El filósofo y la peluquera


Jennifer y Clement están enamorados y la lectura es probablemente el único punto en común que comparten. Jennifer es peluquera; Clement, filósofo. Proceden de dos educaciones diametralmente opuestas y ocupan lugares diferentes en el ecosistema social. Hay mucha diferencia entre las concepciones del mundo que han ido elaborando durante sus experiencias de vida  y, en consecuencia, también entre las herramientas para enfrentarse a ella. Los libros, entonces, tienen un papel definitorio en su relación, que viene contada en No es mi tipo: se los intercambian, se los regalan. Leen los del otro… o al menos ella lo hace.

Si ya en la primera cita el filósofo petulante y de personalidad laberíntica lee a Dostoyeski, mientras que la peluquera jovial y desenvuelta, con los pies bastante más firmes sobre la tierra, declara su gusto por Anna Gavalda, hay a lo largo del largometraje escenas a cuenta de los libros que caracterizan a la perfección está inusual película romántica, a la vez que servirían para teorizar sobre la manera de relatar una historia de amor, de cómo la pueden percibir quienes la leen o ven sobre una pantalla. Seguramente es una especie de tesis que sostiene el director belga Lucas Belvaux y aquí vendría a aplicar. En una de esas escenas, los enamorados hablan de una novela de Zola, y ella comenta que disfruta el placer de la historia en sí y de momentos como la descripción de la protagonista, pero él le replica que lo realmente importante de la narración no es la peripecia de los personajes sino el relato de una sociedad, de un tiempo.

Las peripecias sentimentales y humanas de un hombre y una mujer demasiado diferentes, y el mundo de una ciudad de provincias europea cualquiera, son pues la materia prima que elabora el film. Y lo hace mediante un punto de vista doble, algo poco habitual en este tipo de películas, adoptando a partes iguales la visión de Jennifer – de nuevo una magnífica Émilie Dequenne, tras esos inolvidables papeles en Rosetta y Perder la razón – junto a la de Clement. El resultado de dicha decisión genera otra consecuencia doble, que las emociones se pongan a flor de piel – como eficaz y honesta película romántica – y al mismo tiempo invite a la reflexión. Porque sí, No es mi tipo hará que el espectador se ponga a cavilar. Y mucho. Tanto que las identificaciones con los personajes, esos procesos que por ejemplo experimenta la Jennifer con  los de Zola, podrían causar después demasiado dolor a más de uno y a más de una entre el público cuando se piensen en ellas.


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NO ES MI TIPO

Dirección: Lucas Belvaux.

Intérpretes: Émilie Dequenne, Loïc Corbery, Sandra Nkake, Anne Coesens.

Género: drama. Francia, 2014.

Duración: 111 minutos.

 

 

 


 

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