son entes estereotipos vagamente inspirados en la antigüedad. No termino de entender que una inteligencia adulta sienta el menor interés por seres que desaparecen mágicamente, resucitan a voluntad del guionista según convenga o no para estirar la trama o se desintegran si se les endiña con una espada de un acero misterioso, pero de ninguna otra manera: para un tebeo (o cómic, que se dice ahora) no está mal, pero regalárselo con pretensiones maquiavélicas a un Rey, como hizo un fenómeno con coleta, es hacer el ridículo. No digo nada si se considera seriamente que se trata de buen cine y no bazofia. Seguir tamaña puerilidad durante años es hacer el canelo. Sí entiendo que las hormonas de la mocedad muestren un considerable interés por ver muchachas en cueros, que abundan en la maldita serie, pero ha durado tanto que el mozo de los primeros capítulos casi es un hombre entrado en años ahora que, por fin, parece que el chicle no da más de sí: o sea, que ni por esas.

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    • Demuestras bastante soberbia con estos comentarios, si la gente sólo quisiera ver muchachas “turgentes” no perderían el tiempo e irían directamente a un contenido sin una trama densa que tiene muchas lecturas y muchos puntos de interés; es un menosprecio hacia los fans de la serie. Y conste que yo tenía una opinión parecida a la tuya cuando vi un par de capítulos sueltos y prejuzgué la misma pensando que no tenía más que mero “sensacionalismo”, pero más tarde la vi desde el principio y la verdad es que me atrapó y me demostró que los personajes eran muy ricos y ahondaban en muchas facetas humanas allén del prejuicio inicial.

      Los giros de guión irreales sacados de la chistera te lo encuentras en todas partes, no sólo en las “novelas por entregas”… Es algo común a todo tipo de géneros.

      Personalmente de Juego de Tronos valoro mucho algunos diálogos y la fuerza a todos los niveles (poético, simbólico, visual…) de varias escenas concretas. Con este final no estoy intrigado por el qué va a pasar finalmente, sino por el cómo. Creo que hay material para algunas situaciones memorables si los creadores saben manejar los hilos como venían haciendo.

      P.D.: A mí lo que me fastidia de las series es cuando las cancelan, las dejan a medias o aceleran el final por motivos de audiencia, presupuesto o lo que sea. Pero cuando las cierran bien no dejan de ser una historia como cualquier otra. Y en Juego de Tronos la verdad es que han hecho lo que han querido.

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  4. Creo que el vuelo de Daenerys y John Snow en dragón, representa uno de los momentos más bajos de la serie en todas sus temporadas. Indigno. Innecesario. Autocomplaciente. Y señal de que, al menos en cuanto a lo que pudo una ser una gran historia -yo soy sobre todo fan de los libros- han ganado los malos. En todos los sentidos.

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