Pareja hacia ninguna parte


Más que la historia sobre un amor y el desamor posterior, sobre una relación condicionada por conveniencias no siempre pactadas y sacrificios que no conducen a ninguna parte, Călin Peter Netzer parece querer contarnos en Ana, mon amour las consecuencias del emparejamiento de un chico y una chica que creen, sólo creen, estar enamorados y necesitarse mutuamente. Decimos que parece querer contarnos eso porque el cineasta rumano ha retratado a sus protagonistas de una manera tan difusa, poco convincente e inexplicablemente incompleta que el largometraje, sin avanzar hacia ninguna parte durante dos horas, da vueltas y más vueltas en torno al planteamiento argumental. Todo empieza una noche con él y ella hablando sobre el papel de la hermana de Nietzsche en la difusión distorsionada de las ideas del filósofo, mientras resuenan de fondo los gritos de unos vecinos que se hallan en plena faena amatoria. La crisis de ansiedad que empieza a tener ella, de repente, es el preludio al primer acercamiento íntimo entre la pareja, y también a los próximos años de vida en común de los personajes.

La secuencia inicial del filme fija las que a la postre serán las únicas certezas que acabará teniendo el espectador: una, que el relato pretende adoptar la forma de estudio psicológico; y dos, que los ataques de pánico y otros desequilibrios que sufre la protagonista condicionarán los comportamientos dentro de la pareja por ambas partes. A partir de ahí, se da paso al barullo, pues el desorden cronológico de las escenas no obedece a una finalidad de veras operante – ¿acaso se corresponden a los recuerdos que surgen durante las sesiones de psicoanálisis del chico? –, y la ejecución de elipsis y dilataciones secuenciales parecen regidas por la arbitrariedad. Cuando se introducen cuestiones ligadas a la realidad de la sociedad rumana, como la religión o las relaciones (desequilibradas) entre padres e hijos, Ana, mon amour cobra fuerza o, por lo menos, muestra un discurso claro en pantalla, pero esos momentos apenas sirven para apuntalar todo lo demás, un revoltijo de polvos y diálogos en la cama, disonancias de convivencia, discusiones y vivencias traumáticas.

Que no lleguemos a conocer en profundidad a los protagonistas de una película con vocación psicologista, indica que demasiadas cosas fallan en cuanto a la construcción narrativa y los recursos expresivos. A diferencia de sus compatriotas Cristian Mungiu, Corneliu Porumboiu y Cristi Puiu, cuyos nuevos estrenos han mostrado que se encuentran en una plenísima forma – Los exámenesEl tesoro y Sieranevada respectivamente -, Netzer se ha quedado bastante por debajo de lo que consiguió con la excepcional Madre e hijo. Aquella obra construía de verdad un territorio fílmico donde el dolor laceraba el ánimo de los personajes, y eso era algo que se sentía a nuestro lado de la pantalla.



 

ANA, MON AMOUR

Dirección: Cãlin Peter Netzer.

Intérpretes: Mircea Postelnicu, Diana Cavallioti, Carmen Tanase, Adrian Titieni.

Género: drama. Rumanía, 2017

Duración: 125 minutos.

cine


 

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