El hombre de la cámara

Anaís Berdié


Un cineasta es, en gran medida, lo que filma. Ahí, enterrada entre horas y horas de material, se esconde una determinada forma de ver el mundo. Su sensibilidad, sus inquietudes, su humor. Esta es la idea que articula el documental del neoyorquino Aaron Brookner, que aborda en su segunda película la tarea de retratar a su tío, el también cineasta Howard Brookner, a través de todo lo que éste dejó filmado antes de morir.

La cinta arranca con la excusa de encontrar las decenas de rollos de película que el “tío Howard” del título empleó en la elaboración de un documental sobre el escritor de la generación beat William Burroughs. Una obra en la que trabajó durante cinco años y que, tras gozar de cierto éxito en su momento, había permanecido en el olvido hasta que el sobrino consiguió restaurarla en 2012. El joven director, que desvela desde el principio una infantil devoción por aquel familiar que siempre andaba registrándolo todo con una cámara, recopila ahora todo el material hallado en su búsqueda, para hacer un retrato del tío, que acaba siendo también un trabajo introspectivo. Pues a medida que relata la historia del Howard cineasta, ahonda en la historia del Howard familiar. El documental biográfico se convierte pronto en autobiográfico y lo histórico se mezcla con lo emocional. Un director diseccionando su propia vida familiar, al modo en que vimos hacerlo magistralmente a Sarah Polley en la poderosa Stories we tell.

En Uncle Howard, la peripecia del sobrino desentrañando la vida de este cineasta vocacional se combina con un rico metraje de archivo: horas y horas de charla con Burroughs, por las que vemos desfilar a otros mitos de la contracultura americana (impagable el Allen Ginsberg que recita Howl confesando que un verso a punto estuvo de ser de otra manera); el material de  rodaje de sus otros dos trabajos: el documental Robert Wilson and the Civil Wars y su única película de ficción, Noches de Broadway, protagonizada por una joven Madonna; y, por supuesto, el diario personal grabado del propio tío (como recientemente veíamos el de Bigas Luna en Bigas x Bigas). Entre el nuevo material aportado por el director, las entrevistas a artistas destacados de ese panorama independiente del Nueva York de los ochenta se mezclan con los testimonios familiares. De Jim Jarmusch, que participó como microfonista en la grabaciones con Burroughs, a la madre de Howard.

Así, en la segunda mitad de la cinta, cuando ya nos ha mostrado al cineasta, nos presenta a la persona. A la que él mismo conoció. El director de Uncle Howard se convierte de esta manera también en protagonista de la historia y su mirada, la del niño de seis años que perdió a su ídolo por una enfermedad de la que poco se sabía entonces, el SIDA, es la que guía la parte final del relato. La muerte vista por un niño. La muerte redescubierta por un cineasta, que quiso serlo porque vio a su tío siempre detrás de una cámara.



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UNCLE HOWARD

Dirección: Aaron Brookner.

Intérpretes: Aaron Brookner, Jim Jarmusch, Tom DiCillo, Sara Driver.

Género: Documental. Estados Unidos, 2016.

Duración: 96 minutos.

 


 

 

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