Una familia de Sundance


Al igual que Josh Radnor (de la serie Cómo conocí a vuestra madre), John Krasinski es otro actor famoso por su trabajo en la pequeña pantalla (el inolvidable Jim Halpert de The Office) que ha emprendido la carrera de realizador cinematográfico colocándose en la solapa la etiqueta Sundance. De aquel sueño que los cineastas independientes tuvieron en los noventa —construir y proteger con firmeza un lugar propio dentro del mundo cinematográfico norteamericano—, queda el recuerdo de lo que fue, de lo que pudo haber sido, además de algo peor: muchas veces una marca comercial que lleva escrita la palabra indie y funciona a la manera de un molde más con el cual se apela, ante todo, al congraciamiento general. Habiendo pasado ambos por el ínclito festival que se celebra todavía en las nevadas montañas de Utah, comprobamos que las contribuciones al modelo tienen en Radnor y Krasinski, respectivamente, una cara y una cruz. Mientras que Radnor demostró voluntad de distinguirse y aportar consistencia en el paso de su debut Happythankyoumoreplease (2010) a la notable Amor y letras (2012), Krasinski se ha limitado en Los Hollar a instalarse cómodamente en un buen puñado de patrones no solo desnaturalizados, sino también ya requeteusados con anterioridad.

Mezcla de comedia y drama con el debido marchamo de inteligencia y sensibilidad homologadas, Los Hollar lleva a la pantalla la reunión de una familia, con enfermedad de la madre de por medio, en la que cada miembro es un tanto especial y está caracterizado por el signo de la insatisfacción personal. Un esposo y una esposa que no saben si lo suyo ha sido amor o conveniencia. Un hijo mayor de vida desastrosa con ganas de rehacerla en compañía de sus hijas pequeñas. Y claro, todo de un tirón, un protagonista treintañero (Krasinski se ha reservado el papel) que se marchó a Nueva York, vuelve al hogar para ver cuál es el estado general de las cosas, sufre los últimos ramalazos del Síndrome de Peter Pan ante el embarazo de su novia rica, reflexiona sobre el pasado y se cuestiona el futuro lamentando no haberse hecho realidad el deseo de ser dibujante.

Entre tanto cliché y automatismo, trasladar el espíritu de gustar a toda costa, algo más propio de las sit-coms, a una historia acerca de los ciclos de la vida tiene como resultado que los objetivos, evidentes y con unas posibilidades interesantísimas, de desdramatizar la enfermedad o tratar la elaboración del luto se diluyan casi del todo. Aquí casi nada sorprende ni divierte ni conmueve. La obsesión del Krasinski director por procurar que el espectador se encuentre cómodo pese a los disgustos de la narración y que medite, pero tampoco sin pasarse, le lleva incluso a entorpecer la única baza con la que cuenta, la presencia de unos intérpretes como Margo Martindale y Richard Jenkins, con el recurso de dar paso una y otra vez, repitiéndolo hasta el absurdo, a los melancólicos momentos musicales entre secuencias que interpreta el cantautor Josh Ritter a la voz y a la guitarra acústica. Cero ganas de complicarse la existencia ha tenido Krasinski, circunstancia que tal vez acreciente la curiosidad, o precisamente todo lo contrario, por saber cómo afrontó la adaptación de los cuentos de David Foster Wallace en Brief Interviews with Hideous Men (2010), una opera prima que no se estrenó fuera de su país y que, por supuesto, compitió en Sundance.



LOS HOLLAR

Dirección: John Krasinski

Intérpretes: John Krasinski, Margo Martindale, Richard Jenkins, Shartlo Copley, Anna Kendrick

Género: comedia, drama. Estados Unidos, 2016

Duración: 86 minutos

 


 

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