Asfixia en el Cáucaso 

Yago Paris


Demasiado cerca se inicia con una escena cotidiana. Un padre y una hija trabajan hasta altas horas en el taller mecánico familiar, beben café y charlan de manera distendida. Tras cinco minutos de metraje de lo que podría ser un documental, tanto por el contenido como por la manera de rodarlo, Kantemir Balagov, director del filme, aprovecha una escena de transición para dirigirse al público en primera persona. Mediante un texto impreso sobre imágenes de la ciudad, explica que la película recrea un caso real que tuvo lugar en 1998 en Nalchik, ciudad natal del realizador ruso. Con este gesto, el autor justifica cada una de las decisiones de puesta en escena que ha tomado, que le permiten elaborar un discurso formal con el que aproximarse a la cada vez más difusa frontera entre la ficción y el documental. Son decisiones tales como la elección del formato de imagen 4:3 —más vulgarmente conocido como “pantalla cuadrada”— como una manera de alejarse de formatos panorámicos, los más habituales en el cine de ficción actual; el hecho de trabajar con actores no profesionales; o la manera, cruda y cercana, despojada de todo artificio, de filmar los sucesos que acontecen en el relato.

En el artículo ¡Qué bello es vivir! Misantropía y violencia en el cine europeo (Caimán Cuadernos de Cine, noviembre de 2017), Jaime Pena reflexiona sobre las retóricas formales y discursivas que en los últimos años más se han explotado en cierto cine europeo de autor. Por un lado, el modelo de los hermanos Dardenne, de ritmo eléctrico y temblorosa cámara al hombro, retrata un mundo en el que la violencia se expresa en cada gesto. Por otro lado está el modelo de Michael Haneke, que destaca por la mesura y la pausa, con largos planos fijos que son dinamitados por inesperados estallidos de violencia. El autor del texto engloba dentro del segundo modelo al director ruso Andrey Zvyagintsev, cuya última obra, Sin amor, analiza Eulàlia Iglesias en el mismo número de la citada revista. En su texto, Iglesias afirma que el cine de Zvyagintsev está marcado por la desolación moral, pues “la llegada del capitalismo no sólo no ha compensado los errores del comunismo, sino que, en la mayoría de los casos, ha constituido una continuación de este en lo que al mantenimiento de jerarquías de poder y estructuras de corrupción se refiere”.

Atendiendo a las reflexiones de ambos críticos —compartidas por quien firma estas líneas—, llama la atención la mezcla de modelos que lleva a cabo Balagov —pupilo del veterano director ruso Alexander Sokurov, quien produce la obra—, con una puesta en escena claramente heredera del cine de los Dardenne y un análisis social en la línea de Zvyagintsev. La cámara se pega a la joven que se nos presenta al comienzo de la cinta, quien aparece en todos sus planos, y documenta su deambular por escenarios de extrarradio, como si la huida desesperada la fuera a acercar, de alguna manera, a la solución de sus problemas. El guion se articula en torno al secuestro del hermano de la protagonista y la prometida de este, lo que da pie a retratar un país en el que el poder se ejerce por la fuerza y en el que acudir a las autoridades policiales sólo acarrea más problemas. De fondo están el conflicto con Chechenia —apabullante la escena en la que la protagonista observa por casualidad, junto a unos amigos, el vídeo real de asesinatos de rusos por parte de soldados chechenos— y la problemática con las minorías étnicas: la familia de la protagonista es judía, mientras que su novio y sus amigos son cabardinos (grupo étnico del norte del Cáucaso cuya población se concentra en Kabardia-Balkaria, la zona en la que tiene lugar el filme), lo que provoca tensiones y rechazos entre los dos grupos étnicos.

La exclusión social de todos los personajes que aparecen en la historia refleja un panorama desasosegante, en el que las interacciones sociales sólo se entienden desde la agresividad, como si la humanidad de un proletariado tantas veces golpeado y abandonado sólo se pudiera expresar a través de la violencia. En su ópera prima Kantemir Balagov toma lo mejor de ambos modelos de cine de autor europeo señalados antes para construir un discurso narrativo que, en combinación con su amplio conocimiento de la realidad que retrata, da lugar a una portentosa obra cuyas cumbres alcanzan la categoría de tortazo visual.


Demasiado cerca (Tesnota) crítica Insertos


Demasiado cerca (Tesnota) póster cartel

DEMASIADO CERCA (TESNOTA)

Dirección: Kantemir Balagov.

Reparto: Darya Zhovner, Olga Dragunova, Veniamin Kac, Atrem Cipin, Nazir Zhukov

Género: Drama. Rusia, 2017.

Duración: 118 minutos.

 


 

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