Asalto por la cuarta pared


Mientras un cierto aire a desmantelamiento corre por la industria cinematográfica estatal, con una brecha cada vez mayor entre las producciones de los grupos Mediaset o Atresmedia frente a un indie al borde del do it yourself, resulta sorprendente la solidez con la que se ha conformado una industria cinematográfica catalana en los últimos años. Pocos síntomas más palmarios de excelente salud que su probada capacidad para sacar adelante proyectos de diferentes estilos y tamaños, impulsando con apoyo público sensibilidades tan diversas como las del entorno ESCAC, El Terrat, esa estimulante clase media habitada por autores como Villaronga o Balagueró, o directamente bichos tan raros (y de gran relevancia internacional) como Albert Serra. Es en este contexto donde cabe poner en valor Mil cosas que haría por ti, básicamente el tipo de producto ligero y para el gran público que solemos identificar como signo de fortaleza cuando viene importado de Francia.

Debut en el largo de Dídac Cervera como director, Mil cosas que haría por ti es una comedia que gira en torno al intento de robo de un Rolex después de que el protagonista, Dani, pierda el que le regaló su novia, que monta en cólera y le abandona. Como unos ladrones sin ganas de complicarse que abren un boquete para entrar en el lugar del botín, Cervera y su coguionista Joan Sanz eligen romper la cuarta pared en busca de la complicidad del espectador: narrada en varios tiempos, la película se estructura mediante el testimonio de Dani, quien narra los sucesos a la policía y al público. Aunque el recurso pueda resultar ya manido y un tanto agotador, la puesta en escena tiene detrás la energía y las suficientes ganas de divertirse para funcionar de sobra, además de un sentido del delirio muy agradecido que la aleja de la asepsia de otras comedias más prefabricadas. La imaginativa secuencia de la hipnosis (donde, por ejemplo, el protagonista tiene que introducir diferentes relojes en una nebulosa de su memoria para averiguar qué modelo era el suyo) o esa Cosa Nostra castiza integrada por Carmina Barrios –la estrella del díptico Carmina (Paco León, 2012-2014)– y Jordi Vilches son dos reconocibles cúspides humorísticas.

No hay por qué engañar a nadie negando lo obvio: Mil cosas que haría por ti dista mucho de ser una comedia memorable y su recorrido es más bien escaso, sin ninguna sátira escondida bajo su aspecto caricaturesco ni ningún cuestionamiento del orden establecido. Resulta llamativo, sin ir más lejos, que juegue a exagerar la dinámica de pareja normativa con eso de organizar un atraco para salvar una relación y que, en cambio, no se plantee nada acerca de las propias relaciones; así como la problemática falta de entidad de esa desdibujadísima novia, apenas simple comparsa en el plantel de la película. Pero no es menos cierto que la película hace bien lo que hace y funciona donde lo pretende, ayudada por el estupendo entendimiento entre unos actores que lo pasan en grande y un director, Cervera, cuyo músculo visual prácticamente los convierte en personajes de un histérico cartoon. Una astracanada demasiado generosa como para hacerle ascos.


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MIL COSAS QUE HARÍA POR TI (Mil coses que faria per tu)

Dirección: Dídac Cervera.

Guion: Dídac Cervera y Joan Sanz.

Intérpretes: Peter Vives, Peyu, Iris Lezcano, Carmen Barrios, Jordi Vilches, Boris Ruiz, Carles Sanjaime, Cristina Brondo, Pep Cortés.

Género: comedia. España, 2017

Duración: 85 minutos

 


 

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