‘Déjà vu’ de cine impuro

Santiago Alonso 


El veterano Israel Horovitz tomó el sistema viager como premisa de su drama teatral My Old Lady. Esta es una peculiarísima probabilidad habitacional que existe en Francia, y al autor le vino como anillo al dedo para sus intenciones. Completamente legal en nuestro país vecino, dicho sistema ofrece una alternativa de compra y venta por la cual el comprador efectúa cada mes una parte del pago, mientras que el vendedor sigue ocupando la casa hasta su fallecimiento: una vez muera este, el comprador pasará a disfrutar plenamente de la propiedad. Ambas partes se benefician, si bien pueden surgir varios inconvenientes, como una larga vida de quien venda, pero sobre todo se convertirá en una pesadilla, si las cosas se tuercen, para los herederos de unos y otros: los del comprador se verán obligados a continuar pagando y los del vendedor deberán asumir cuanto antes que no poseen su casa. Y estas últimas circunstancias le sirvieron a Horovitz de territorio dramático donde contar su historia de resentimientos paternofiliales, de familia como maldición a cuestas y de hijos derrotados ante la figura de sus progenitores.

Tras una carrera de décadas, varias decenas de obras destinadas a las tablas y una ocasional labor de guionista, el dramaturgo afronta su primer largometraje como realizador (¡a los setenta años!) con una adaptación de este drama, que ha conocido el éxito dentro y fuera de Estados Unidos. Para Mi casa en París las cartas le vienen muy bien dadas, empezando porque cuenta con los servicios de tres intérpretes de la talla de Maggie Smith, Kevin Kline y Kristin Scott Thomas. El hecho de que reelabora un trabajo anterior propio parece a priori otra baza que anuncia una llegada a buen puerto. Pero solo lo parece, porque cuando vemos la película, comprobamos que no ha sido así. Y precisamente se debe, lo que termina resultando peor incluso, al tratamiento por el que optado. El desarrollo del filme encierra una inesperada paradoja: como si temiera el rechazo al hecho teatral que define el carácter de la obra, Horovitz amplía escenarios, personajes y situaciones en pos de una fatalmente entendida visión más cinematográfica. El resultado está compuesto por un núcleo argumental de mucho interés que vuelve a la pantalla cada cierto tiempo —las escenas en la casa—  y por una serie de partes impostadas, ciertamente livianas, estériles, que desequilibran sin remedio el conjunto. Solo encontramos unos poderosos cara a cara entre los protagonistas y el déjà vu de lo que pudo ser un cine impuro de categoría, nada más.


MY_OLD_LADY_05


MCEP

 

MI CASA EN PARÍS

Dirección y adaptación: Israel Horovitz

Intérpretes: Maggie Smith, Kevin Kline, Kristin Scott Thomas, Dominique Pinon.

Género: drama, comedia. Estados Unidos, Francia 2014. 

Duración: 106 minutos.

 


 

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