Qué barbaridad

Tomás Cuadrado Pescador


Brigitte (Jeanne Balibar), una actriz de enorme parecido con Barbara, la gran dama de la chanson française muerta en 1997, está rodando una película en la que interpreta a la propia Barbara. La película la realiza un fan de la cantante, Yves Zand (Mathieu Amalric). En su obsesión por la figura de Barbara, Zand termina por no distinguir entre la Barbara real (de la que se muestra abundante metraje de archivo) y la interpretada por Brigitte. Brigitte termina por no distinguir entre su propia persona y el personaje que interpreta. Y entre unas cosas y otras, uno puede terminar por no distinguir casi nada y acabar confundiéndolo todo.

Trufada cada quince minutos con las canciones de la compositora, y sostenida principalmente sobre la interpretación espléndida de Balibar, el principal interés que pueda tener esta cinta dirigida también por Almaric está, sin embargo, en la alegre manera en que se va jugando con las varias expectativas del espectador para ir defraudándolas una tras otra por el siempre desconcertante procedimiento de salirse por la tangente.

Parece que asistimos a una película sobre la cantante Barbara, pero comprobamos al poco que es una película sobre el rodaje de una película sobre Barbara. Y cuando uno cree estar ya instalado en el asunto y espera que pase algo en la historia… pues resulta que nada sucede porque en realidad no hay historia. Y pasamos por tanto a considerar que la cinta en realidad es un homenaje a la figura de la cantante y compositora, y nos instalamos en la expectativa de conocer mejor a tan etéreo personaje.

Pero tampoco. Entre canción y canción uno empieza a albergar la sospecha de que no se trata de un auténtico homenaje: no hay interés en ahondar en ninguna profundidad de carácter, ni especiales logros que subrayar; nos quedamos sin conocer en realidad a Barbara (y tampoco a Brigitte, dicho sea de paso). Allí está ella sola con su piano: sin padre ni madre ni perro que le ladre. Parece que todo se nos escamotea. Y entonces, ¿qué estamos viendo en realidad?

A la postre sólo cabe considerarlo un juego: un ligero entretenimiento metanarrativo y metalírico a partes iguales del cual, a pesar de tener su tanto de gracia, puede pensarse que tal gracia por sí sola es insuficiente para sostener todo el largometraje, y difícilmente lo justifica. Pero, ¿acaso un juego ha de encontrar su justificación más allá del hecho mismo de jugar, es decir, en un mundo ajeno a aquel delimitado por sus propias reglas?



 

BARBARA

Dirección: Mathieu Almaric

Intérpretes: Jeanne Balibar, Mathieu Almaric, Vincent Peirini

Género: drama, musical. Francia, 2017

Duración: 98 minutos

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