Yago Paris


La ola de escándalos sexuales que se ha desatado a raíz del caso Weinstein iba a tener, inevitablemente, su repercusión en las ficciones del momento, como se ha visto reflejado en la nueva temporada de la serie Unbreakable Kimmy Schmidt (2015-). La sitcom que produce Netflix narra las aventuras de Kimmy Schmidt (Ellie Kemper), una joven de 29 años que ha pasado los últimos 15 secuestrada por una secta y, tras su liberación, debe insertarse de nuevo en la sociedad. Su prolongado aislamiento ha provocado que no tenga ni idea de cómo funciona el mundo ni las relaciones personales, lo que a su vez explica su peculiar comportamiento, que es la base sobre la que se construye la comedia. A Kimmy se le suman otras dos mujeres de fuerte personalidad, aunque igual de desastrosas, Lillian y Jaqueline, y un negro homosexual, Titus Andromedon, quienes formarán parte de los enredos propios de una comedia de situación.

A partir de un humor visual y verbal, los creadores Tina Fey y Robert Carlock introducen un torrente de referencias a la cultura pop y a la actualidad, por lo que en esta nueva entrega no han dejado pasar la oportunidad de meter el dedo en la llaga sacando a colación los recientes escándalos protagonizados por depredadores sexuales. El pasado miércoles 30 de mayo se estrenó su cuarta temporada, que pone el foco sobre el tratamiento de la figura femenina en la sociedad, con especial atención a cómo los hombres se relacionan con las mujeres.

En el primer episodio ya se hace mención explícita a Harvey Weinstein y tiene lugar el gag que más de lleno se mete en el asunto. En este se puede ver cómo, de manera totalmente involuntaria, el personaje de Kimmy Schmidt acosa sexualmente a uno de sus trabajadores. Pero lo más sugerente de la situación no es la denuncia de las actitudes que sufren las mujeres en el ambiente laboral, sino la reacción de la propia Kimmy, quien es incapaz de comprender que lo que ha pasado sea interpretado como acoso. De esta forma se lanza un dardo envenenado a la ola de rechazo que ha provocado el movimiento #MeToo desde los sectores más conservadores de la sociedad, que consideran que no puede juzgarse lo que ocurrió en el pasado con la mirada del presente, o incluso que han manifestado que las denuncias carecen de validez, pues nada de extraño hay en el comportamiento de los hombres que han sido acusados.

Si bien parece la más evidente, esta es sólo una de las múltiples situaciones que ofrece una serie cuya cuarta temporada desarrolla cada una de sus tramas siempre buscando alcanzar la reflexión o la denuncia a través de la comedia. Ya de por sí el propio pasado del personaje de Kimmy habla de un sistema profundamente heteropatriarcal, en el que un hombre ha secuestrado a cuatro mujeres por el simple goce que le provoca someter a personas del sexo opuesto. En la cuarta entrega, que se ha dividido en dos —en enero de 2019 se estrenarán los restantes siete episodios—, se profundiza en dicho origen a través de uno de los episodios más extravagantes de la temporada. A modo de parodia de los true crimes —documentales en los que se investigan crímenes reales para tratar de aportar más luz al caso—, se retrata al secuestrador de Kimmy como una víctima a ojos de los investigadores, blancos heterosexuales privilegiados que han visto cómo el las denuncias de acoso amenazan con desmoronar el sistema del que se han beneficiado hasta ahora.

Otros tema que se trata a lo largo de los seis episodios es la figura de la mujer en el ambiente universitario, a través de la subtrama de Xanthippe, la hijastra adolescente de Janice, en la que se tratan asuntos como la mala reputación social o la estigmatización a raíz de cuestiones como la vida sexual o el aborto. También se reflexiona acerca de los valores que transmiten las películas Disney a los más pequeños, gracias a la subtrama del musical escolar que adapta La Bella y la Bestia; o acerca de los privilegios de los blancos frente al resto de razas, algo en lo que la existencia del personaje de Titus Andromedon permite continuas referencias a la cuestión racial en Estados Unidos. En esta cuarta temporada, una serie como Unbreakable Kimmy Schmidt, que es feminista por definición —por el tipo de personajes, por los temas que se tratan y especialmente por el enfoque que se les da—, emplea su habitual humor ridículo para representar, en clave cómica, los aspectos más oscuros de una sociedad estadounidense que ha sido azotada por los huracanados vientos del #MeToo


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Imágenes: IMDb


 

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