Rúnar Rúnarsson (Reikiavik, Islandia, 1977) está sentado en la terraza de la librería y cafetería Ocho y Medio (C/ Martín de los Heros, 11) de Madrid, listo para el encuentro con INSERTOS que pondrá broche a la primera de sus dos jornadas de entrevistas. Se encuentra promocionando en España su película Sparrows (Gorriones), promoción obligadamente breve por lo ajustado de su agenda, pero a la vez ineludible: el año pasado, casi por estas mismas fechas, salía de nuestro Estado con nada menos que la Concha de Oro del Festival de San Sebastián bajo el brazo. Un premio que, con contendientes tan duras como High-Rise (Ben Wheatley, 2015) o la postrera vencedora del Goya Truman (Cesc Gay, 2015), cogió por sorpresa a todo el mundo, empezando por el propio Rúnar.

Se sobrepasan ya las seis de la tarde, y el director, que lleva hablando con los medios desde por la mañana, contrarresta su cansancio con una actitud tranquila, bordeando el zen. Espalda muy recta, pocos movimientos, gesticulaciones muy limitadas y un habla verdaderamente lenta parecen sus armas para aguantar la afluencia de preguntones sin perder el tipo. Nos piden hacer la entrevista al aire libre y no dentro del local, requerimiento que comprendemos nada más ver la velocidad vertiginosa con la que encadena un cigarro tras otro. Lo que hace que nos planteemos cuánto de coraza hay en esa tranquilidad aparente. Y el pulso entre fragilidad y fortaleza es, justamente, un tema que Rúnar Runarsson aborda en Sparrows y del que también va a hablar en esta entrevista.

 

Antes de nada, enhorabuena por el triunfo en Donosti. ¿Cómo se siente uno al ganar un festival tan relevante internacionalmente?

Gracias. Lo primero que pensé fue que quizás, después de eso, podría conseguir hacer otra película. Es un gran honor, pero para que ocurriera, necesariamente, tuvieron que darse muchas casualidades: que a las personas que integraban el comité de selección les gustara la película, o que simplemente buscaran la diversidad premiando a Islandia; que los miembros de ese comité (a quienes gustó la película) pudiesen ir esos días al festival, y que no eligieran en su lugar a otros miembros, a quienes podría no haberles gustado la película… ¡Aunque hubiese seguido siendo la misma! Pero es un reconocimiento muy importante, sobre todo para alguien con una trayectoria tan pequeña como la mía. Hemos podido tener distribución gracias al premio. A veces una película puede tener distribución solo por cosas así, incluso siendo mala. Y los autores que necesitan estos empujones no tienen por qué ser solo jóvenes talentos que tratan de forjarse una carrera, también hay cineastas consagrados con problemas para estrenar sus películas. En la última edición de Cannes, a Jim Jarmusch no le dieron el premio, y, a pesar de que todos pensaron que su película era excelente, va a tener una distribución muy limitada por no haber ganado. Solo por eso. Es absurdo. A mí me gusta saber que voy a poder hacer otra película, y que Sparrows está pudiendo recorrer el mundo y ser vista por mucha gente. Es muy duro para los distribuidores tener en su poder películas que luego no pueden vender, simplemente porque no han dado con el jurado oportuno en el momento exacto. No tienen ningún premio que poner en el cartel, y desgraciadamente los espectadores eligen las películas muchas veces basándose en eso. Triste, pero cierto.

Usted, Dagur Kári, Grímur Hákonarson… ¿Le parece que se está formando una escena en Islandia? ¿Cree que hay elementos de grupo, de corriente?  

Hay una ola islandesa, eso está claro. Cuánto va a durar ya es otra cuestión. Somos de la misma generación, somos todos amigos, leemos nuestros guiones, nos ayudamos, nos criticamos… Podríamos parecer un colectivo, sí, pero sin estar organizados. A nivel práctico, si le va bien a uno, es bueno para todos los demás. Ahora resulta más fácil financiar películas en Islandia, porque han funcionado muy bien en estos últimos años. Nuestro cine hacía tiempo que parecía a punto de emerger, y el año pasado ya se produjo el estallido. Todos los que citas son grandes directores, no necesitan preocuparse por cómo serán sus siguientes películas, porque ya no tienen nada que demostrar. 

_MG_8716

¿De dónde surge la idea de Sparrows? Leí que estaba basada en un cortometraje previo, Two birds [2008].

Nunca fue mi intención. He hecho muchos cortometrajes. La mitad de ellos van sobre gente mayor, y mi primer largo, Volcán [2011], está ambientado también en el mundo de la tercera edad. La otra mitad están protagonizados por jóvenes, y con ellos se correspondería Sparrows. Así que hay muchas influencias de todos esos cortos dentro de ambas películas, algunos más que otros, y esas influencias han entrado inevitablemente en distintas fases de la producción. Me gusta utilizar siempre esta metáfora para describir cómo escribo: estoy de pie en una orilla del río, tratando de alcanzar la otra orilla, y para ello debo arrojar rocas de forma que me permitan cruzar. A veces estas rocas se juntas con otras, conformando pequeñas plataformas. Nunca escribo un tratamiento ni una escaleta completa para un largometraje, porque me resulta muy técnico y muy frío, ajeno a la vida. Para mi gusto, claro está [Ríe]. Y cuando veo que puedo empezar a saltar entre rocas, trato entonces de rellenar las distancias entre ellas. Puedo pasarme meses, quizá años, intentado rellenar esos huecos, pero lo hago convencido de que voy a llegar a la otra orilla. Así que llamo a mi mujer y a mi hijo y les informo de que probablemente no me verán en unos días, porque es muy importante para mí experimentar ese flujo mientras escribo. La sensación de estar levantando una construcción, mi puente. Durante este flujo, ocurren cosas inesperadas, cosas nuevas, que nunca me habrían pasado por la cabeza en un primer momento. Temas, imágenes, pequeñas secuencias en las que nunca había pensado.

El título de Sparrows (en español, Gorriones), ¿puede tener algo que ver con la idea de salir del nido y emprender el vuelo, evocando el paso a la vida adulta?

No era mi idea, pero creo que en México también lo interpretaron así: el título allí fue Despegando a la vida. Tiene sentido, de todas formas. Mi pensamiento original era que funcionase como metáfora del personaje principal: el gorrión es pequeño, frágil y tiene un canto precioso, como Ari. Por otro lado, todos mis personajes son frágiles. Los amo profundamente a cada uno de ellos. Muchos están trastornados, y eso hace que para nosotros sean más evidentes sus debilidades, pero creo que, en realidad, todos somos frágiles. Nadie está completo, todos tenemos algo que reparar, o cosas que nos gustaría mejorar. De modo que todos somos gorriones. No obstante, más tarde descubrí lo que simboliza el gorrión en las religiones: en todos los grandes libros, la Biblia, el Corán, etc., lo representan de la misma manera, como símbolo de inocencia pura y transición, incluso a veces con connotaciones celestiales. Y la mía es una historia sobre transición y sobre la pérdida de la inocencia, con todas esas personas rotas, así que tiene sentido. No sabía todo esto cuando elegí el título, y antes de saberlo ya estaba satisfecho. Pero después fue redondo.

¿Cómo dirigió a los actores adolescentes, para captarlos con naturalidad? ¿Hubo quizá improvisación?  

Sí, hubo improvisación. Toda buena dirección empieza con un buen casting. Y, para serte sincero, perdí la cuenta del número de adolescentes que entrevisté al preparar la película, ¡dejé de contar a partir de los ciento cincuenta, y vinieron muchos, muchos más! Actores no profesionales, sin técnica, pero justamente por eso habilitados para representar lo que son. Y mi trabajo, una vez que doy con las personas adecuadas, es guiarlas hacia lo que ellas tienen dentro, sin más. Puede parecer que no están actuando, pero es mucho más duro de lo que suena. Es difícil dejar tu corazón tan al descubierto, exponer tus auténticas emociones, y no todo el mundo está preparado para lidiar con una experiencia de este calibre. Por lo tanto, pienso que es importante que durante el rodaje ellos tengan cerca a gente en la que confíen, a profesionales, psicólogos…

_MG_8767Tanto en su primera película, Volcán, como en ésta última, los escenarios parecen estar muy ligados psicológicamente a los personajes. ¿Construye sus historias a partir de entornos determinados, o crea antes la historia y después busca los paisajes?

Ambas. Si bien, nada debe estar dentro del cuadro sin un propósito claro. No debe haber nada decorativo. Todo tiene que ser metáfora de algo, todo debe representar algo, aunque algunas metáforas no haya que entenderlas sino sentirlas. El público intuye las figuras, y eso crea un subtexto, una corriente subyacente a una historia.

Aunque Sparrows recuerda a otros relatos de iniciación clásicos, como puede ser El guardián entre el centeno de Salinger, ¿hay algún componente autobiográfico en ella? ¿Cuánto tiene Ari, el personaje principal, de Rúnar Rúnarsson?

Escribo y dirijo mis películas, y es importante para mí hablar sobre cosas que creo entender, así como dejar un trozo de mi corazón en cada película que hago. Todo está basado en mí mismo, en personas a las que amo, o puede haber elementos de ficción, que en cualquier caso llevan a mí, porque pueden estar sugeridos por mis experiencias, lo que otras personas me inspiran o mi inconsciente. Podría hablarte muy abiertamente sobre lo que hay de mí en estas películas y lo que soy yo, y tampoco me costaría señalar cuánto es ficticio, pero lo que tengo que respetar y no puedo contar es lo concerniente a las otras personas que amo, y que también están en mi trabajo.

Por último, ¿no cree que el desenlace de la película puede ser demasiado duro de aceptar para el espectador? Sus implicaciones resultan un tanto siniestras, por no decir problemáticas.

En la parte final de la película ocurren cosas horribles, pero creo que también se da un acto de enorme belleza. De gran fuerza. Es una situación donde a todo el mundo le gustaría hacer lo correcto, pero que no tiene vuelta atrás y no se puede arreglar. Y, sin embargo, sí se hace algo. Es una cuestión moral, y no trato de resolverla. Lo que está claro es que nuestro protagonista ha evolucionado: durante la película ha vagado de un sitio a otro, pero finalmente asume una grandísima responsabilidad que afecta no solo a su vida, sino a la vida de otras personas, y con lo que va a tener que cargar siempre. En general, intento que mis películas acaben dentro de las escalas grises de la vida, porque en la realidad no hay nada parecido a la felicidad pura. Hay momentos de eso, que todos vivimos, pero no puede durar continuamente. La vida es un conjunto de claroscuros. Por ello, procuro acabar siempre en esa zona, unas veces más hacia la luz y otras más hacia la oscuridad, pero me gusta verlos como finales honestos respecto al destino que aguarda a los personajes. Y siempre hay esperanza. Siempre hay una luz al final del túnel, solo hay que mirarla. Y, definitivamente, la de estas personas brilla con fuerza. 


_MG_8744


Fotografías: Lucy Ró (Instagram: @LucyRock212) 

Agradecimientos a Rúnar Rúnarsson y Javier Asenjo, de Surtsey Films 


 

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s