Divorcio a la japonesa


Cuando hace cuatro años Yôji Yamada sirvió al público un remake de Cuentos de Tokio, quien más, quien menos torció el gesto ante la osadía. Hacer una versión de la obra cumbre de Yajusirô Ozu es equiparable a pretender reescribir la Biblia, no hay duda, pero la mejor manera de ver Una familia de Tokio, y de disfrutar la cinta, no pasa por detenerse en las comparaciones, pues la nueva siempre tendrá las de perder, sino por considerar que Yamada asumía el precepto de la escolástica medieval europea por el cual a veces uno se siente enano y, entonces, no le queda otro remedio que subirse a hombros de un gigante. Y así, desde tan alto lugar, el realizador dirigía la mirada hacia adelante y observaba los traumas y las dinámicas generacionales del país en el momento presente.

Tres películas después, el veteranísimo director – ¡debutó tras la cámara en 1961 y ha firmado más de ochenta largometrajes hasta hoy! – vuelve a subirse, aunque de manera distinta, al mismo gigante. Ha filmado Maravillosa familia de Tokio, una comedia de costumbres que reúne a los ocho intérpretes del remake dentro de otra familia similar, que viene explicada igualmente mediante las dinámicas que se establecen entre el núcleo central del matrimonio mayor, los descendientes junto a sus respectivas parejas y el miembro más reciente del grupo, personaje que es casi un calco: también se llama Noriko y lo interpreta con la misma delicadeza y serenidad la estupenda Yû Aoi. Y hay más: durante el desenlace, la resolución del conflicto principal se activará cuando un personaje vea Cuentos de Tokio en un televisor y la cámara de Yamada se pose sobre un par de fragmentos.

La sorpresiva decisión por parte de la esposa de querer divorciarse, tras varias décadas de vida conyugal, desencadena una sacudida dentro de las certidumbres y comodidades del pater familias, sacudida que se ramifica hacia el resto. La pequeña casa que da techo al clan se convierte entonces en teatrillo de dimes y diretes donde se acumulan los sofocos y las tensiones, un escenario sobre el cual se reflexiona acerca de las tradiciones domésticas japonesas y la necesidad de introducir sensibilidades acordes con los tiempos actuales. La mezcla que se establece entre melancolía y enredo funciona, no obstante, a medias, debido en gran medida a que el tono pausado no siempre constituye buen fondo al vocerío que estalla con frecuencia. Quien teclea las presentes líneas tampoco supo entender del todo las concomitancias con la historia de Ozu que establece Yamada, ni las dualidades de rebeldía y conformismo, de arrogancia y reconocimiento de culpas. Ante Maravillosa familia de Tokio, el espectador occidental tendrá la sensación de que se le están escapando referencias que un japonés cogería al vuelo, así como que se encuentra ante un largometraje similar al piloto de una sit-com rodada con aliento cinematográfico clásico, sin prisas. Porque esto no se acaba: a finales de mayo se estrenará la segunda parte en Japón.



MARAVILLOSA FAMILIA DE TOKIO

Dirección: Yôji Yamada

Intérpretes: Isa Hashizume, Kazuko Yoshiyuki, Masahiko Nishimura, Yû Aoi

Género: comedia. Japón, 2016

Duración: 108 minutos.


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