Más sabe el diablo por viejo


Entre 2001 y 2006 el tándem formado por el director Alejandro González Iñárritu y el guionista Guillermo Arriaga se impuso en varios festivales y en muchas pantallas con una sorprendente mezcla de intensidad llevada al límite, maestría narrativa y efectismo visual y psicológico. Después llegó un divorcio tan sonado como el de cualquier matrimonio de Hollywood y, aunque cada uno siguió su camino, ha sido evidente que, en sus obras posteriores, y a pesar de la diversidad de enfoques, seguía habiendo trazas de los gustos y obsesiones del antiguo compañero y, en su día, amigo.

Sin hacer de menos al venezolano Lorenzo Vigas, director de Desde allá, galardonada con el León de Oro en el pasado Festival de Venecia y premio a la Mejor Ópera Prima en el de La Habana, hay que decir que en la urdimbre de esta película se aprecia en exceso la mano de Arriaga, guionista y autor de la historia que le dio pie.

El relato comienza y, en general, se desarrolla con buen pulso. La cámara de Lorenzo Vigas está atenta a sus personajes y sabe cómo mostrar sus emociones (quizá abusando en exceso del recurso a desenfocar el fondo para privilegiar la nitidez del primer plano). Asistimos al deambular del protésico cincuentón Armando Marcano por las calles de Caracas, en busca de jóvenes ante los que canalizar sus reprimidos deseos sexuales. Alfredo Castro, casi siempre siniestro, brinda en esta ocasión una interpretación mucho más inexpresiva que las que ofrecía en El Club o Tony Manero, ambas de Pablo Larraín.

La historia de Desde allá va cobrando cuerpo a medida que conocemos a Armando y al joven Elder (un magnífico Luis Silva, todo un descubrimiento), entre los que late explícitamente la tensión sexual. También se aprecia la tensión de clase social, en cierto modo tamizada por una especie de sobrevenida relación paterno-filial: ambas habrían merecido más atención del cineasta y la película se habría beneficiado de ello.

En su magnífico corto de 2004, Los elefantes nunca olvidan, producido por Arriaga, Vigas ya había demostrado el interés por las historias al límite y por la impronta que dejan los padres en los hijos (obsesión confesa de este director). Sin embargo, lo que en ese corto era concisión visual y emocional, aquí se desborda hacia direcciones trilladas, más preocupadas por causar impacto en el espectador que por ahondar en lo que bulle bajo una turbulenta superficie.

Es ahí donde un guion menos alambicado e inverosímil podría haber ayudado. El armazón, la idea de la película, tenían un gran potencial que se va desmoronando cuando la historia se torna previsible y el intercambio de roles entre el hombre maduro y el joven, entre el dominador y el dominado se vislumbra de lejos. Lorenzo Vigas parece haberse dejado llevar por la fuerza teórica de la propuesta, sin haber sabido contener ni matizar su plasmación cinematográfica. Por eso decíamos que aquí se detecta la presencia del Arriaga más excesivo y manierista (o de un Vigas discípulo aventajado suyo). A pesar de un diestro pulso narrativo y de una enérgica puesta en escena, a Desde allá le acaba pudiendo el artificio. Y es una pena.


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DESDE ALLÁ

Dirección: Lorenzo Vigas

Intérpretes: Alfredo Castro, Luis Silva, Jericó Montilla, Catherina Cardozo

Género: drama. Venezuela, México, 2015

Duración: 93 minutos

 

 


 

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