La sutileza no es el punto fuerte de las películas que vimos en la sexta jornada del festival. Hablamos en especial de la flamante Palma de Oro de Cannes, I, Daniel Blake, que se ha proyectado en San Sebastián con un aluvión de opiniones polarizadas sobre ella. Esta mañana se avivaba la polémica: con poco más de un 9 de nota media, la último película de Ken Loach es la mejor valorada por el público y, previsiblemente, la que se llevará el título a casa. Hablamos de ella en esta crónica, de sus manipulaciones emocionales y de su absoluta y rotunda militancia de izquierdas. 

Por otro lado, Oliver Stone nunca ha sido muy sutil, ni en su cine ni en sus declaraciones públicas. Tampoco lo es en su nuevo film, Snowden, donde ofrece un nuevo altavoz para las filtraciones que tuvieron lugar hace tres años por un exmiembro de la CIA. No han faltado sus típicas extravagancias sobre la pantalla, con un extraordinario cambio de voz por parte del actor protagonista, Joseph Gordon-Lewitt

Junto a dos películas tan esperadas como estas, pero fuera de concurso, repasamos también la ración de Sección Oficial del día, dominada por Latinoamérica: la chilena Jesús y la argentina El invierno

La más paranoica: Snowden

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Tras ganar el Oscar a Mejor Documental en 2010 por Citizenfour, la cineasta Laura Poitras nos dejó bien claro quién era Edward Snowden. Por supuesto, ya todo el planeta había oído hablar de él antes: un exsoldado estadounidense y miembro de la CIA que había dejado al descubierto todo un programa de vigilancia de alcance global por parte de los EEUU.

Hecho el documental, tocaba el biopic. Todo en un tiempo récord de tres años. El reconocido cineasta Oliver Stone, artífice de películas como Platoon (1986) o JFK (Caso abierto) (1991), se pone al frente de este proyecto en el que imprime mucho de su carácter. El film, que recrea la vida de Snowden combinándola con aquel famoso encuentro con tres periodistas en un hotel de Hong Kong, persigue dos objetivos fundamentales. Por un lado, consolidar para siempre la figura del norteamericano y convertirlo casi en un mártir de la falta de libertad en “el país más libre del mundo”. Lo hace, como es habitual en él, a través de la épica de las imágenes y las palabras: primerísimos primeros planos, discursos motivadores acompañados de música solemne e imágenes ralentizadas del gesto más característico de Snowden (mirada al suelo y sonrisa tímida) son algunos de sus recursos.

El segundo objetivo es más obvio si cabe: provocar la indignación. Cada vez es más preocupantemente frecuente que las noticias tengan fecha de caducidad. Parecería algo normal que no fuese así, teniendo internet para recuperarlas todas, pero es precisamente el medio online el que se entierra a sí mismo bajo millones de noticias diarias. Esta infoxicación parece habernos hecho insensibles a los grandes escándalos, y en España eso lo sabemos muy bien. Por eso Stone hace esta llamada tan descarada al enfado y la revolución, por eso juega la baza de la épica: para que, tras ver la peli, nunca se nos olvide que mientras yo escribo y vosotros leéis puede haber alguien mirando, recopilando esa información que, quizás algún día, les sirva en nuestra contra.

La menos sutil: I, Daniel Blake

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Si alguien ha encarnado desde hace años el cine militante de izquierdas, ese es el británico Ken Loach. Él nos mostró las lagunas del sistema laboral de Gran Bretaña basado en el consumismo y mercantilismo en Mi nombre es Joe (1998) y En un mundo libre (2007), y nos enseñó otra forma de manejar la crisis económica, basada en medidas testadas en el pasado, en El espíritu del 45 (2013). Su carácter combativo y claramente crítico contra el sistema imperante no ha muerto, y lo demuestra una vez más en I, Daniel Blake, un film que le valió ganar la Palma de Oro en la pasada edición del Festival de Cannes. 

A pesar de seguir en su línea ideológica y argumental, Loach se pasa de rosca en este último film, en el que aúna sin ningún tipo de pudor todos y cada uno de los tópicos habidos y por haber en lo que se refiere al precario mundo laboral: el hombre en edad de prejubilación que se ahoga con la burocracia cada vez más informatizada, la mujer a la que su marido ha abandonado con sus dos hijos y la cual se ve abocada a la prostitución, la actitud despiadada de los que mandan en los centros públicos de empleo, los chicos jóvenes de color que venden zapatillas de marca a mitad de precio de manera ilegal… ¿Son situaciones realistas? Sin duda. ¿Es necesario recopilarlas todas en una misma historia de dos horas de duración para hacernos ver lo jodida que está la sociedad? Quizás no. Loach peca de militancia exacerbada, y convierte su película en un festival de obviedades que, por otro lado, abusan del componente emocional. Practica esa pornografía emocional que ya ayer comentábamos sobre el nuevo film de J.A. Bayona, Un monstruo viene a verme

El resultado de I, Daniel Blake es un panfleto nada sutil de la situación que existe, en general, en la Europa de hoy. Habla del derrumbamiento del estado del bienestar y la crueldad del sistema capitalista, de la impotencia de ser un pequeño peón contra los grandes poderes fácticos del mundo. Sí, el film quiere ser un detonante para la conciencia social, pero habría que preguntarse si es esta la mejor manera de conseguirlo: siendo tramposos con las emociones y maniqueos con la sociedad. Vehicularlo con el sentido del humor y un personaje entrañable no justifican tal exhibición de convencionalismo barato. 

Otra de adolescencia: Jesús

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Por si no tuvimos suficiente con As you are y Playground, llega a la Sección Oficial otro drama adolescente centrado en la violencia que parece poseer a los jóvenes de hoy. La chilena Jesús irrumpe en la competición con una actitud y puesta en escena conocidas, propias del tema tratado y el habitual estilo que últimamente nos llega de Latinoamérica, pero sorprende por su honestidad.

En Jesús, un adolescente presencia y participa en una brutal paliza a un chico de su edad, acosado por ser homosexual. Tras el incidente, los remordimientos le consumirán y vivirá todo un via crucis hacia la redención, que quizás no acaba como había esperado. El director ha optado por ofrecer un relato explícito, sin censuras, algo que ha provocado que decenas de personas abandonasen el Kursaal de San Sebastián, como ya ocurrió unos días antes con Playground. La escena de la paliza es una provocación, una tirita arrancada lentamente para que el espectador sufra casi tanto como el personaje. Su voluntad de ser explícito también es palpable en las dos escenas de sexo del film, que aunque algunos han calificado de pornográficas, no se distancian de otros referentes del mismo género. La gente parece estar muy sensible estos días en el festival donostiarra.

Sea como sea, Jesús no destaca sobre las demás, pero es un relato con intenciones claras y conseguidas, una historia que aunque hemos visto mil veces sigue siendo de actualidad y se plantea, una vez más en este festival, si la violencia innata en algunos jóvenes tiene algún tipo de explicación racional. 

La más rural: El invierno

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El invierno, como la propia estación del año, es fría y distante. Es una sensación buscada, porque así son las personalidades de sus protagonistas y así es de arisco el paisaje rural en el que se enmarca. En este film argentino dirigido por Emiliano Torres, un hombre ya mayor es relevado de su puesto como capataz de unas tierras por un muchacho mucho más joven que él. A partir de entonces, el primero intentará sin éxito reencontrar su utilidad en el mundo, y el segundo intentará conseguir la establidad laboral que necesita para mantener a los suyos.

Esta película, a competición en Sección Oficial, tiene un estilo minimalista y, ante todo, un potente mensaje de cambio generacional. Para ello, el director convierte el film en un western moderno con fondos nevados en el que cada uno defiende su puesto en la sociedad. Una lucha de altas dosis poéticas y metafóricas que culminan en una idea nada esperanzadora, pues aquí residen sus claroscuros argumentales: el desarrollo de la historia nos acaba por transmitir que esa sustitución propia del ciclo vital y laboral puede no acabar bien para las dos partes. Que, al final, todos sucumbimos a los intereses económicos y empresariales de turno, y todo el esfuezo se evapora como la nieve cuando llega la primavera. Grata sorpresa en la SO del festival.

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