La última frontera

Santiago Alonso 


Las cifras apabullan y dejan constancia de la envergadura del universo Star Trek, desde que se emitió el primer capítulo en 1966 hasta la actualidad: siete series, que suman casi ochocientos episodios, y trece películas, sin contar con centenares de publicaciones oficiales (libros, tebeos, audiolibros…). A dichas obras habría que añadir, atención, un total de once series y cinco largometrajes hechos por aficionados, para terminar de dar una idea de la efervescencia y el hondo calado de este fenómeno de la cultura popular. He aquí el contexto del que parte Larga vida y prosperidad, pues su protagonista, Wendy, es una joven trekkie que escribe sus propias historias de Star Trek. Pero para ella, que tiene autismo y necesita descodificar a diario el mundo que la rodea, esta pasión constituye, sobre todo, una herramienta con la que intentar entender a los demás. La posibilidad de participar en un concurso de guiones centrado en la mítica ficción le permitirá a la protagonista expresarse y encontrar su lugar en el mundo. Aunque no será nada fácil: está casi fuera de plazo y deberá desplazarse hasta Los Ángeles con el abultado texto en mano, ¡unas quinientas páginas!, si quiere entregarlo a tiempo.

El origen de Larga vida y prosperidad es un pequeño monólogo teatral que su mismo autor, el guionista Michael Golamco, ha adaptado ampliando el relato justo en el momento en que Wendy decide lanzarse a la aventura y traspasa sola las puertas de la residencia médica donde vive. Sin embargo, al ver la película se nota demasiado que la operación no ha beneficiado al conjunto. En la primera parte, antes de marcharse, ya quedan descritas sobradamente tanto la valentía de la muchacha como la correlación de sus actos con los ideales humanistas y transformadores que ha trasmitido siempre Star Trek. Y en la segunda parte, entonces, no queda mucha tela para cortar, sobre todo porque las vicisitudes a las que se enfrenta Wendy con el fin de conseguir su propósito se guían además por un patrón demasiado rutinario y, a menudo, realizado con muy poco entusiasmo. Lo mismo puede decirse de cada secundario que se ha añadido, empezando por una muy desaprovechada Toni Colette: a un personaje se le debe pedir más que el simple guiño de llamarse Scotty.

Tampoco se perciben, en general, la soltura y la credibilidad que demostró el director Ben Lewin en Las sesiones (2012), su filme biográfico sobre el poeta tetrapléjico Mark O’Brien. El ejemplo palmario lo comprobamos en cómo ha trabajado junto con la actriz Dakota Fanning la interpretación de Wendy: obviamente entraba en juego plantear una expresividad derivada de ciertos problemas de interacción social, pero hay algo que se ha quedado a medias, algo que al final no termina de cuajar. Y es que el espectador apenas encuentra la vía para poder acercarse de veras a la joven viajera que intenta traspasar fronteras.



LARGA VIDA Y PROSPERIDAD

Director: Ben Lewin.

Intérpretes: Dakota Fanning, Toni Collette, Alice Eve.

Género: drama. Estados Unidos, 2017.

Duración: 93 minutos.

 


 

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