Un lugar nada tranquilo en el campo


La claridad de un nuevo día ilumina el interior de una casa que ha sufrido un incendio. Desaparece la inquietante oscuridad: el suelo y las paredes se renuevan solas, como por ensalmo, cuando la luz va tocando las superficies. Se despierta la protagonista de madre! (Jennifer Lawrence) y nota que al otro lado de la cama falta alguien. Se levanta y recorre distintas habitaciones. Descubrimos que habita en una vieja casa de campo. A través de las ventanas entrevemos una naturaleza hermosa y solitaria. La chica encuentra por fin a su pareja, un hombre al menos una veintena de años mayor que ella (Javier Bardem) y alguien en quien percibimos, casi inmediatamente, una aura de misterio, quién sabe si de tormento. Él es poeta y tuvo cierta fama años atrás. Esa fue la casa de su infancia y, ahora, ha montado allí un despacho algo parecido a un santuario, donde espera y espera a que retorne la inspiración. Ella mientras está reparando y dejando como nuevas las habitaciones, poco a poco, con la intención de contribuir a la relación que han establecido los dos con la creación, según sus palabras, de un paraíso en aquel apartado lugar.

Y en este punto conviene detenerse. madre! es una de esas películas que le ponen las cosas realmente difíciles a una crítico de estrenos que deba cumplir con la tarea de explicar el máximo posible sin revelar demasiado el contenido. En el caso presente, la prudencia recomienda no sólo callar más cuestiones referidas al argumento, sino también abstenerse de extender demasiado el análisis, a fin de no estropearle los placeres al futuro espectador. Otra cosa sería, claro, abordar los entresijos del último largometraje de Darren Aronofsky en un texto cuyos lectores potenciales ya lo hubieran visto.

Intentaremos limitarnos desde estas pocas líneas a señalar que el director de Réquiem por un sueño y Cisne negro asume y supera un desafío muy susceptible de acabar en sonoro batacazo, como ya se ha visto en muchos trabajos de otros. El desafío es aquel de empezar el largometraje proponiendo al espectador un tipo de historia, cambiar a mitad de camino y terminar con una narración de signo muy distinto. Desde los primeros compases madre! anuncia que será algo parecido a una de terror y se acoge muy pronto a un argumento identificable, de características bien definidas, aquel que define a las películas de invasiones hogareñas. Y por cierto, el cineasta lo hace extendiendo y pulverizando a la vez, quizá para siempre, esa categoría temática. Aunque eso sí, cuando menos nos los esperamos, ésta pasa a ser otra película, y después otra y otra.

Si se nos permite, señalaremos una cuestión más: también muy pronto el espectador descubrirá que, a su manera, Aranofsky está construyendo una alegoría. O varias. O algo parecido. El guion de la película, según ha explicado el cineasta, fue el resultado de cinco días de escritura compulsiva al teclado en una casa vacía, un origen que explica muy bien la condición narrativa de chorro a presión, amontonamiento violento y delirio que definen el conjunto. Básicamente, madre! es una expresión sin control ni medida que va expulsando hondas preocupaciones y desperdigando denuncias. Un poco a medias todo, un poco a lo saco de metáforas. Parece que Aranofsky (nota importante: sáltese lo que queda de párrafo quien no quiera más pistas antes de ir al cine) habla sobre la creación artística en sus desviaciones más extremas, con la musa como víctima de abusos por parte del creador. De manera algo más articulada, parece disertar sobre la presencia divina en el mundo, según un relato cristiano donde Dios Padre rebaja a la mujer a una condición subalterna, reduciéndola a esclava de sus designios, o a simple vasija donde gestar sus creaciones: tenemos a María como madre a la que obligan a asistir al sacrificio de su hijo. Se percibe igualmente la identificación femenina con el mismo escenario de la película, la casa, que bien pudiera representar el planeta tierra, el espacio vital de los seres humanos, del que se abusa hasta niveles insoportables. Y estarían presentes asimismo el cainismo, la idolatría…

Ante la multiplicidad de interpretaciones y lo poco cabal de tomarse a Aranofsky con la excesiva gravedad con la que, intuimos, se toma el propio cineasta a sí mismo, lo mejor es dejarse llevar y adecuar la experiencia de ver el film a su naturaleza de impulso automático. madre! despliega una magnífica elaboración de la tensión, está salpicada de momentos terribles, algunos de suma violencia, como no se habían visto antes en una pantalla – la secuencia del linchamiento –, y sin embargo, al mismo tiempo, es una película muy divertida desde su propuesta de desfachatez y desfase. Porque si su dibujo de lo abstracto queda a veces deslavazado, la práctica fílmica de Aranofsky, por el contrario, resulta portentosa. Y cuenta con la inmejorable contribución de Jennifer Lawrence, cuya omnipresencia en pantalla – ocupando, incluso, el centro espacial en la composición de la mayoría de los planos – es decisiva. Realizador y actriz se encargan de construir las imágenes de la angustia y el vértigo que continuamente amenazan con dinamitar los fuera de campo; de afrontar un vorágine que entra por cada extremo de la pantalla hasta terminar inundándola… y hasta que toda promesa edénica queda sepultada.



 

MADRE!

Dirección: Darren Aronofsky.

Intérpretes: Jennifer Lawrence, Javier Bardem, Ed Harris, Michelle Pfeiffer.

Género: terror.

Estados Unidos, 2017

Duración: 121 minutos.

 


 

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