Día tan hermoso y a la vez tan horrible

Santiago Alonso 


Ante esa reductora afirmación de que «hoy en día Shakespeare escribiría para la cadena de televisión HBO», que de tanto repetirla se convierte en un tópico sin gracia y acaba revelando su auténtica naturaleza de simplón lema publicitario, en el acercamiento actual al dramaturgo inmortal cabría oponer actitudes más inquietas, y seguramente más satisfactorias, para las almas de los espectadores y los creadores. Una sería detectar cómo su imperecedera modernidad se sigue filtrando en diferentes ámbitos de la narrativa aún a día de hoy; y otra, tratar de levantar montajes de sus obras según las opciones de la puesta en escena del teatro cinematográfico, una forma teatral complementaria que, desde luego, brinda unos recursos estéticos y unas posibilidades de las cuales el modelo serial, la narración por entregas, carece. En 2015, mientras la llegada a las librerías de la obra Un mundo, un escenario, de los imprescindibles ensayistas Jordi Balló y Xavier Pérez, se ocupa precisamente de rastrear e identificar a Shakespeare como parte de un relato todavía en marcha y sin fin, hay un director australiano que demuestra que, más allá de dicha vigencia, las mismas obras están vivas, y que su montaje escénico permite todavía un campo fecundo para la expansión dentro de la contemporaneidad. El director se llama Justin Kurzel y su magnífica adaptación de Macbeth constituye un modélico ejemplo.

Aunque emplee un texto que reduce en una parte amplia los diálogos y parlamentos de la obra, Kurzel trabaja obviamente —y en absoluto lo hace a la ligera— sobre las palabras de Shakespeare, y la sinergia que establece con la labor de los intérpretes es el primero de sus principales esfuerzos: desde luego, la elección de Michael Fassbender y Marion Cotillard se demuestra abrumadora, felicísima de principio a fin, con intervenciones de antología: para recordar, por ejemplo, la muerte de Lady Macbeth. Después, tras ese vaciado de líneas escritas, pero no de las esencias, el director adopta una mirada casi «antropológica», muy ruda, de la Escocia del siglo XI y su entorno natural —se palpa, se huele lo que nos trae la pantalla. Y por último opta por una extremidad cromática que individúa las escenas, acentuando la violencia, que nos salta a la cara. Están ahí y palpitan las profecías de las tres brujas, los asesinatos, el vértigo de las ambiciones, las angustias que genera el sentimiento de culpa, el nihilismo… Shakespeare comparece con brío y perpetuidad, al igual que ese «día tan hermoso y a la vez tan horrible», como si fuera la primera vez que los espectadores lo viéramos nacer.



 

MACBETH

Dirección: Justin Kurzel.

Intérpretes: Michael Fassbender, Marion Cotillard, Paddy Considine, David Thewlis.

Género: drama. Reino Unido, 2015.

Duración: 113 minutos.

 

 


 

 

 

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