El gran chapuzón


En 1964 John Cheever publicó un cuento magistral titulado El nadador (llevado después al cine por Frank Perry), en el que tomaba ese símbolo de la posición social como metáfora de la infelicidad que esconde el mundo aparentemente luminoso de los afortunados de la tierra, de los narcisos que corren el riesgo de morir embelesados con su propia imagen.

Quizá con parecidas intenciones, Luca Guadagnino, que en su anterior película, Yo soy el amor, hacía una relectura de Visconti, aquí se inclina directamente por el remake, partiendo del filme La piscina de Jacques Deray. Pero, ¿para qué volver sobre esta obra? ¿Qué es lo que pretende decir hoy Guadagnino al retomar la morbosa y pasional historia que en 1969 encarnaran Delon, Schneider, Ronet y Birkin?

El director se ha referido al deseo de reivindicar, frente al “conservadurismo” actual, la libertad que legó precisamente la década de 1960. Marianne y Paul (Tilda Swinton y Matthias Schoenaerts), felices en su retiro italiano después de superar aparentemente una vida de excesos en torno al mundo del rock, tienen que hacer frente a la invasiva llegada de Harry (Ralph Fiennes), antiguo amor y exproductor de Marianne, y su hija (Dakota Johnson), una perniciosa y malcriada Lolita, que pondrán patas arriba su tranquilidad.

Los personajes han cambiado mucho: la Marianne y el Paul de Deray, interpretados respectivamente por Swinton y Schoenaerts, no resultan en absoluto tan inquietantes como la pareja que componían Schneider y Delon, sino que se nos muestran como seres mucho más vulnerables y menos turbios, claramente satisfechos con su relación, de manera que la trama que plantea la película, la tensión sexual entre esta pareja y los recién llegados (que, a pesar de ser padre e hija, también son una “pareja” si atendemos a los guiños incestuosos), pierde aquí bastante fuelle. Por otra parte, los papeles del viejo rockero Harry (magnífico y cargante Fiennes, en un papel infrecuente en él, pero algo cercano al que interpretaba en Perdidos en Brujas) y su seductora hija sí ahondan en la carga perturbadora de los «intrusos» originales de Deray.

Guadagnino pone frente a frente dos formas distintas de abordar el pasado por parte de la generación que ha superado con creces los cincuenta. Unos pretenden, como Harry, seguir por donde solían, reivindicando sin matices su forma de vida juvenil, aunque sea a costa de la felicidad ajena; otros, como Marianne, quieren iniciar una nueva vida que, en cierto modo, contradice lo que antes han sido. En realidad, la Marianne de Swinton, al igual que la Emma Recchi de Soy el amor (también interpretada por Swinton), quiere escapar de sí misma, de su pasado, a través del amor. Sin embargo, mientras que allí abandonaba la vida acomodada de una mujer rica para lanzarse al vacío, aquí deja atrás las turbulencias del pasado, encarnadas por su azarosa vida como estrella del rock y por su ex amante Harry. Ahora solo quiere vivir tranquila junto a su nuevo amor, más joven que ella, aunque esa opción suponga en cierto modo aceptar de buen grado, como ella misma admite, un “collar y una cadena”. En realidad, son las dos caras de una misma rebeldía que busca romper con una realidad insatisfactoria.

A esos dos intentos contrapuestos de superar el pasado asisten Paul, nueva pareja de Marianne, y Penelope (excelente Dakota Johnson), que, como su padre, está dispuesta a todo para conseguir lo que quiere, aunque no sepa muy bien qué es.
Todo esto Guadagnino, declaradamente moderno, lo cuenta adoptando un tono visual y sonoro juguetón, e incluso frívolo, como si no se tomara muy en serio a sus personajes: esa es la sensación que producen el impúdico y un tanto tedioso alarde de juventud tardía de Fiennes al ritmo del Emotional Rescue de los Rolling Stones (omnipresentes en la película, recalcando el contraste entre pasado y presente), la sobreactuación de Swinton al encontrar un cadáver en su piscina o su conversación final con el policía bajo un aguacero.

De manera que esta nueva y resultona metáfora de la piscina como símbolo del placer, el aislamiento y quién sabe qué más cosas (los inmigrantes que llegan a las costas italianas también aparecen brevemente para darle otro toque de actualidad al relato) no acaba de mostrarnos con claridad ni sus intenciones ni su verdadero trasfondo. Guadagnino es moderno, no cabe duda. Lo demuestran el irreverente salpicón de géneros que encontramos en sus películas, las múltiples referencias (musicales, literarias e incluso ideológicas) que las entrecruzan y la ambigüedad de sus personajes. Sin embargo, como en el cuadro de David Hockney, que es el que en realidad da título a la cinta (A Bigger Splash), después de verla nos quedamos pensando quién se ha tirado o caído realmente a la piscina y para qué.


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CEGADOS POR EL SOL

Dirección: Luca Guadagnino

Intérpretes: TiTilda Swinton, Ralph Fiennes, Dakota Johnson, Matthias Schoenaerts

Género: Drama, Thriller. Italia, Francia 2015

Duración: 124 minutos

 

 


 

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