Juegos de críos

Jesús Cuéllar


En la filmografía del cineasta de origen taiwanés Ang Lee, la extrañeza que sienten muchos de sus personajes ante la vida ha servido de hilo conductor en una obra diversa y a veces desconcertante. Se sienten extraños, incómodos en su propia piel, porque no acaban de encajar en el mundo que los rodea: son chinos en Estados Unidos (Manos que empujan o El banquete de boda), homosexuales en un mundo machista (Brokeback Mountain), o no pueden aceptar el papel en el que los condicionantes vitales y las circunstancias históricas los han situado (Deseo, peligro).

En Billy Lynn, basada en la novela satírica El eterno intermedio de Billy Lynn, de Ben Fountain (publicada en España por Contra, con traducción de David Paradela), esa alienación existencial también es absolutamente patente. El joven soldado Billy Lynn (Joe Alwyn), aclamado como héroe por intentar salvar a un superior en la guerra de Irak, finaliza junto a sus compañeros de pelotón la llamada Gira de la Victoria en un estadio de Texas. Pero durante ese paseo triunfal Billy se ve asaeteado, tanto por la patriotería circundante y por la manipulación a la que él y sus compañeros se ven sometidos, como por el trauma de sus supuestas acciones heroicas en Irak y el deseo de no volver al escenario bélico.

Todos esos contrastes vitales, la textura de la guerra y la del espectáculo, que acaban confundiéndose, Lee pretende trasmitírnoslos filmando con una altísima resolución y escupiendo 120 imágenes por segundo (cinco veces más de lo habitual). Pero la sátira latente durante todo el metraje no alcanza a levantar el vuelo, y las escenas de acción y de introspección del protagonista, de su hermana (Kristen Stewart) y de sus compañeros, tan resignados a su destino como él, apenas llegan a emocionar. La apuesta formal hiperrealista de La vida de Pi, anterior y galardonada película de Lee, se queda aquí en un ejercicio insípido que anega en banalidad los destellos que habrían podido acabar conformando un producto fílmico coherente y con pegada verdaderamente crítica. En Billy Lynn, los intérpretes se debaten por superar lo poco que les ofrece el guion (además de Joe Alwyn y Kristen Stewart, destaca Steve Martin encarnando al manipulador propietario del equipo de fútbol americano de Dallas) y Ang Lee parece apabullado por el propio torrente de kitsch estadounidense que a veces se diría que quiere criticar.

Entre las muchas películas que Hollywood ha dedicado a la relación de EE UU con sus guerras, Billy Lynn seguramente quedará como una fallida tragicomedia que, aun atisbando las nuevas realidades —y posibilidades narrativas— que ofrece la globalización neoliberal, no alcanzó a plasmarlas ni a cuestionarlas como se merecían. Shroom, el mando al que Billy intenta rescatar en Irak (interpretado por Vin Diesel), y que le sirve como improbable guía espiritual en medio de la carnicería iraquí, dice en la película que Estados Unidos es una nación «de críos», y el comportamiento del pelotón homenajeado en Dallas demuestra durante todo el metraje su carácter infantil y atolondrado. Pero no sabemos si esa afirmación constituye una crítica, una mera constatación o una justificación complaciente.


1289347 - BILLY LYNN'S LONG HALFTIME WALK


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BILLY LYNN

Director: Ang Lee

Guion: Simon Beuafoy y Jean-Christophe Castelli

Intérpretes: Joe Alwyn, Kristen Stewart, Chris Tucker, Garrett Hedlund, Makenzie Leigh, Vin Diesel, Steve Martin

Género: drama bélico. Estados Unidos, Reino Unido, China, 2016

Duración: 113 minutos


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