Un problema de lenguaje 


En un pasaje de La historia de tu vida (1998), el excepcional relato de Ted Chiang que sirve de base a La llegada, la protagonista -una lingüista a la que, tras la irrupción de unos semiovoides gigantes en La Tierra, se ha encomendado la misión de entrevistarse con los alienígenas que viajan en ellos– descubre que sus sujetos de estudio usan códigos distintos para la expresión oral y escrita. Así, mientras nuestra escritura es glotográfica, en tanto que representa el habla, la suya es semasiográfica, pues transmite significados ajenos al habla. Durante su investigación, se preguntará si acaso los humanos no seremos absurdamente redundantes a ojos de estos extraterrestres, al utilizar dos canales de comunicación para exactamente lo mismo. El paralelismo es demasiado jugoso para dejarlo pasar: la nueva película de Denis Villeneuve, ¿hace propio a través de la experiencia audiovisual el mundo que se dibuja en el relato de Chiang, o se trata de una innecesaria reiteración?

Ya totalmente curtido como un auténtico todoterreno, Denis Villeneuve ha intrigado durante años a la crítica internacional por su capacidad para mutar de estilo película tras película, sin un discurso cohesionado que sobresalga a la vista. Desde el reconocimiento por su (a juicio personal, bastante horroroso) drama familiar Incendies (2010), el cineasta ha saltado a la fascinante pesadilla onírica de Enemy (2013), la intriga en clave David Fincher de Prisioneros (2013) o el realismo documental de su película de narcotráfico Sicario (2015): quizás este eclecticismo fuera lo que decantase su fichaje por la futura secuela de Blade Runner (1981), clásico que en su día dirigiera otro joven con gran cantidad de registros, Ridley Scott. En todo caso, el pulso en los debates sobre la identidad autoral de Villeneuve parece sostenerse desde las siguientes dos grandes corrientes: los que ven en el canadiense no más (y no menos) que a un profesional extraordinariamente competente, y los que ven en él a todo un creador. Y lo cierto es que La llegada, primera incursión del director en el campo de la ciencia-ficción, podría decidir este largo combate del lado de los primeros.

Que no se malinterprete lo esgrimido antes de tiempo: La llegada es una buena película, y una adaptación aceptable de un texto muy complicado. Pero también constituye una decepción importante por el modo absolutamente prosaico que ha elegido Villeneuve para llevarla a imágenes. En su relato, Ted Chiang afrontaba el desafío de encontrar una respuesta textual convincente a un problema temporal que plantea el lenguaje alienígena, y en el que radica el quid de la cuestión; en La llegada, todo esto se ve reducido a poco más que una argucia de guion, de eficacia razonable, pero sin más valor que el de un simple giro narrativo. Resuelto ese aspecto, la cualidad del relato que más posibilidades parecía abrir en su adaptación al cine, La llegada apenas se limita a hinchar el texto original (que no llega a las cuarenta páginas), y lo hace sin mucho tino. Elementos presuntamente de hard sci-fi se combinan, de forma inesperada, con muchos de los peores mimbres del cine de catástrofes de Hollywood, como los militares chiflados y sus locos planes, alguna fantasmada de rigor (el ejército llegando, en mitad de la noche, a casa de la protagonista para reclutarla) y, sobre todo, una descompensación abrumadora entre la relativa dificultad de la trama y los, con frecuencia, tontos vericuetos –cuando no directamente clichés– que transita, tal vez esperando que el tono enigmático de la película los dignifique. En su parte final, La llegada acaba por sembrar más dudas, incluso, sobre las habilidades de la mayor potencia militar del mundo para acordonar una diminuta zona con gran carga explosiva, que sobre cualquier asunto relacionado con los alienígenas. Por no hablar del trazo grueso con el que la película materializa en su clímax un complejo concepto científico, que hace parecer a Interstellar (Christopher Nolan, 2014), en comparación, todo un trabajo académico.

Por el contrario, el filme de Denis Villeneuve funciona muchísimo mejor en el apartado más íntimo. Siendo esta una película dominada realmente por la transparencia narrativa, con todos los elementos de los guiones fuertes (sus leit motiv claros, sus ideas repetidas las suficientes veces para entenderse…), la historia familiar destaca por su sutileza y el delicado tono que emplea, con un dramatismo mucho mejor diseñado, meditado y conseguido que la parte espectacular. Pero, aunque la película sabe integrar esa historia a la perfección y sortea el peligro de que parezca una subtrama, resulta evidente que su entorno natural es el de una narración austera como la del relato originario, y no un macroconflicto a lo Independence Day (Roland Emmerich, 1996). El dispositivo visual puesto en marcha por Villeneuve, con insistentes recorridos circulares como expresión del motivo del tiempo o secuencias montadas como palíndromos, atestigua que el canadiense es un director que no se dedica simplemente a cubrir las escenas, sino que piensa en cómo planificarlas; pero, en una película como esta, donde un tema como el del poder del lenguaje abría hecho crujir algo en la cabeza de todo cineasta con ambición, también saca a relucir sus limitaciones. La llegada se mueve en un eje que va de lo global a lo personal, pero su capitulación ante el mainstream –desde el cine de invasiones hasta esa solemnidad y afán de trascendencia de muchas producciones modernas– acaba haciendo que un relato verdaderamente peculiar y algo excéntrico parezca una epopeya de heroísmo individualista al uso. 


ARRIVAL


nullLA LLEGADA (Arrival) 

Dirección: Denis Villeneuve 

Guion: Eric Heisserer 

Intérpretes: Amy Adams, Jeremy Renner, Forest Whitaker, Michael Stuhlbarg, Mark O’Brien, Tzi Ma, Nathaly Thibault 

Género: ciencia-ficción. Estados Unidos, 2016 

Duración: 116 minutos 

1 Comentario »

  1. Una gran decepción de película;es muy muy lenta y da la sensación de que el guionista no ha sabido cómo terminarla.Lejos pero que muy lejos queda la intención de combinar inteligéncia y suspense.Para poner un ejemplo,acuerdense de SEVEN: te dejava enganxado a la silla y la mente pensando a toda máquina.Y por cierto,los alienígenas,horrorosos…Me aburrió sobremanera.

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