Desde la última vuelta del camino

Santiago Alonso 


Pocos secundarios han llevado de manera tan vibrante un aura personal de misterio y desamparo como el recientemente fallecido Harry Dean Stanton. El interesantísimo documental Partly Fiction (2012) de Sophie Hubber intentaba desentrañar qué había detrás del lánguido y parco individuo que, con un rostro impenetrable y una sensación de fragilidad para nada velada, cautivó tanto a los espectadores. La barrera, por supuesto, no se traspasaba. Las únicas pistas que podían explicar algo de la comezón vital del intérprete las ofrecía él mismo cantando en el documental (la música fue otra de sus ocupaciones) varios temas con voz vencida y rota. Como ese, según sus propias palabras, blues mexicano que es la Canción mixteca, que Stanton ya había clavado para la banda sonora de Paris, Texas (1984), la película en la que obtuvo su primer e inolvidable papel protagonista tras tres décadas de oficio a sus espaldas. La casi póstuma y casi autobiográfica Lucky ha sido la segunda, y en ella, llegado el momento posiblemente más arrebatador de la cinta, su personaje también canta y levanta las barreras a las emociones (¿confesiones?) contenidas, ahora con la ranchera Volver, volver.

Aunque este buen hombre de 90 años se llame Lucky y pasee por un pueblo del desierto estadounidense sus soledades y sus inquietudes acerca de lo que le espera en la última vuelta del camino, es evidente desde el principio el pacto con el público: mediante la ficción se está intentando retratar ante nuestros ojos la esencia de la persona real. Película para el amigo hecha por los amigos (el actor John Carroll Lynch dirige y un fantástico David Lynch aparece demostrando lo bien que se le da ponerse frente a la cámara), Lucky apenas despliega un argumento. Siguiendo la tradición del mejor cine independiente estadounidense, el relato se limita a desgranar una serie de escenas cotidianas, divididas entre las que solo aparece Harry Dean en pantalla y las que recogen sus conversaciones con conocidos en ciertos lugares, una cafetería y el ultramarinos por el día, y en el bar por la noche. Ya se sabe: sobre la barra y junto a la consumición, o cuando se están pagando tres cajetillas de pitillos, surgen importantes manifestaciones de existencialismo puro, si bien un tanto alambicado a veces.

En ese sentido, aparte de un momento concreto declaradamente lyncheano, se ha propuesto un modelo muy a lo Jim Jarmusch, salpicando los diálogos con narración de anécdotas. Y lo cierto es que así el homenaje no solo funciona como trabajo sereno, sino como posible apertura de los resquicios que no encontraba Hubber en Partly Fiction. Pues mediante las pequeñas historias personales que se cuentan entre sí los personajes a lo largo del metraje (es fundamental el episodio bélico contado por Tom Skerritt) es posible atisbar ciertas claves sobre el misterio Harry Dean Stanton. O quién sabe. Al final, el actor nos mira directamente a los ojos y sonríe. Porque tal vez no haya obtenido jamás respuesta para nada, pero al menos intuye que, halle uno o no la diferencia entre estoicismo y  pesimismo, posiblemente convenga siempre encontrar la paz con cada paso del sendero. Incluso durante el tramo de salida.



 

LUCKY

Dirección: John Carroll Lynch

Intérpretes: Harry Dean Stanton, David Lynch, Ron Livistong, Ed Begley Jr., Tom Skerritt

Género: drama, comedia. Estados Unidos, 2017

Duración: 88 minutos

 


 

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