Despachando monstruos


Desde sus comienzos como guionista, hasta hacerse después productor y director, J.J. Abrams siempre ha llevado con orgullo y por bandera la influencia de Steven Spielberg, al que acabaría rindiendo total pleitesía bajo el sello Amblin en Super 8 (2011). Aunque podría ponerse en tela de juicio el verdadero valor de sus trabajos estrictamente como director –al fin y al cabo, donde el Rey Midas de Hollywood demostró genio, Abrams apenas ha pasado de manejar su caligrafía–, al cineasta neoyorkino se le debe reconocer una posición de alumno aventajado por su paradigmática irrupción en el blockbuster actual: del mismo modo que Tiburón (1975) cambió para siempre el modo de concebir el cine espectáculo, las producciones de Bad Robot (propiedad de Abrams) han sido las que han determinado la manera de proceder en la era de Internet, saboteando la saturación y la sobreexposición de su tiempo con campañas basadas en justo lo contrario, el cuentagotas. La exitosísima promoción de Star Wars: El despertar de la fuerza (2015) ha sido un claro ejemplo, pero es algo que lleva poniendo en práctica desde la serie Perdidos (2004–2010), y que en 2008 ya se materializó en una de las películas más rentables de todos los tiempos: Monstruoso (Cloverfield). De título desconocido hasta dos meses antes del lanzamiento, las primeras noticias de la existencia de Monstruoso aparecieron el verano anterior, con un spot de solo unos segundos donde únicamente se anunciaba la fecha del estreno. Conforme hubo sabiéndose que la película trataba sobre algún tipo de invasión en Estados Unidos, Abrams y los suyos se empecinaron en esconder el aspecto real de la amenaza, de manera que nadie supiera con exactitud todavía qué clase de película iba a ver llegado el día de la proyección. ¿Había algo más allá de esta, efectivamente, monstruosa campaña? Lo cierto es que sí: tantos árboles podrían no haber dejado ver el bosque, pero la película dirigida por Matt Reeves se trataba de una de las monster movies más singulares e ingeniosas jamás realizadas, rebosante de talento y ganas de divertir(se).

Con el debutante Dan Trachtenberg ahora a los mandos, Calle Cloverfield, 10 se abre justamente con una brillantísima referencia a Spielberg: el vaso de agua temblante anunciando la llegada del monstruo en Parque jurásico (1993)… solo que aquí no llega ningún monstruo, y la sacudida se produce por los movimientos bruscos del personaje de Mary Elizabeth Winstead, en pleno ataque de nervios. Es la inteligente manera que tiene la película de, por un lado, jugar con las expectativas de un espectador que desde el principio se está preguntando cómo va a conectar la película con su antecesora (si es que lo va a hacer) y, por otro, de presentarnos al verdadero monstruo: mientras en Monstruoso una bestia que dejaba asolada e incomunicada a toda una ciudad servía, sin embargo, casi como deus ex–machina para hacer posibles dos historias de amor entre gente que no se comunicaba bien, en Calle Cloverfield, 10 todo, desde ese arranque hasta la ambientación de la película bajo un subsuelo, remite de forma evidente al monstruo interior como desafío a superar. Romanticismo Abrams™.

Pueden surgir muchísimas dudas durante su desarrollo, y este emisario tuvo de verdad unas cuantas en el pase de prensa, pero la manera en que la película es resuelta (que ya está siendo y seguro que seguirá siendo muy criticada) no deja a un servidor más alternativa que la de considerarla incontestable. Al margen de cuestiones de producción, de cuál fuera el origen exacto del proyecto y demás asuntos que se están discutiendo como determinantes para valorar si la última carambola es genialidad o estafa, en realidad pocos dípticos se complementan tan armónicamente –no tanto en lo narrativo, sino en la forma de esta narración– como Monstruoso y Calle Cloverfield, 10: si la primera enmascaraba, bajo el aparente desaliño del found footage aleatorio (incluso con saltos de metraje), una perfecta trama canónica con la progresión de su arco medida al milímetro, la segunda basa su misterio en todo lo contrario, con una narración tan transparentemente construida, tan clara y tan fuerte como para desesperar durante un buen largo rato al enteradillo… hasta volarlo por los aires. Como película de intriga se ve con gusto; como artefacto de evasión improbable y único de su tiempo, desde luego, merece honores.


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CALLE CLOVERFIELD, 10

Dirección: Dan Trachtenberg

Guion: Josh Campbell, Matthew Stuecken y Damien Chazelle

Intérpretes: Mary Elizabeth Winstead, John Goodman, John Gallagher Jr.

Género: intriga. Estados Unidos, 2016

Duración: 103 minutos

 

 


 

 

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