Sobre esta sangre edificaré mi Iglesia


En una entrevista a propósito de Django desencadenado (2012), Quentin Tarantino manifestaba su deseo de que este trabajo pudiera servir de rito de iniciación a muchos jóvenes negros, como película que un padre le pone a su hijo para hacerle ver de dónde viene. Similar espíritu parece haber movido al actor Nate Parker para componer El nacimiento de una nación, debut que, apropiándose provocativamente del título del clásico dirigido por D.W. Griffith, propone la rebelión de esclavos alentada por el predicador y también esclavo Nat Turner en 1831 –fatídicamente conocida como la Masacre de Virginia– como verdadero hecho fundacional de la nación estadounidense, la de las libertades y los derechos civiles. Determinante de lo que sería el lenguaje cinematográfico en adelante, inventora del montaje en paralelo y base de la narración visual que se instaurará como canónica, la película de Griffith de 1915 es, también, tristemente célebre por el rol heroico que en su argumento juega el Ku Klux Klan (de lo que su director intentaría resarcirse, un año después, con su totémica Intolerancia). Griffith dibujaba sin ambages a los miembros del KKK como salvadores de la patria, depositarios de la divina misión de proteger a la sociedad blanca de unos negros considerados, por su parte, como seres animalescos y violadores natos: la escalofriante escena de la hija muriendo al caer de un barranco mientras huye de un liberto es una de las más famosas de la historia del cine. Escena que, inteligentemente, Nate Parker se atreve a subvertir en otro momento de su película.

Hay buen cine en El nacimiento de una nación de 2016, principalmente el que aparece cuando un autor habla desde las tripas. Se pueden identificar en la ópera prima de Parker rasgos que recuerdan a otro actor-director, Mel Gibson, con cuya estupenda Hasta el último hombre ha coincidido en cartelera. La singular rotundidad de ambos a la hora de plasmar imágenes duras como medio de inmersión no es el único nexo común: tanto esta película como el último trabajo de Gibson, por demodé que pueda resultar a estas alturas, llevan el poder revolucionario de la religión al centro de sus respectivos discursos. Solo que Gibson probablemente conciba esta idea de forma literal, mientras que en la película de Parker podría funcionar más como una herramienta para hablar del modo en que los relatos son capaces de empoderar a un pueblo: la narración de El nacimiento de una nación apela a su propio valor simbólico. La rutina con la que despliega su propia historia y la pereza a la hora de dibujar personajes complejos deslucen parte de una película que, sin embargo, emerge a tiempo para ofrecer una notable traca final en su tercer acto. El trazo grueso empleado y cierto desdén a la hora de buscar un diálogo directo entre su argumento y el tiempo presente (no siendo el racismo un tema que, precisamente, se preste a poco hoy) hace, eso sí, pensar en lo buena que fue otra película sobre la lucha de los esclavos estrenada hace meses e incomprensiblemente ignorada, Los hombres libres de Jones (Gary Ross, 2016).

Cruelísimas ironías del destino sin gracia ninguna, ha sido un escándalo de violación lo que ha frenado bruscamente la carrera meteórica de esta nueva El nacimiento de una nación hacia el triunfo en los Óscar, donde no ha obtenido una sola nominación. Si bien es discutible que la película realmente se hubiera alzado con el premio gordo en una campaña normal (aunque la Academia necesite aún resarcirse de la polémica #OscarsSoWhite del pasado año), la hasta hace unos meses rumoreada para el triunfo se encontró con carteles llamando a su boicot y protestas que obligaron a cancelar pases después de que saliera a la luz que Nate Parker, imagen total de la película (es director, actor, guionista y productor), y su coguionista Jean Celestin estuvieron implicados en un caso de abusos sexuales durante su época universitaria. Parker y Celestin fueron absueltos entonces por falta de pruebas, pero la joven denunciante –con quien ambos reconocieron haber tenido sexo estando ella casi inconsciente– se acabaría quitando la vida. Poner el foco sobre estos hechos es justo y sus consecuencias, tan ejemplarizantes como el mensaje de una película bienintencionada; pero uno no puede evitar preguntarse cuánto oportunismo ha habido por parte de grupúsculos no muy preocupados antes por la violencia machista, y sí por los negros haciendo películas molestas. Porque el qué hubiera pasado de haber optado al Oscar alguien blanco envuelto en un escándalo similar, de hecho, no hace falta preguntárselo: ahí están los nominados Gibson y Casey Affleck, probándose sus esmóquines.


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EL NACIMIENTO DE UNA NACIÓN (The Birth of a Nation)

Dirección: Nate Parker

Guion: Nate Parker y Jean McGianni Celestin

Intérpretes: Nate Parker, Armie Hammer, Jackie Earle Haley, Gabrielle Union, Aja Naomi King, Penelope Ann Miller, Aunjanue Ellis, Mark Boone Junior

Género: drama histórico. Estados Unidos, 2016

Duración: 119 minutos


 

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