La versión oficial de España se desmorona

Yago Paris


Resulta tremendamente llamativo cómo ha cambiado en los últimos años la percepción que la población española tiene de Juan Carlos I. El ahora rey emérito siempre gozó de gran simpatía en la sociedad, siendo habitual referirse a él utilizando palabras bondadosas, o incluso de agradecimiento por su gestión durante la Transición, hasta el punto de que se ganó el apelativo de «rey campechano». La crisis económica de 2008 fue una bofetada de realidad que despertó muchas conciencias y avivó el espíritu crítico, lo que, sumado a una serie de escándalos que se han ido conociendo sobre la Familia Real y su por aquel entonces punta de lanza, ha modificado drásticamente la idea que una buena parte de la población tiene del monarca y sus familiares. Tal es así, que desde hace varios años en la encuesta del CIS ya no se pregunta sobre la Familia Real. A día de hoy, lo normal es referirse a Juan Carlos I por los casos de corrupción, las sospechosas relaciones comerciales que mantiene con Arabia Saudí o sus vacaciones cazando animales en África. La otra cara de la moneda ha salido a la luz provocando que nos preguntemos si algo de la anterior versión era cierto, o si, por el contrario, se debe todo a una estrategia de propaganda por parte de los órganos del Estado. Porque de eso va El Rey, la película que repasa la vida de Juan Carlos I: de poner en cuestión las versiones oficiales de la historia, no solo la del monarca, sino también la de España durante el siglo XX de la que este es pieza clave, para tratar de iluminar los callejones más oscuros del pasado, esos que nunca se transitan porque al poder establecido no le interesa que se visiten.

La cinta que dirige Alberto San Juan junto a Valentín Álvarez adapta la obra de teatro homónima escrita y dirigida por el primero, quien también interpreta una serie de papeles secundarios. Se suman al reparto los otros dos actores que ya hacían lo propio sobre el escenario, Guillermo “Willy” Toledo también interpretando varios papeles y Luis Bermejo dando vida a Juan Carlos I. La historia reconstruye la vida del monarca desde su infancia hasta sus últimos días. Todo sucede en la mente del protagonista, donde se mezclan sueños, recuerdos, deseos y pesadillas. Los autores han elaborado lo que se podría definir como una película teatral, en su sentido más puro. Utilizando un escenario y su correspondiente patio de butacas, los directores se valen del minimalismo representativo habitual del teatro, así como de las condiciones inherentes al medio la necesidad de representar, seguidas y en el mismo lugar, todas las escenas del relato—, para trasladar la narración al terreno de la abstracción y el simbolismo, algo que, bien gestionado, puede convertirse en puramente cinematográfico. Aunque aplicando recursos básicos, algo manidos en el cine onírico, la propuesta formal de El Rey es solvente en su cambio a otro medio, y su esencia de pesadilla interminable anima a una aproximación alternativa, y necesariamente crítica, a la realidad.


El Rey puede verse en la plataforma de streaming Filmin.


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