Cuatro mujeres en una colmena de hormigón


En una recentísima entrevista para la revista Fotogramas, cuando le preguntaban si el universo femenino está más próximo a la verdad del amor, el director polaco Tomasz Wasilewski respondía que sí, que sin duda es así, y no tenía empacho alguno en añadir «Aunque no comparto eso de que los hombres jamás podrán entender a las mujeres: podemos y deberíamos». Habiendo visto la indignante Estados Unidos del Amor, quien escribe estas líneas no puede dejar de pensar que este enfant terrible del cine polaco ha hecho méritos para contradecirse a sí mismo y de la peor de las maneras posibles, cuando presenta un presunto análisis de los deseos de la otra mitad de la humanidad, aquella a la que no pertenece, mediante la misma actitud de calculado pero estéril tremendismo, y la misma arrogancia artística, que tantísimos hombres ya han tenido antes que él. ¿Hablar de lo femenino? Pues pongamos a mujeres dolientes, arrastradas, sin esperanza. Hagámoslas sufrir. Y que se vea dolor sin necesidad de profundizar en la psicología ni explorar las complejidades de las situaciones, volviendo a plantar, todo bajo excusas formalistas, los estereotipos que una narrativa de mirada masculina ha impuesto durante siglos.

Cuatro son las protagonistas de la red de historias cruzadas en la que se estructura el largometraje: la esposa insatisfecha que se enamora de su cura; la examante despechada y, claro, vengativa; la lesbiana ya entrada en años, solitaria y desabrida, que se obsesiona por una jovenzuela; y la modelo que ansía un progreso en la vida sin imaginar las trampas y los castigos. Estamos en la Polonia de principios de los noventa, bajo las incertidumbres del poscomunismo y de una Iglesia católica omnipresente. El escenario donde se sitúa el estudio de la condición femenina es un barrio gris y deprimente, una colmena hecha de hormigón que se convierte en cárcel para las cuatro mujeres.

Tras exponer el concepto del espacio cinematográfico, el realizador se lanza a desplegar un cine totalmente falso. Como si para tomarle la temperatura ética a una sociedad tan sólo bastase poner la cámara en el cogote al estilo Dardenne, o contar con la fotografía de Oleg Mutu, el fotógrafo habitual de Cristian Mungiu. Como si no hubiera que elaborar nada detrás de la provocación desestabilizadora y el extrañamiento preparados al modo de Ulrich Seidl, Roy Andersson y Bruno Dumont, otros tres que le gustan a Wasilewski. Como si la idea de elaborar una historia mínima significase no contar nada, limitarse a colocar a los personajes en danza sobre sí mismos; o dicho de otra manera: como si los juegos fatuos de guión le librasen a uno de la tarea de elaborar un arco dramático y, peor aún, cualquier unión ambiental con la narración. ¿Se está hablando de Polonia? ¿Está la Historia impregnando la historia? Se podría coger a estas cuatro mujeres, llevarlas a cualquier otro país, incluso uno inventado, y no habría diferencia.

Aparte de las oquedades que de principio a fin definen Estados Unidos del Amor, encontraremos un narrador muy ruin con sus personajes, cuando se supone que va de lo contrario, y que, so pretexto de frialdad estilística, intenta justificar la vileza de su mirada. La indiferencia ante el vacío de la propuesta del polaco da paso al cabreo en cuanto comprobamos que, por ejemplo, la única entidad trágica que merece una de sus mujeres se manifiesta, primero, presentándola desnuda y con una corrida sobre el cuerpo y, segundo, dejarla vomitando por el suelo, todavía desnuda, porque nada más despertar descubre que la han violado mientras dormía. Eso, por no hablar del retrato más propio de un vetusto apólogo machista que se hace de una amante presa de las mil furias.

Y es que, quién nos lo iba a decir, le han salido discípulos a Lars Von Trier hasta en Polonia. En el caso de Wasilewski, bastante aventajado en la catadura moral y muy por detrás en cualquier otro aspecto.



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ESTADOS UNIDOS DEL AMOR (Zjednoczone Stany Milosci)

Dirección y guion: Tomasz Wasilewski.

Intérpretes: Julia Kijowska, Magdalena Cielecka, Dorota Kolak, Marta Nieradkewicz, Andrzej Chira.

Género: drama. Polonia, 2016.

Duración: 104 minutos.

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