Un mundo feliz


En un momento cultural en el que los debates en torno al género de misterio giran cada vez más sobre cuestiones de guion y cálculo, y menos sobre lo puramente cinematográfico, la premisa de La Invitación no puede resultar más prometedora: en una de las mejores escenas de la película, todavía durante el primer acto, un personaje expone a otro sus creencias sobre la posibilidad de controlar por completo los golpes más salvajes del azar mediante la plena racionalización del dolor, escenificándose de manera clara uno de los temas que vertebrarán el cuarto largometraje de la directora Karyn Kusama, el pulso entre el control (obsesivo) y el caos. La Invitación ha coincidido en cartel con la excelente El regalo (Joel Edgerton, 2015), y ambos títulos comparten la misma gran baza autorreflexiva: la película protagonizada por Jason Bateman (decisión de genio ese fichaje, por cierto) utiliza brillantemente las constantes del thriller como herramienta para cuestionar y subvertir a unos personajes tremendamente normales, y el estreno que nos ocupa también se sirve del terror para hablar sobre su impacto en la vida como un elemento no solo inevitable, sino necesario.

Con un arranque potente que ya introduce de lleno al espectador en la cuestión principal, y todo un tramo inicial ejemplarmente desarrollado, es, sin embargo, muy decepcionante la manera en que se desinfla todo una vez descubierto el pastel –es una expresión, pero también es literal: realmente todo va cuesta abajo desde una escena en la que sacan un pastel–. Las intenciones narrativas de Kusama no son más complejas que la típica estrategia de tensar un muelle lo máximo posible hasta soltarlo y hacerlo reventar, pero, en realidad, su gran golpe de efecto parece más bien el producto de un zapatazo airado ante la pereza de traducir su buena idea de base a una mínima lógica dramática. Dejar que el terror irracional se adueñe de una propuesta que en sus compases previos había medido al detalle cada información tiene sentido porque la película va sobre esa dualidad; el problema es que no hay terror, no hay ninguna imagen memorable ni inquietante (una lástima sabiendo de los precedentes de su talentosa responsable, aquí irreconocible: un patito feo con tan mala prensa como Aeon Flux (2005) tenía en su dislate bastante más cine), sino solo una setpiece poco ingeniosa tirando a chapucera y, especialmente, una tesis clara desde los quince minutos a la que, de manera paradójica, se agarra con la fe de un fanático, olvidándose de otorgar mayor aliciente a una historia que pide a gritos chifladura pero apenas la esboza. La Invitación sabe a demasiado poco.


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LA INVITACIÓN (The Invitation)

Dirección: Karyn Kusama

Guion: Phil Hay y Matt Manfredi

Intérpretes: Logan Marshall-Green, Tammy Blanchard, Michiel Huisman, John Carroll Lynch, Emayatzy Corinealdi, Aiden Lovekamp

Género: intriga. Estados Unidos, 2015

Duración: 100 minutos

 


 

 

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