Una lección imprevista


En un momento tal vez todavía demasiado cercano al inicio de Demolición, el protagonista interpretado por Jake Gyllenhaal verbaliza en pantalla un mensaje que podría tanto dar la razón a quienes achacan a Jean-Marc Vallée un exceso de obviedad en cada película que factura como abrir una posibilidad narrativa interesantísima que le habría granjeado reconocimientos a favor de su cine. Un joven bróker de éxito acaba de perder a su mujer y se enfrenta a la realidad de su existencia, que no es otra que el vacío por dentro, escribiendo en unas peculiares cartas de reclamación a una empresa de máquinas expendedoras que siente, con sorpresa, que todo lo que ve a su alrededor se ha transformado en metáfora de la vida. Si la cinta tuviera inquietudes más complejas o, simplemente, avanzara de veras a través de las profundidades que pretende plantear, diríamos que Vallée habría roto la convencionalidad a la que condenaba a Dallas Byer Club y Alma salvaje, pero lamentablemente no es así. A metáfora verbalizada, metáfora que se cumple sin exploración efectiva: el protagonista desmonta a lo bruto su nevera, su ordenador y su hogar a golpe de maza deseando hallar lo que realmente importa, se esconda donde se esconda. Demasiado patente todo, demasiado poco desarrollo. Una única e inequívoca metáfora y poco más que contar.

Al igual que aquel vaquero terminal y aquella excursionista ante el titánico sendero de los dos títulos previos, el protagonista de Valleé sigue confeccionado bajo los mismos patrones de persona al borde del abismo y sus procesos de autodescubrimiento con ayuda de los demás – aquí una madre fumeta (Naomi Watts) y su hijo (Judah Lewis), personajes muy desaprovechados, casi comodín- para intentar llegar a la redención, en este caso más bien redefinición existencial de urgencia. Todas las debilidades del conjunto se le pueden achacar sin duda al guion de Bryan Sipe, aunque no menos responsable resulta un comodón y a la postre poco inquieto Vallée cuando se ha limitado a abrazar un libreto que repite y perpetúa los caminos tomados con anterioridad. Y así, en gran medida, el fantástico trabajo de Gyllenhaal podría apreciarse como una lección imprevista para el realizador, al demostrar que no es un problema en sí no abandonar los mismos conceptos, siempre y cuando se activen y exploren las posibilidades: el actor sabe modular a su conveniencia, explorando con resultados impecables casi siempre, unos registros delimitados mediante los cuales ha optado para construir su filmografía, mientras que Valleé continúa cinta tras cinta sin expandirse ni tan siquiera dentro de los estrechos parámetros automarcados.


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DEMOLICIÓN

Dirección: Jean-Marc Vallée.

Intérpretes: Jake Gyllenhaal, Naomi Watts, Chris Cooper, Polly Draper, Wass Stevens.

Género: drama,comedia. EE UU, 2015.

Duración: 100 minutos

 

 


 

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