Odisea de un cascarrabias

Santiago Alonso 


El protagonista de El gruñón es la versión finesa, a modo de reverso oscuro pasado por la mala leche del Scrooge de Dickens, del personaje que interpretaba Paco Martínez Soria en La ciudad no es para mi (1966). Efectivamente, no, Helsinki no está hecha para el anciano que visita, a regañadientes y con las armas para la confrontación en ristre, al hijo instalado ya en otro mundo y en otra época, la actual. Lo que vive es una odisea sin parar de refunfuñar ni soltar borderíos; él, que detuvo el calendario en 1953, que viene de un campo y unos tiempos en donde todo era mucho más sencillo y el individuo  se construía la casa con sus propias manos, amén de comerse las patatas de los campos que araba.

El personaje es hijo de la imaginación de Tuomas Kyrö (Vatanescu y la liebre), uno de los escritores más populares de la actualidad en Finlandia. Antes de la novela que ha servido como base al largometraje de Dome Karikoski, este cascarrabias protagonizaba una serie radiofónica en la cual exponía todas y cada una de las quejas que tenía sobre el mundo, con la voz de Antti Litja, el mismo actor que ahora lo lleva a la pantalla. La historia para el cine tiene mucho, entonces, de marco narrativo que alberga los episodios basados en cada protesta concreta, junto con las peroratas, también voces en off, que va soltando el señor ante los demás y que tejen un discurso sobre los males contemporáneos en Finlandia y, razonablemente, más allá de sus fronteras.

Ahí, en la conjugación entre localismo y universalidad, reside el obstáculo que no acaba de sortear El gruñón desde el momento en que no activa plenamente las capacidades para atraernos hacia el conflicto como espectadores foráneos. Si bien los temas de la modernización y sus consecuencias, o del lugar que ocupan las generaciones mayores dentro de unas sociedades a todo trapo, tienen un eco en cualquier parte, a casi todo lo salpica una colisión de especificidades propias de la tierra nórdica que se nos escapan, empezando por las cuestiones dialectales que caracterizan al protagonista, y siguiendo por bastantes comentarios y detalles que no llegarán a quien no sea de allí. Sin embargo, ante tanta vuelta a cuenta de lo de antes y lo de después, sí podemos apreciar, y se agradece mucho, que al pintar el retrato del hombre moderno escandinavo la cinta no acaba cayendo, no obstante lo parezca por momentos, en las actitudes retrogradas y deleznables que hemos encontrado últimamente, como por ejemplo en La caza (2012) del danés Thomas Vinterberg.


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EL GRUÑÓN

Dirección:  Dome Karikoski.

Intérpretes: Antii Litja, Petra Frei, Mari Perankoski.

Género: comedia, drama. Finlandia, Islandia 2014.

Duración: 114 minutos.

 


 

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