Retorno al pasado


En su debut Los sin nombre, Jaume Balagueró imprimió un sello personal que pasó a ser totalmente reconocible en sus dos siguientes películas, Darkness y Frágiles. Estos títulos sacaban a relucir una singular mano para plasmar tanto las atmósferas subyugantes como las representaciones del mal, todo con el mérito añadido de que no se habían visto antes en el cine español unas maneras similares. Pero los tres también dejaban al descubierto el mismo punto débil, un desarrollo narrativo irregular y descuidado que terminaba afectando a la profunda plasmación de las pesadillas cinematográficas del realizador.

Manteniendo las mismas inquietudes y muchos de sus estilemas, Balagueró ensayó con sus obras posteriores una segunda vertiente en la que procuraba marcar cierta distancia respecto a unas señas de identidad demasiado acusadas. Básicamente exploró nuevas premisas argumentales y se asomó a otras variantes del género de terror. Aquí entrarían las magníficas [Rec] (dirigida junto a Paco Plaza) y Para entrar a vivir, episodio de la serie Películas para no dormir, sus dos trabajos manifiestamente mejores. El estreno ahora de Musa, sin embargo, revierte la tendencia porque supone un retorno en toda regla a los territorios de aquel primer tramo de la filmografía del director. Y lo malo es que lo que podría haber constituido una puesta al día a mejor no trae consigo ningún cambio y sí deja un regusto a reiteración.

La oscuridad que pugna por absorber la existencia de unos protagonistas sumidos en el dolor, los secretos de un pasado malévolo que arrastra a la perdición y el sacrificio ritual como trance ineludible: con esta adaptación de la novela La dama número trece de José Carlos Somoza, el cineasta nos lleva a lugares que ya habíamos visitado de su mano. No hay ni una pega que ponerle a aquello que siempre ha hecho bien, pues su gusto visual y sus capacidades formales están ahí. Los problemas provienen de la operación de llevar las casi 500 páginas del original literario a la pantalla. El tramo central queda demasiado abigarrado, las subtramas se quedan cojas o no aportan tanto al conjunto como intuimos que sucede en el libro (la historia de inmigración del personaje interpretado por la actriz rumana Ana Ularu, el círculo secreto al cual pertenece el estudioso que encarna Christopher Lloyd, una presencia en el reparto a todas luces desperdiciada) y, como remate, las raudas explicaciones verbales añaden confusión cuando intentan resolver lo que las secuencias no cuentan. Esto último resulta palmario en lo difícil que resulta comprender la naturaleza y los propósitos de los seres malignos que justifican el relato.

Entre los desequilibrios y el tratamiento superficial de las posibilidades eruditas que brindaba la premisa original – las citas de Dante, Milton, Shakespeare y otros poetas tocados por las musas tienen un poder arcano e incontrolable –, el último filme de Balagueró se encierra en el mismo problema de los primeros: las ideas y el discurso jamas alcanzan una profundidad real.



 

MUSA

Dirección: Jaume Balagueró.

Intérpretes: Elliot Cowan, Ana Ularu, Franka Potente, Leonor Watling, Manuela Vellés.

Género: terror. España, Irlanda, Francia, Bélgica 2017.

Duración: 91 minutos.

 


 

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