Mapa de los sonidos de Hardborough


Hace años, la sola posibilidad de considerar una película de Isabel Coixet como “ligera” hubiera sido impensable. Sin embargo, continuando el camino abierto en Aprendiendo a conducir (2014), donde se distanciaba del registro afectado e hiperemocional que, paladares aparte, siempre la había caracterizado, la directora catalana ha vuelto a tomar en La librería –adaptación de la novela de Penelope Fitzgerald publicada en 1978– un tono distendido que resulta aún más sorprendente por la naturaleza personal, más de lo habitual, del proyecto. En una entrevista a este mismo medio en 2015, la directora catalana afirmaba que la película no era un trabajo cualquiera: «Llevaba mucho tiempo queriendo hacerla (…) Yo nunca he llegado al punto de considerar que uno de mis personajes soy yo, aunque pueda identificarme en algunas partes. Con este sí». Que, tras esas palabras, lo que ha seguido no se haya tratado de una gran película trascendente, o de un desbordante drama que aspirara a medirse con los tramos más emblemáticos de su filmografía (Mi vida sin mí, 2003; La vida secreta de las palabras, 2005…), sino, por ejemplo, de algo más próximo a la etapa inglesa de Lone Scherfig, hace pensar en si Coixet no se encontrará tal vez inmersa en una etapa de síntesis y depuración formal. Su excelente Nadie quiere la noche (2015), concisa, minimalista, sin aspavientos pero con una vigorosa potencia dramática, se presta a ser leída como otro eslabón.

Historia del enfrentamiento entre una librera y la aristocracia local de un pueblo costero inglés en los años cincuenta, La librería se emparenta con esas producciones donde un autor con un estilo y un universo muy reconocibles se pone al servicio de una película de género, de consumo sencillo, y le aporta un valor añadido. Mientras el año pasado Whit Stillman buscó en Amor y amistad la manera más rigurosa de corresponder (chiste: se basaba en una novela epistolar) a la prosa de Jane Austen, Coixet descarta encontrar una equivalencia visual a la palabra de Fitzgerald, optando por filtrar el relato en la envolvente experiencia sensorial marca de la casa. En la apropiación se han perdido elementos que podrían haber sido estimulantes en manos de la cineasta (los poltergeists de la novela, habitantes de la Old House donde la protagonista instala su negocio), pero en sus puntos fuertes la película brilla: la explícita pasión de Coixet por la literatura hace que, desde los personajes hasta el espectador, llegue pura la fascinación hacia un Ray Bradbury recién publicado o hacia la polémica por Lolita de Nabokov; y, si no hubiéramos visto este mismo verano la magnífica Su mejor historia (de la anteriormente nombrada Scherfig), podríamos decir que nadie había dirigido tan bien y extraído tanto de Bill Nighy en años. Se echa, no obstante, en falta en el desarrollo de la trama una mayor presencia de las clases populares, inquietantemente ausentes en una guerra sobre formas de entender la cultura que solo parece involucrar a millonarios y pequeñoburgueses.


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nullLA LIBRERÍA (The bookshop)

Dirección y guion: Isabel Coixet.

Intérpretes: Emily Mortimer, Patricia Clarkson, Bill Nighy, Honor Kneafsey, James Lance, Harvey Bennett, Michael Fitzgerald.

Género: drama. España, 2017.

Duración: 115 minutos.

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