El disparate os sentaría tan bien…


En la Historia del cine, el clown se escribe con letras doradas a principios del siglo XX, en el esplendor del cine mudo. La limitación sonora espoleó la creatividad en la búsqueda de maneras de contar historias en imágenes, provocando una deliciosa hipertrofia de su lenguaje narrativo. Pero el advenimiento del sonido no mató al payaso. De la verborrea descontrolada de Roberto Benigni a la desfiguración contorsionista de Jim Carrey, la esencia del personaje sigue viva. Sin embargo, y quizás por las limitaciones de la época, los maestros de la técnica aparecieron en las primeras décadas del siglo pasado, y pocos fueron los que sobrevivieron al cambio de formato. El sonido no mató al clown, pero le estrechó el cerco.

Uno de esos supervivientes, el que probablemente sea el clown más importante de la cinematografía mundial, fue Charlie Chaplin. Genio en vida, el actor y director inglés alcanzó el reconocimiento internacional y se mantuvo como pilar indispensable del cine hasta el día de su muerte. Su poder de influencia fue tan poderoso, que continuó después de muerto. Y no me refiero a su legado, sino a su cadáver. En 1978, dos ladrones decidieron robar su féretro para posteriormente extorsionar a la familia del fallecido. Un suceso que podría haber estado en alguna de las obras de Charlot y que pedía a gritos una adaptación cinematográfica.

El encargado de llevarla a cabo ha sido Xavier Beauvois, que, junto a Étienne Comar, adapta libremente esta historia. Partiendo de un personaje disparatado y una premisa disparatada, sólo había sitio para una película disparatada, pero ésta se queda a medio camino entre el drama y la comedia y desaprovecha el sugerente material. La construcción de los personajes y las situaciones previas al robo funcionan, siendo un acierto el tiempo que se toma para cimentar el terreno. El problema llega tras la exhumación. El hueco que deja el cadáver es el pozo en el que cae la narración, un agujero negro que succiona el interés y estira el minutaje.

El director francés convierte la película en una oda a Chaplin y su cine, pero el fan no termina de entender al maestro. Desde la premisa hasta la naturaleza de los personajes, el clown está por todas partes, pero sabe a impostura. El mayor desacierto aparece en la subtrama circense, no sólo innecesaria a nivel narrativo sino un disparo en el pie del clown. Su intento por continuar el homenaje muestra las carencias del profano, ese que cree que el payaso se limita a poner muecas y gesticular vigorosamente. Ausencia de esencia en su continua presencia.


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EPDLF-cartel400px.jpg_rgbEL PRECIO DE LA FAMA

Dirección: Xavier Beauvois

Guion: Xavier Beauvois y Étienne Comar

Intérpretes: Benoît Poelvoorde, Roschdy Zem, Séli Gmach, Chiara Mastroianni, Nadine Labaki, Peter Coyote

Género: Comedia dramática, Francia-Suiza-Bélgica, 2014

Duración: 110 minutos

 


 

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