***El artículo revela elementos del argumento para el futuro espectador***

He visto dos veces esta película de David Fincher. Fue después de la primera vez, cuando supe que el guión es una adaptación de la autora Gillian Flynn de su propia novela, un bestseller que hace dos años desbancó a Cincuenta Sombras de Grey de la lista de ventas (hasta ese punto), pero no he leído el libro. Tras revisar varias críticas, y hasta el análisis que una psiquiatra hace de los personajes, confirmé en otros lo que yo sentí cuando salí del cine: esta película habla de emociones muy complejas como para asimilarla de golpe, esta película me va a dar que pensar un par de días. Y así me dejó. Estaba deseando comentarla con alguien. Al cine fui con mi abuela, de 94 años, que está muy bien de salud, pero como era de esperar, en varios momentos se durmió, y justo,  en los minutos del final, cuando yo andaba con el corazón en la garganta, ella me apresuraba porque necesitaba salir al baño. Con mi abuela no pude hablar mucho más allá de su comentario acerca de lo “ligera de cascos” que le pareció Amy (Rosamund Pike), observación que, bien mirada, no deja de aportar algo, pues en esta película se habla de los roles de poder que se reparten las parejas de larga trayectoria: las dinámicas psicológicas que se desatan en las relaciones largas, por ejemplo, en un matrimonio. Precisamente el poder sexual que ejerce Amy – o que ejerce cualquiera al comienzo de una relación -, es el que se ve amenazado por la infidelidad de Nick (Ben Affleck).

Se ha comentado por ahí que la visión de Nick y Amy varía según la persona, sobre todo según el género de aquel que emite opinión. Amy es una heroína a la altura de las grandes vengadoras de la mitología, algo así como la Medea de Missouri.  Yo tengo que confesarlo, se despertó mi parte perversa, cuando descubrí que Amy seguía viva y que su desaparición consistía en un malévolo e inteligente, milimetrado, plan de venganza: me alegré, sonreí, pensé, esa tía es un crack y Ben Affleck pagará el pato por todos los infieles de este nuestro planeta tierra. Claro que, no obstante, las cosas son más complicadas. Fue ese mismo día, ya de noche, tomando unas cervezas, cuando me puse a hablar con un chico, lo había conocido un par de días atrás, él también había visto la película esa tarde. Yo llevé la conversación a terrenos metafísicos, sopesando los motivos por los cuáles ella no consumó su venganza, ¿por qué, después de todo, decide volver? Parece que, a fin de cuentas, más fuerte que la venganza, es la otra vía que queda abierta: atraparlo, esta vez con ataduras muy férreas. “He matado por ti”, le llega a decir.  Y por supuesto: la amenaza del qué dirán. Este chico, mi interlocutor de aquella noche, lo dijo, a modo de síntesis, aunque tal vez ya estaba más que claro: la película es una crítica a la institución del matrimonio. El final es como una metáfora de algunos matrimonios, infelices, donde los cónyuges están atrapados, pero como en El Ángel Exterminador, no es por una barrera física que no salen, sino el puro miedo.

Ya he mencionado a Medea, pero todavía no a Hera, ni tampoco algo que, aunque implícito, no deja de retumbar en el trasfondo queriendo tomar forma con las palabras: los celos. Hera, diosa consorte de Zeus, se dedica, en la mayoría de los episodios mitológicos que protagoniza, a vengarse de las amantes del padre de los dioses. Los trabajos de Hércules son el ejemplo más sangrante de los límites insospechados que alcanzan los celos, y la consecuente sed de venganza, de una mujer engañada. Muchos son, también, los ejemplos del teatro del Siglo de Oro español, si bien es cierto que en esas obras son los hombres y no las mujeres quienes defienden su honor, tomando la justicia por su mano. Mientras tanto, el común de los mortales no llegamos a esos extremos. Si te engañan, sientes una pena muy grande, entras en cólera (y viceversa, y las dos cosas a la vez), lo dejas,lloras, no lo dejas, cólera,  piensas en cómo vengarte-y todo es tan inocente comparado con Gone Girl-, pero no haces nada muy grave, lo dejas, más cólera, no lo dejas, lloras…y así, hasta que, de una forma u otra, lo superas, y al final, sigues con tu vida.


 

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