Nadie recuerda nada

Mar Nolasco


En tiempos de luz menguante, la película de Matti Geschonneck que se basa en el best seller de Eugen Ruge del mismo título, trata la historia de tres generaciones de una familia en la República Democrática Alemana. A diferencia del libro, en la adaptación firmada por Wolfgang Kohlhaase prácticamente toda la acción dramática sucede en un único día del otoño de 1989, pocas semanas antes de la caída del muro de Berlín. Esta unidad de tiempo, junto a lo reducido de sus escenarios, concede a la película un innegable toque teatral y Kohlhaase transforma lo que podría considerarse un inconveniente en una virtud que facilita una concentración, muy necesaria, en sus personajes.

Las tres generaciones de esta familia se ven representadas por un anciano y fanático comunista que recibe con indiferencia las tardías muestras de consideración del caduco gobierno. Su hijastro, Kurt, un intelectual con sentimientos encontrados sobre la causa comunista, que estuvo diez años prisionero en un campo siberiano y del que volvió a una república acomodada en la que a pesar de todo dice seguir creyendo. Y, por último, Sascha, el hijo de este que, desencantado y anhelando mayores libertades, se pasa al Oeste el mismo día en que el patriarca de la familia cumple noventa años y los miembros del partido le brindan un homenaje.

A pesar de que en el discurso son los hombres de la familia quienes dirigen la historia, las mujeres serán quienes nos emocionen, produciéndose un perfecto equilibrio entre lo narrativo y lo dramático. Destaca sobre todo la actuación de Evgenia Dodina como Irina, la esposa rusa de Kurt, quien alterna magníficos momentos de vulnerabilidad y estoicismo. Y por encima de todos, sobresale Bruno Ganz, que cautivó a medio mundo con su papel de Hitler en El hundimiento y aquí encarna al anciano cabeza de familia. El actor compone un personaje formado por una mezcla de resentimiento y orgullo que engloba en sí toda una era.

Este drama familiar se construye sobre los pilares narrativos de la dosificación de la información y los paralelismos. En la primera mitad del film el esfuerzo que se exige al espectador para ir rellenando los huecos mantiene el interés y nos crea la sensación de habernos colado en una fiesta donde tan importante es lo que se dice como lo que no. Durante la segunda mitad se nos conduce a través de la seguridad de las acciones recurrentes, para acentuar aún más el cambio que va a suponer para esta familia la noticia de la huida de Sascha. La obra además no evita el humor y sobre todo hace un ajuste de cuentas hacia la propia historia del país, que es, cuando menos, envidiable. Sin embargo, durante todo el metraje se mantienen en armonía el respeto hacia los individuos a los que les ha tocado vivir en ese tiempo y la crítica hacia un establishment que ha cerrado los ojos ante la crisis política que les sobrevuela. Como muestra ilustrativa de esa mordacidad apuntamos el proyecto de crear un brie de Brandeburgo, un queso del Este que sepa como el del Oeste.

Sin duda, una de las virtudes de la película es que cada una de las generaciones retratadas tiene su propia idiosincrasia y los momentos históricos a los que pertenecen resultan tan dispares que difícilmente se diría que solo les separa medio siglo de historia vivida. El relato deja entrever que los personajes cargan con unos fantasmas de la generación inmediatamente anterior que les provocan a la vez un sentimiento de pertenencia y de rechazo. Al humo de las hojas de patata de los campos de Slava, donde termina esta historia, se une el aroma de la utopía fallida, de la pérdida de las grandes ideas, de la derrota. Es una lástima que en las sociedades modernas no se le conceda a la memoria la importancia que merece, pues son tiempos de luz menguante.


En tiempos de luz menguante


En tiempos de luz menguante

EN TIEMPOS DE LUZ MENGUANTE

Dirección: Matti Geschonneck

Reparto: Bruno Ganz, Alexander Fehling, Sylvester Groth, Pit Bukowski, Evgenia Dodina, Stephan Grossmann, Jean Denis Römer, Hildegard Schmahl, Sophie Pfennigstorf

Género: Drama. Alemania, 2017

Duración: 100 minutos


 

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