Sociedad quemada

Santiago Alonso


Si nos preguntaran por directores que podrían haber llevado a la pantalla una novela como La cena, nos vendría a la cabeza casi de manera natural Haneke o cualquier representante del cine de autor europeo especializado en investigar la violencia y tomarle la temperatura moral a la maltrecha sociedad del Viejo Continente. Porque el libro del holandés Herman Koch, con el relato de dos matrimonios que deben afrontar el hecho de que sus hijos han asesinado a una mendiga, quemándola viva dentro de un cajero automático, tenía su origen en un suceso real acaecido en Barcelona (consúltese la hemeroteca de 2007) y trazaba una provocadora radiografía de una Europa cuya ética se desmorona. La sorpresa llega, y la curiosidad después, cuando nos dicen que la historia la ha tomado Oren Moverman para llevársela a Estados Unidos, un país donde se evidencian unos sustratos de violencia muy precisos desde su origen como nación.

Sin lugar a dudas, la clave de la jugada pasaba por el tratamiento que se hiciera de Paul, el narrador y uno de los padres protagonistas, exprofesor de historia que, de primeras, cae bien pero paulatinamente va revelando la violencia y los otros serios desequilibrios que anidan en él. Al director de The Messenger (2009) e Invisibles (2014) le ha salido una película irregular que, sin embargo, respecto a la creación de Paul y sus trastornos, tiene tantos aciertos formales (los pensamientos y las lecturas en off del personaje mientras los demás le hablan, la furia verbal dentro de un aula vacía) como argumentales (la obsesión por la batalla de Gettysburg como símbolo de traumas persistentes y cainismos), que permiten que gran parte de las intenciones críticas, corrosivas incluso, funcionen con intensidad. Y Moverman cuenta para la tarea con un aliado inmejorable: Steve Coogan demuestra otra vez su maestría, y la interpretación que prepara proporciona la energía definitiva para que el filme no caiga.

En La cena se evidencia un desajuste en los cambios del punto de vista narrativo y, además, los personajes femeninos no se sustraen a la figura de la arpía de manual – vaya, Laura Linney repite lo hecho en Mystic River –, pero la plasmación tanto de una mente con inquietantes turbulencias como del escenario, el ridículo restaurante de postín donde trascurre todo, propicia un tono alucinatorio, lejano a la sátira de Koch, aunque siempre sugestivo y adecuado para plantear la gran pregunta: ¿qué hacer si nuestros hijos son unos monstruos?



 

LA CENA

Dirección: Oren Moverman.

Intérpretes: Steve Coogan, Richard Gere, Rebecca Hall, Laura Linney.

Género: drama. EE UU, 2017.

Duración: 120 minutos.

 


 

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