Buscando a la vecina perdida


A medio camino entre la consabida historia de paso hacia la vida (más o menos) adulta de unos estudiantes de instituto norteamericano según los estándares y los aires a una intriga cercana al género policiaco para lectores jóvenes, más unas gotas de road movie durante su final, Ciudades de papel (2008) es la tercera novela de John Green, autor superventas dentro de la ficción Young Adult, amén de video-bloguero con gran predicamento. El argumento desarrolla, prestando especial cuidado en reflejar la psicología de los adolescentes, la investigación a pocos días del final del curso que lleva a cabo un chaval llamado Quentin para encontrar a su desaparecida vecina Margo, amor platónico desde la infancia y de carácter diametralmente opuesto al suyo. La obra ganó incluso el premio Edgar en dicha categoría otorgado por la Asociación de Escritores de Misterio de Estados Unidos y ahora se hace película bajo la dirección de Jake Schreier (Un amigo para Frank) y según libreto de Scott Neustadter y Michel H. Weber, ya guionistas de la versión de Bajo la misma estrella, el título más famoso de Green y después taquillazo.

Difícil explicar las claves de la intriga sin que se revelen los efectos sorpresa a los que desemboca su resolución (y el sustrato ideológico que la sustenta), pero hasta donde permite la prudencia se puede contar que la obra, libro y película, radiografía desde posiciones marcadamente moderadas a unos personajes que ejemplifican la Norteamérica acomodaticia frente a otra inconformista, el intento de la primera de entender a la segunda. Una imagen resume a la perfección este contraste, que además supone el punto de partida al reguero de pistas que sigue el protagonista a fin de resolver el misterio: un póster con la fotografía del cantautor Woody Guthrie y su guitarra del “This machine kills fascists”, cubriendo el exterior de una ventana del dormitorio de la chica más popular del lugar, en una casa de idílica urbanización de Florida.

Un curioso compuesto: Guthrie, Walt Whitman y sus Hojas de hierba, adolescentes pardillos y adolescentes triunfadores, preguntas sobre qué es verdad, qué es fachada y qué mentira, fiestas salvajes y baile de fin de curso como exigen los cánones, reflexiones sobre lo que significa creerse especial y lo que significa reconocerse normal. Con muy pocos cambios y con frases de diálogo y voces en off extraídas tal cual de entre las páginas del libro, en apariencia la adaptación al cine presenta intactos casi todos estos elementos, aunque también abandona un par de puntos fundamentales, algo que resta espesor al largometraje y lo aligera sobremanera. Sorprende (o no) comprobar todavía cómo existen ciertas líneas tabú cuando se trata de un largometraje para adolescentes, mientras se traspasan sin problemas dentro de una obra escrita. La película Ciudades de papel elimina de un plumazo uno de los temas que planean con mayor angustia sobre la novela, y es ese del suicidio. Y también los guionistas resuelven el misterio final despojándolo de gran parte de sus resonancias notoriamente políticas. Eso sí, pese a lo liviano, no deja de alinearse con las posturas de la defensa de la apacible y conservadora uniformidad que manifiesta John Green ante sus lectores.



Ciudades de papel_Póster (444x640)CIUDADES DE PAPEL

Dirección: Jake Schreier

Intérpretes: Nat Wolff, Cara Delavingne, Ausntin Abrams, Justice Smith, Halston Sage

Género: drama, thriller, romántica. Estados Unidos, 2015.

Duración: 109 minutos

 


 

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