Herencia y personalidad


La sombra del Studio Ghibli es alargada y, tras el anuncio de retirada de Hayao Miyazaki en 2013, a los amantes del anime japonés se les ha metido entre ceja y ceja la necesidad de señalar un sucesor. Mamoru Hosoda es el elegido para muchos por su poder narrativo y elegancia estética. De hecho, aunque fue rechazado por Ghibli cuando presentó su candidatura recién terminada su formación, años más tarde fue el primer director ajeno a este estudio contratado para dirigir una película suya, El castillo ambulante. Sin embargo, Hosoda se retiró en las primeras fases del proyecto por diferencias conceptuales. Aunque, si los bocetos que circulan por Internet son fiables, gran parte de sus ideas, sobre todo respecto al diseño del castillo, se mantuvieron en la película finalmente dirigida por Miyazaki. Se podría concluir, por tanto, que el maestro ya le dio su bendición. Por otra parte, la Academia Japonesa de Cine también lo tiene claro y ha premiado todos sus trabajos hasta la fecha (La chica que saltaba a través del tiempo, Summer Wars, Wolf Children y la propia El niño y la bestia) como Mejor Película de Animación en 2007, 2010, 2013 y 2015 respectivamente.

En su nueva obra, como en sus anteriores trabajos, la fantasía, la ciencia ficción y lo sobrenatural tienen vital importancia envueltos en un relato naturalista de lo cotidiano con buenas dosis de humor. Siguiendo estas pautas, El niño y la bestia describe el proceso de aprendizaje de dos personajes, en un principio bastante opuestos, que llegan a considerarse padre e hijo. Si en Wolf Children Hosoda nos hablaba de la maternidad (tierno homenaje a su propia madre, que le crió sola), en su nuevo proyecto nos cuenta la problemática de la paternidad y nos plantea que, durante la educación, ambos sujetos evolucionan y, quizá, el adulto incluso más que el niño.

La película se estructura en dos bloques, el primero es más cómico e infantil. En él se presenta a los personajes y se consigue una conexión emocional inmediata con ellos, sentándose además las bases del conflicto de aprendizaje y las tensiones entre Kyuta y Kumatetsu, entre el niño y la bestia. Si bien la acción comienza en Tokio, donde se muestran imponentes escenas de ese ya icónico paso de cebra frente a la Estación de Shibuya, en el cual los coches se detienen en todas direcciones, los peatones inundan la intersección por completo y el espacio está dominado por los carteles publicitarios al más puro estilo Times Square; la mayor parte del tiempo transcurre en Jutengai, el mundo de las bestias, cuya bucólica atmósfera redobla su efecto en comparación con la Shibuya urbana.

El segundo bloque, tras una elipsis de ocho años, nos presenta a un Kyuta adolescente que descubre la forma de volver al mundo humano, donde entra en contacto con una chica, Kaede, y con su verdadero padre. En esta parte se tratan temas más adultos en los que Kyuta, y también su antagonista, Ichirohiko, no se enfrentan a otro oponente más que a sí mismos. Se despliega así el conflicto central de la obra: el crecimiento personal, para el que es necesario deshacerse de los lastres del pasado y avanzar hacia un profundo conocimiento de uno mismo. Este bloque se desarrolla principalmente en Shibuya, donde se llega a un intenso clímax con una sobrecogedora batalla final tan líricamente hermosa que su duración se hace insuficiente.

Puede considerarse un avance en la obra de Hosoda este salto de los entornos rurales de Summer Wars y Wolf Children, situados en las prefecturas de Nagano y Toyama respectivamente, a este fascinante ambiente urbano en constante evolución de la ciudad de Tokio. Otra diferencia con sus anteriores trabajos es la ruptura del tándem que formó desde su primera película con el diseñador de personajes Yoshiyuki Sadamoto, siendo el propio Hosoda quien asume este rol. Visto el resultado, no parece que se haya equivocado pues construye unos personajes fascinantes, en especial el trío de bestias Kumatetsu, Momoaki y Tatara, cuyas interpretaciones están a la altura de los más carismáticos actores reales.

La trayectoria de Hosoda parece imparable, en especial ahora que ha conseguido producir este última creación en solitario con su propio estudio, prescindiendo de Madhouse, compañía a la que estaba ligado desde 2005. Además, en este trabajo también consolida su relación con el músico Masakatsu Takagi, quien ya colaboró con Hosoda en su anterior proyecto, Wolf Children, y cuya banda sonora llega a adquirir una trascendencia sublime comparable a la de las creaciones de Joe Hisaishi en las obras del Studio Ghibli. Se cierra así el círculo, Hosoda ha sabido asimilar gran parte de las virtudes del que ha sido el estudio puntal de la animación japonesa y mundial, pero sin renunciar a su propio talento creativo tanto en la temática como en la estética, tal y como le aconsejó el propio Miyazaki en su carta de rechazo de Ghibli.



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EL NIÑO Y LA BESTIA

Dirección: Mamoru Hosoda

Guión: Mamoru Hosoda

Género: Animación, Acción, Aventura. Japón, 2015

Duración: 119 minutos

 

 


 

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