Una nueva esperanza

Mireia Mullor


En los primeros minutos de Recuerdos desde Fukushima, la última película de la cineasta alemana Doris Dörrie, se resumen las preocupaciones más íntimas de la vida posmoderna. ¿Tenemos el trabajo adecuado? ¿Tenemos buen aspecto? ¿Ganamos suficiente dinero? ¿Estamos aprovechando nuestra vida? Aunque todas ellas pueden concentrarse en una única pregunta: “¿Soy feliz?” Sobre esta incontestable y escalofriante cuestión se sustenta la historia de una mujer con vacíos emocionales y tragedias relativas, que deberá convivir con el verdadero dolor de otra mujer que sí lo ha perdido todo. Y cuando ambas se den cuenta de que la respuesta a la última pregunta planteada es negativa, otra cuestión acabará por emerger: ¿cómo podrán empezar de nuevo?

Marie (Rosalie Thomass) es una joven alemana que se busca y no se encuentra. Su vida acomodada en la Alemania próspera de 2017 la lleva a tomar una decisión pretendidamente solidaria, pero profundamente egoísta: viajar como voluntaria a la zona de refugiados de Fukushima (Japón) para animar a los lugareños con actuaciones cómicas. Allí no sólo se dará cuenta de la estupidez de sus motivaciones (que no de su acción), sino que también entablará una extraña relación con una anciana de la zona, Satomi (Kaori Momoi). Ella, la última geisha de Fukushima, lo perdió todo tras el tsunami de 2011, pero no quiere la ayuda de nadie. Sólo quiere volver a su casa medio derrumbada y volver a levantarla. Sacar del olvido una vida ya inexistente, a la espera de que mágicamente todo vuelva a la normalidad. El destino reúne a las dos mujeres en la reconstrucción de ese hogar olvidado, asediado por fantasmas y abandonado a la intemperie de una zona “no habitable”.

La relación entre Dörrie y Japón empezó mucho antes de esta película. Desde que viajase a Tokio para la presentación de una de sus películas a finales de los noventa, el enamoramiento fue total, hasta llegar a Sabiduría garantizada (2000), la primera película que rodó allí, a la que más tarde seguiría Cerezos en flor (2008). Pero algo ha cambiado en esta tercera producción en suelo japonés. La perspectiva alemana se impuso en las anteriores historias, mientras que en esta ocasión se comparte con la perspectiva japonesa. La ocasión lo requería: el desastre en Fukushima y el dolor de sus habitantes no podía contarse desde otro punto de vista. Un maremoto de escala 9.0 en la costa este del país provocó en 2011 que una ola de 15 metros de altura arrasase 10 kilómetros de tierra. Más de 200 pueblos fueron destruidos, y más de 19.000 personas murieron. La magnitud de la tragedia fue incontestable. Las secuelas psicológicas de los supervivientes también. Cinco años después de este efecto dominó de acontecimientos, miles de habitantes de la zona siguen viviendo en casas refugio, y en ellos pone el foco la cineasta alemana, para la que es importante no caer en una mirada condescendiente o utilizarles como un mero contexto para el personaje de Thomass.

Rodada en blanco y negro, lúgubre como las memorias del lugar, la película Recuerdos desde Fukushima muestra, no obstante, una constante tendencia a la esperanza. El desastre da paso a la reconstrucción. La soledad, a la convivencia. Los fantasmas se convierten, por fin, en recuerdos felices. 


GRÜSSE AUS FUKUSHIMA


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RECUERDOS DESDE FUKUSHIMA

Director: Doris Dörrie.

Intérpretes: Kaori Momoi, Nami Kamata, Rosalie Thomas

Género: Drama. Alemania, 2017

Duración: 108 minutos

 


 

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