Apocalipsis brum-brum


Como sucediera en otros muchos ámbitos de la sociedad durante los años sesenta, el viejo orden de Hollywood se tambaleó ante una nueva era. El impulso cobró forma definitiva en los setenta, cuando una generación de jóvenes cineastas y un nuevo grupo de actores lucharon por sus películas y contra el establisment californiano de la cinematografía. A veces triunfaron y otras veces no. El libro Moteros tranquilos, toros salvajes (1998) de Peter Biskind un poco ha pasado a considerarse el relato general de referencia sobre ese momento, pero la aparición de documentales como Steve McQueen: The Man & Le Mans demuestra que quedarían capítulos y perspectivas por añadir. La época tuvo otro tipo de tipo protagonistas e historias igualmente emocionantes, más allá de las aventuras de Scorsese, Spielberg, Coppola y compañía.

El documental preparado por Gabriel Clarke y John McKenna adopta casi las maneras de Corazón en Tinieblas (1991), la crónica que detallaba la locura del rodaje de Apocalypse Now (1979), la opera magna que casi acaba con la carrera de Coppola. Bajo distintas coordenadas y alientos más pequeños, se activan los paralelismos entre aquella película bélica y el proyecto que después fue Las 24 horas de Le Mans (1971), empezando por los objetivos de convertir un film en experiencia de los sentidos: si Coppola pretendía colocar al espectador en mitad de la guerra de Vietnam, McQueen quería ponerle el volante entre las manos y que viviera la adrenalina, el peligro y la libertad que el actor encontraba dentro del automovilismo de carreras. La obsesión por el motor le llevó a querer rodar la película definitiva sobre el tema.

La producción, que impulsó el intérprete a través de su productora y contaba básicamente la carrera que hacía un piloto norteamericano con un Porsche 911S durante la mítica prueba de resistencia que cada año acoge el circuito francés de la Sarthe, también fue un cúmulo de anhelos irrefrenables, despropósitos, enfrentamientos contra el estudio y caos general en pos de la consecución de un sueño. El proyecto se convirtió en pesadilla – idas y venidas, meses y más meses avanzando a ciegas, cambio de director, accidentes, millones por el coladero, crónica negra hollywodiense como fondo, derrumbes personales y familiares de McQueen – hasta el punto de afectar al ánimo de la estrella de Bullit y El caso de Thomas Crown. Incluso, cuentan, su pasión por el cine nunca volvió a lucir igual.

Aunque Las 24 horas de Le Mans genere desde entonces entusiasmo entre los aficionados al automovilismo, Steve McQueen: The Man & Le Mans desgrana la crónica más bien agria que dulce de un fracaso. Y explica con propiedad que las ambiciones por la autoría no siempre las trajeron bajo el brazo aquellos realizadores cinéfilos que quisieron poner patas arriba el anquilosado mundo de los grandes estudios. Un genuino aliento artístico impulsó a McQueen, que intentó ser cineasta sin colocarse tras la cámara, con el mérito, además, que implicaba el riesgo desde un puesto sobre la cumbre del sistema. El documental atesora también un fantástico y numerosísimo material de archivo, buena parte inédito: un lujo inmenso para cualquier documentalista, y el rescate de esta empresa se presenta así con el mejor lustre posible.


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STEVE MCQUEEN: THE MAN & LE MANS

Dirección: Gabriel Clarke, John McKenna

Género: documental, drama, historia del cine. Estados Unidos, Reino Unido, 2015

Duración: 102 minutos.

 

 


 

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