Lo bueno

Santiago Alonso 


Un indignante suceso acaecido en Italia a principios de los ochenta, con una marquesa y los campesinos que trabajaban sus tierras por protagonistas, es el origen de Lazzaro feliz. Cuando tiempo después Alice Rohrwacher lo conoció, se quedó conmovida con los segundos, unas personas que, según palabras de la directora y guionista, habían llegado tarde a la cita con la historia. Rohrwacher parte de este episodio (no revelemos más detalles) sobre servidumbre y explotación, sobre la ambivalente llegada de la modernidad, para mostrarnos a los espectadores, quienes estamos acostumbrados también dentro de la sala a tanta sobredosis de maldad, a tanta desconfianza de la humanidad, que la bondad no es una manifestación tan extraña. Existe aunque pase desapercibida y la tengamos seguramente más cerca de lo que imaginamos.

Dividida en dos partes bien diferenciadas, una refleja la civilización rural y otra la urbana, la película presenta como figura principal al chaval del título, alma cándida casi hasta alcanzar niveles de una santidad que, en ningún momento, se identifica con un hecho religioso, ni cristiano ni de otra índole. Lazzaro vive, atención, en una localidad llamada La Inviolata y obrará el milagro, incluso, de poder dar saltos en el tiempo para reencontrarse con amigos y compañeros, ajeno a los vaivenes que marcan la lucha por la supervivencia o las trampas en el camino que deben sortear los menos favorecidos de la sociedad.

Si en El país de las maravillas (2013), Rohrwacher emprendía un viaje hacia mundos ancestrales sin desengancharse del todo del presente, y ofrecía una experiencia mágica que, aun aproximándose, se guardaba prudentemente de traspasar la línea tanto del surrealismo como de aquello que gustan en llamar realismo mágico, con Lazzaro feliz afina aún mejor la plasmación de una fábula que vuela muy alto y, al mismo tiempo, está anclada a la realidad; de un cuento donde lo fantástico se entrelaza, hasta difuminarse, con lo reconocible; y de un espacio que mezcla épocas, objetos y ropas.

Siempre que hablamos de cine italiano contemporáneo, los críticos caemos en la muletilla fácil de hacer comparaciones con gloriosos nombres del pasado. De acuerdo, Lazzaro feliz podrá recordar a Zavattini o a Olmi, pero lo más justo es señalar que Rohrwacher pone en práctica un modelo propio, muy conscientemente trabajado que ya reconocemos como personal e intransferible. Dicho modelo sabe mucho a algo ritual, a experiencia que se aleja de los paradigmas y nos abre puertas en la pantalla del cine. Y por esta se cuela el humanismo. También la inocencia, cuyos últimos rastros anidan todavía, quizá, en alguna parte recóndita de muchos de nosotros.



 

LAZZARO FELIZ

Dirección: Alice Rohrwacher.

Intérpretes: Adriano Tardiolo, Alba Rohrwacher, Nicoletta Braschi, Sergi López.

Género: drama fantástico. Italia, 2018.

Duración: 125 minutos.

 


 

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

This site uses Akismet to reduce spam. Learn how your comment data is processed.